Aunque floreció este autor ya en el siglo XVII, no hallamos en él rastros del gusto literario de su época; pertenece por su estilo al siglo XVI, pues se inspira visiblemente en la guerra de Granada de Mendoza.
Es, como él, sentencioso y conciso, pero no extrema tanto la brevedad en el decir, ni su estilo es afectadamente cortado; nótese la amplitud extraordinaria de la frase en todo el Prólogo. El lenguaje de Moncada tiene aspecto muy semejante al moderno, gracias a la trabazón más perfecta de las cláusulas, hija de las condiciones naturales del autor más que de estudio y esmero, ya que el trabajo de corrección y lima se descubre poco en esta obra, según se echa de ver en descuidos tales como el señalado en la [página 272], [nota 566].
No obstante se descubre en el tono general cierta ligera afectación, por ejemplo, en lo muy a menudo que relega el verbo al fin de la frase.
EXPEDICIÓN DE CATALANES Y ARAGONESES
CONTRA TURCOS Y GRIEGOS
PRÓLOGO
Mi intento es escribir la memorable expedición y jornada que los catalanes y aragoneses hicieron a las provincias de levante, cuando su fortuna y valor andaban compitiendo en el aumento de su poder y estimación: llamados por Andrónico Paleólogo, emperador de griegos, en socorro y defensa de su imperio y casa: favorecidos y estimados en tanto que las armas de los turcos le tuvieron casi oprimido, y temió su perdición y ruina; pero, después que por el esfuerzo de los nuestros quedó libre dellas, maltratados y perseguidos con gran crueldad y fiereza bárbara, de que nació la obligación natural de mirar por su defensa y conservación, y la causa de volver sus fuerzas invencibles contra los mismos griegos y su príncipe Andrónico; las cuales fueron tan formidables, que causaron temor y asombro a los mayores príncipes de Asia y Europa, perdición y total ruina a muchas naciones y provincias, y admiración a todo el mundo. Obra será esta, aunque pequeña por el descuido de los antiguos, largos en hazañas, cortos en escribirlas[565], llena de varios y extraños casos, de guerras continuas en regiones remotas y apartadas, con varios pueblos y gentes belicosas, de sangrientas batallas y victorias no esperadas, de peligrosas conquistas acabadas con dichoso fin por tan pocos y divididos catalanes y aragoneses, que al principio fueron burla de aquellas naciones, y después instrumento de los grandes castigos que Dios hizo en ellas. Vencidos los turcos en el primer aumento de su grandeza otomana, desposeídos de grandes y ricas provincias de la Asia menor, y a viva fuerza y rigor de nuestras espadas encerrados en lo más áspero y desierto de los montes de Armenia; después, vueltas las armas contra los griegos, en cuyo favor pasaron, por librarse de una afrentosa muerte, y vengar agravios que no se pudieran disimular sin gran mengua de su estimación y afrenta de su nombre, ganados por fuerza muchos pueblos y ciudades, desbaratados y rotos poderosos ejércitos, vencidos y muertos en campo reyes y príncipes, grandes provincias destruídas y desiertas, muertos, cautivos o desterrados sus moradores (venganzas merecidas más que lícitas), Tracia, Macedonia, Tesalia y Beocia penetradas y pisadas, a pesar de todos los príncipes y fuerzas del oriente, y últimamente, muerto a sus manos el duque de Atenas con toda la nobleza de sus vasallos y de los socorros de franceses y griegos, ocupado su estado, y en él fundado un nuevo señorío.
En todos estos sucesos no faltaron traiciones, crueldades, robos, violencias y sediciones; pestilencia común, no sólo de un ejército colectivo y débil por el corto poder de la suprema cabeza, pero de grandes y poderosas monarquías. Si como vencieron los catalanes a sus enemigos, vencieran su ambición y codicia, no excediendo los límites de lo justo, y se conservaran unidos, dilataran sus armas hasta los últimos fines del oriente, y viera Palestina y Jerusalén segunda vez las banderas cruzadas. Porque su valor y disciplina militar, su constancia en las adversidades, sufrimiento en los trabajos, seguridad en los peligros, presteza en las ejecuciones, y otras virtudes militares, las tuvieron en sumo grado[566], en tanto que la ira no las pervirtió; pero el mismo poder que Dios les entregó para castigar y oprimir tantas naciones, quiso que fuese el instrumento de su propio castigo. Con la soberbia de los buenos sucesos, desvanecidos con su prosperidad, llegaron a dividirse en la competencia del gobierno; divididos[567], a matarse; con que se encendió una guerra civil tan terrible y cruel, que causó sin comparación mayores daños y muertes que las que tuvieron con los extraños.
Descripción de los Almugávares y de su modo de pelear
La antigüedad, madre del olvido, por quien han perecido claros hechos y memorias ilustres, entre otras que nos dejó confusas, ha sido el origen[568] de los almugávares; pero según lo que yo he podido averiguar, fué de aquellas naciones bárbaras que destruyeron el imperio y nombre de los romanos en España, y fundaron el suyo, que largo tiempo conservaron con esplendor y gloria de grande majestad, hasta que los sarracenos en menos de dos años le oprimieron, y forzaron a las reliquias deste universal incendio que[569] entre lo más áspero de los montes buscasen su defensa, donde las fieras muertas por su mano les dieron comida y vestido.