En multitud de rasgos el lenguaje de don Juan Manuel se parece al de la segunda parte de la Crónica General; en ambos textos se ven los mismos defectos de la época arcaica, tales como la gran inhabilidad que revela el abuso del pronombre él ([pág. 32], [nota 67]). Además, ni uno ni otro suelen emplear el diálogo; lo corriente es que el personaje principal hable en discurso directo, y el que contesta lo haga en forma indirecta, o sea en tercera persona. Pero, sin embargo, fácil es observar un gran progreso entre los dos autores. Don Juan construye el período en modos más variados que la Crónica, y a la ingenua viveza de ésta, sustituye una expresión más intencionada, que sabe lograr ya efectos muy variados, entre los que sobresale la ironía. En fin, por su mayor originalidad de composición, y por la serena y sencilla eficacia de su lenguaje, don Juan se nos muestra indisputablemente como un estilista muy superior[62].
LIBRO DE PATRONIO
O DEL CONDE LUCANOR
Enxienplo xi.—Delo que contesçio a un deán de Santiago con Don Illán, el grand maestro de Toledo.
Otro dia fablava el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et contaval su fazienda en esta guisa: «Patronio, un omne vino a me rogar[63] quel ayudasse en un fecho que avía mester mi ayuda, et prometióme que faría por mí todas las cosas que fuessen mi pro et mi onra, et yo començel a ayudar quanto pude en aquel fecho; et ante que el pleito fuesse acabado, teniendo[64] él ya que su pleito era librado, acaesçió una cosa en que cunplía que la fiziesse por mí et él púsome escusa; et después acaesçió otra cosa que pudiera fazer por mí et púsome escusa commo a la otra; et esto me fizo en todo lo quel rogué que fiziesse por mí. Et aquel fecho por que él me rogo non es aun librado, nin se librará si yo non quisiere; et por la fiuza que yo he en vos et en el vuestro entendimiento, ruégovos que me consejedes lo que faga en esto.»
«Señor conde», dixo Patronio, «para que vos fagades en esto lo que devedes, mucho querría que sopiésedes[65] lo que contesçió a un deán de Santiago con Don Illán, el grand maestro que morava en Toledo».
Et el conde le preguntó commo fuera aquello.
«Señor conde», dixo Patronio, «en Santiago avía un deán que avía muy grant talante de saber el arte dela nigromançía, et oyó dezir que don Illán de Toledo sabía ende más que ninguno que fuesse en aquella sazón et por ende vínose para Toledo para aprender de aquella sçiencia».
«Et el dia que llegó a Toledo endereçó luego a casa de Don Illán et fallólo que estava leyendo en una cámara muy apartada. Et luego que llegó a él, recibiólo muy bien, et díxol que non quería quel dixiesse ninguna cosa de lo por que venía fasta que oviese comido. Et pensó[66] muy bien dél et fizol dar muy buenas posadas et todo lo que ovo mester, et diól a entender quel plazía mucho con su venida».
«Et después que ovieron comido, apartósse con él[67] et contól la razón por que allí viniera, et rogól muy affincadamente quel mostrasse aquella sçiençia que él auia muy grant talante de la aprender. Et Don Illán díxol que él era deán et omne de grant guisa[68] et que podría llegar a grant estado, et los omnes que grant estado tienen, de que todo lo suyo an librado a su voluntad, olbidan mucho aína lo que otre a fecho por ellos; et él que se reçelava que de que él[67] oviesse apprendido dél aquello que él quería saber, que[69] non le faría tanto bien commo él le prometía. Et el deán le prometió et le asseguró que qualquier bien que él oviesse que nunca faría sinon lo que él mandasse; et en estas fablas estudieron desque ovieron yantado fasta que fué ora de çena. Et de que su pleito fue bien assossegado[70] entre ellos, díxo Don Illán al deán que aquella sciençia non se podía aprender sinon en lugar mucho apartado, et que luego essa noche le queria amostrar do avían de estar, fasta que oviesse apprendido aquello que él quería saber. Et tomól por la mano et levól a una cámara; et en apartándose de la otra gente, llamó a una mançeba de su casa et díxol que toviesse perdizes para que çenassen aquella noche, mas que non las pusiessen a assar fasta que él gelo mandasse.»
«Et desque esto ovo dicho, llamó al deán, et entraron entramos por una escalera de piedra muy bien labrada, et fueron descendiendo por ella muy gran pieça, en guisa que paresçia que estavan tan vaxos que passava el rio de Tajo por çima dellos. Et desque fueron en cabo del escalera, fallaron una possada muy buena, et una cámara mucho apuesta que y avia, ó estavan los libros et el estudio en que avía de leer.»