Pero luego su antiguo valor y esfuerzo, que el regalo y delicias tenían sepultado, con el trabajo y fatiga se restauró[570], y les hizo dejar las selvas y bosques, y convertir sus armas contra moros[571], ocupadas antes en dar muerte a fieras. Con la larga costumbre de ir divagando, nunca edificaron casas ni fundaron posesiones; en la campaña y en las fronteras de enemigos tenían su habitación y el sustento de sus personas y familias: despojos de sarracenos, en cuyo daño perpetuamente sacrificaban las vidas, sin otra arte ni oficio más que servir pagados en la guerra, y cuando faltaban las que sus reyes hacían, con cabezas y caudillos particulares, corrían las fronteras; de donde vinieron a llamar los antiguos el ir a las correrías, ir en almugavería.

Llevaban consigo hijos y mujeres, testigos de su gloria o afrenta; y como los alemanes en todos tiempos lo han usado, el vestido de pieles de fieras, abarcas y antiparas de lo mismo. Las armas: una red de hierro en la cabeza a modo de casco, una espada y un chuzo algo menor de lo que se usa hoy en las compañías de arcabuceros. Pero la mayor parte llevaban tres o cuatro dardos arrojadizos; era tanta la presteza y violencia con que los despedían de sus manos, que atravesaban hombres y caballos armados; cosa al parecer dudosa, si Desclot y Muntaner[572] no lo refirieran, autores graves de nuestras historias, adonde largamente se trata de sus hechos, que pueden igualar con los muy celebrados de romanos y griegos.

Carlos, Rey de Nápoles, puestos ante su presencia algunos prisioneros almugávares, admirado de la vileza del traje y de las armas, al parecer inútiles, contra los cuerpos de hombres y caballos armados, dijo con algún desprecio que si eran aquellos los soldados con que el rey de Aragón pensaba hacer la guerra. Replicóle uno dellos, libre siempre el ánimo para la defensa de su reputación: «Señor, si tan viles te parecemos y estimas en tan poco nuestro poder, escoge un caballero de los más señalados de tu ejército, con las armas ofensivas y defensivas que quisiere; que yo te ofrezco con sola mi espada y dardo de pelear en campo con él.» Carlos, con deseo de castigar la insolencia del almugávar, aplazó el desafío y quiso asistir y ver la batalla. Salió un francés con su caballo armado de todas piezas, lanza, espada y maza para combatir, y el almugávar con sola su espada y dardo. Apenas entraron en la estacada, cuando le mató el caballo, y queriendo hacer lo mismo de su dueño, la voz del Rey le detuvo, y le dió por vencedor y por libre. Otro almugávar en esta misma guerra, a la lengua del agua[573], acometido de veinte hombres de armas, mató cinco antes de perder la vida. Otros muchos hechos se pudieran referir, si no fuera ajeno de nuestra historia el tratar de otra largamente.

La duda que se ofrece sólo es del hombre, si fué de nación o de milicia en sus principios. Tengo por cosa cierta que fué de nación, y para asegurarme más en esta opinión, tengo a George Pachimerio[574], autor griego, cuyos fragmentos dan mucha luz a toda esta historia, que llama a los almugávares descendientes de los avares, compañeros de los hunos y godos; y aunque no se hallará autor que opuestamente lo contradiga, por muchas leyes de las Partidas se colige claramente que el nombre de almugávar era nombre de milicia, y el ser esto verdad no contradice lo primero, porque entrambas cosas pueden haber sido; en su principio, como Pachimerio dice, fué de nación; pero después, como no ejercitaran los almugávares otra arte ni oficio, vinieron ellos a dar nombre a todos los que servían en aquel modo de milicia, así como muchas artes y ciencias tomaron el nombre de sus inventores. Pero dudo mucho que hubiese quien se agregase a los almugávares, milicia de tanta fatiga y peligro, sin ser de su nación[575], porque la inclinación natural les hacía seguir la profesión de los padres; ni hay hombre que, pudiendo escoger, siguiese milicia que desde la primera edad se ocupase con tanto riesgo de la vida, descomodidad y continuo trabajo. Nicéforo Gregoras[576] dice que almugávar es nombre que dan a toda su infantería los latinos (así llaman los griegos a todas las naciones que tienen a su poniente); pero no hay para qué contradecir con razones falsedad tan manifiesta, y más contra un autor tan poco advertido en nuestras cosas como Nicéforo.

NOTAS

[565] Imitación de Mariana, quien en el Prólogo de su historia dice: «España, más abundante en hazañas que en escritores...» En las enumeraciones que siguen, recuerda este prólogo de Moncada al de Hurtado de Mendoza, a quien especialmente imita.

[566] Esta frase está construída con gran descuido e inconsecuencia. Deben borrarse los dos primeros su, escritos por Moncada, pensando dar otra conclusión a la frase, que luego olvidó. Tal como la termina hay que leer: «porque valor y disciplina militar, constancia, etc...»

[567] Participio absoluto y elipsis del verbo; la frase completa sería: «una vez divididos llegaron a matarse».

[568] Origen es el predicado de ha sido, en lugar de memoria, que va anticipado. La frase completa sería: ha sido la del origen.

[569] Hoy se diría: «forzaron a que buscasen»; Moncada suprimió quizá la preposición, porque la precedía otra con el acusativo «a las reliquias.»