[57] Yo so, etc., es un grito de satisfacción de don Lorenzo, semejante al grito de guerra que daba el señor para animar a los vasallos, afirmando su personalidad: «Yo so el rey de Castilla, que cobdicié este día», Poema de Alfonso XI, 1678; «Yo so Ruy Díaz, mio Çid el de Bivar», etc.
[58] Aunque el sujeto del verbo es doble, como va pospuesto, el verbo puede ir en singular: «dixo Raquel e Vidas», véase Mio Cid, pág. 36232.
[59] Retraer, ‘referir, contar’. «Por ont siempre sepades retraer e contar Quanto puede a omne la buena fe prestar», Berceo, San Millán, 199; «Fué por toda la tierra aína retrahido Que era el sant omne desti sieglo transsido», San Millán, 322.
[60] Por los ojos de la cabeça, como si dijese ‘por su vida’, ‘pena la vida’. Alude a la pena de ceguera que se usaba mucho en la antigua Edad Media, aunque ya no era corriente en la época de Alfonso X; era la pena inmediata, en gravedad, a la pena capital. También se decía «por los ojos de la cara», o «de la faz». Véase Mio Cid, pág. 77227.
DON JUAN MANUEL
(1282-1348)
Don Juan, hijo del infante don Manuel, se nos presenta como continuador de las tradiciones literarias fomentadas por su tío Alfonso el Sabio. Don Juan empezó a escribir movido de la admiración que en él despertaban las obras de Alfonso; tanto, que su primera producción es un modesto resumen de la Crónica General de España, hecho hacia 1320. En el prólogo de este resumen pondera don Juan el estilo claro, elegante y, sobre todo, conciso, que el Rey Sabio empleaba: «Et púsolo todo complido e por muy apuestas razones e en las menos palabras que se podía poner.»
Procurando emular estas dotes del rey su tío, llegó don Juan a superar a su modelo. Con segura satisfacción del éxito logrado, escribía el autor, hacia 1330, esta crítica de su estilo propio: «Sabed que todas las razones son dichas por muy buenas palabras et por los mas fermosos latines que yo nunca oi decir en libro que fuese fecho en romance; et poniendo declaradamente complida la razón que quiere decir, pónelo en las menos palabras que pueden seer»[61].
La sobriedad era su preocupación, según puede observarse en su obra maestra El libro de Patronio o el Conde Lucanor (primera parte, escrita entre 1328 y 1332). Este libro es una colección de cuentos tradicionales, así que varios de ellos se encuentran a la vez referidos en otros autores; y si comparamos los de don Juan con los del Arcipreste de Hita (que escribió unos diez años después), observamos un marcado contraste entre la juguetona y verbosa animación del Arcipreste y la mesurada compostura del estilo de don Juan Manuel. Atento éste principalmente a acumular en la frase trabazón lógica y fuerza didáctica, se detiene en desarrollar los sentimientos que pone en juego, se esmera en preparar las situaciones a que la narración conduce; pero, en cambio, mira con manifiesto desvío la ornamentación externa del relato. Tanto propende a no apartarse de la narración seguida, que, a pesar de su fin didáctico, ni siquiera se entretiene en intercalar un discurso sentencioso o una máxima; deja, por lo común, que la moralidad se desprenda del fluir de la acción, y sólo le da una forma aforística al final de cada cuento. No obstante, aunque siempre en forma fugaz, no descuida dar viveza al relato; véase, por ejemplo, la rápida pero feliz descripción de la bajada al subterráneo de don Illán, en el primer cuento que aquí se inserta.