El vocabulario y la construcción son, en efecto, muy castizos, y el lenguaje, en medio de su sencillez, posee una poderosa eficacia. El relato conserva todavía ciertas fórmulas de las narraciones populares, no hechas para la lectura, sino para la recitación en público, como aquellas en que los juglares se dirigían a sus oyentes. Así, la Crónica se dirige a menudo a su público: E sabet que... Ya oistes de suso... en esta manera que vos avemos contado... conviene que vos digamos... Igual práctica se observa en los primeros prosistas franceses, por ejemplo en Villehardouin.

La inhabilidad para el paso de la narración en verso de los juglares a la narración prosaria de la historia, se observa en la escasez de formas del período, manifestada, sobre todo, en la pobreza extrema de las conjunciones. Es de gran monotonía la larga serie de cláusulas, yuxtapuestas casi únicamente por medio de la simple conjunción copulativa e.

Presentamos a continuación dos muestras de la Crónica. La primera está escrita en el reinado de Alfonso X, y es principalmente un arreglo, o mejor, una traducción de Suetonio; la segunda está redactada en la corte de Sancho IV, y es una anécdota, probablemente tomada de la tradición oral. Se notará entre ambos trozos alguna considerable diferencia de lenguaje, a pesar de que el primero no representa el habla más antigua empleada en la parte de la Crónica compuesta bajo Alfonso X, ya que la lengua más arcaizante es la usada en los 100 primeros capítulos de la obra. Por ejemplo, la apócope de la vocal e final (siet, por «siete»; franc, por «franque», moderno «franco»; yl, por «y le»; cuemol, por «como le»), y a veces la de la o final (poc a poco, much a menudo, tod el pueblo), se practica en el primer trozo de la Crónica, siguiendo el uso predominante en el castellano durante el siglo XII y primera mitad del XIII; pero tal apócope es ya casi desconocida en el segundo trozo, usándose, por lo general, tan sólo en el caso del pronombre le cuando va tras las partículas que y no, o tras un verbo (quel, por «que le»; nol, por «no le»; díxol, por «díjole»). De este modo, en los escasos veinte años que dura la elaboración de la Crónica, observamos a ojos vistas una de las más importantes evoluciones del español literario: la pérdida de las terminaciones agudas en consonante, que le asemejaban antes al francés, y la preferencia marcada por las terminaciones llanas en vocal, que le asemejaban al italiano. Otras muchas diferencias podrían observarse; por ejemplo la preposición pora que se ve en el primer fragmento, tiene ya en el segundo la forma moderna para. Por éste y otros casos se manifiesta cómo la lengua literaria evolucionaba, sobre todo en cuanto a la estructura de las palabras, más activamente en este primer período de su desarrollo que durante todos los sucesivos.

CRÓNICA GENERAL DE ESPAÑA

172. Dell imperio de Nero, et luego de los fechos que contecieron en el primer año de su regnado.

Luego que Claudio fue muerto, fincó[2] Nero, su yerno, por emperador de Roma et de todo ell[3] imperio; e avíe dizeocho años quando començó a regnar, e regnó dizitres[4] años et ocho meses...

Este Nero[5] era mesurado de cuerpo, ni muy grand ni muy pequeño, pero avíelo todo lleno de manziellas[6] et de mal olor; avíe los cabellos castaños et la cara fremosa más que de buen donario; no avíe el viso claro, ni veíe bien de los ojos; la cerviz avíe delgada et el vientre colgado, et las piernas muy delgadas. Seyendo niño aprisiera[7] todas las siet artes: et desque se partió daquel estudio, fue muy sotil en assacar de suyo cosas nuevas; assí que trobava muy de grado, et faziélo sin tod affán.[8] E fue de pintar muy maestro a maravilla et de fallar de nuevo[9] muchas estrañas pinturas.

Mostrósse por muy piadoso en el comienço del su imperio, diziendo que no regnava él por sí, mas por mandado de Claudio Augusto; et por ende no dava escusa ninguna de no seer franc et piadoso et compañón[10] a quiquier, ante lo era a todos. Los grandes pechos de que se agraviavan las tierras, todos los tollió et amenguó la mayor partida dellos. A todos los nobles senadores que eran venidos a pobreza, poníeles soldada señalada pora cad año porque pudiessen vevir onradamientre. Quando iudgavan alguno a muerte, yl dizién[11] que escriviesse el su nombre en la sentencia cuemo avíen costumbre de fazer los otros emperadores, dizíe: «¡Dios, quanto querría no saber letras ningunas!» E quando los senadores le dizién gracias por alguna cosa que les prometié, dizié él: «quando lo mereciere, me las daredes». Otrossí mando defender[12] por toda la cibdat que nol presentassen si no fruta et legumbres et estas cosas rafezes.[13]

E sabet que entre todas las otras cosas que ell emperador Nero aprisiera seyendo niño, aprisso ell arte de la música maravillosamientre; et de todas las cosas que los músicos provaron pora mantener las vozes et las aver más altas et más claras, numqua el dexó ninguna que las todas no prouasse et las no usasse cada dia;[14] ca muchas uezes tomava una grand tavla de plomo, et echávasse tendudo en tierra, et poníela sobre sus pechos, et suffríela allí muy grand pieça; e con sabor de cantar, alimpiava ell estómago más vezes et de más maneras que no conviníe; dexava de comer las maçanas et todos los otros manjares que empeecién a la voz.

Estava un dia cantando en el teatro, et tremió la tierra assoora,[15] et estremeciósse el teatro todo, de guisa que se espantaron todos quantos y estavan; mas tan grand sabor avíe el de cantar, que por todo el miedo non quedó fasta que ovo acabada su cantiga. E este desvergonçamiento de cantar en los teatros cuemo joglar fue él tomando poc a poco; ca luego en el comienço cantava encubiertamientre en los juegos que fazíe en su poridad con sus privados et con los joglares de su casa; e desí fuélo faziendo en los theatros ante las gentes; et vencié a todos los joglares de quantas maneras de joglería[16] ellos podien assacar.[17] E era omne que andava much a menudo en su carro por tal que lo catassen las gentes. E nol cumplie de usar destas artes del cantar en la cibdat de Roma tan solamientre, ante lo fazie muchas veces en los puertos de Achaya et en todas las cibdades o[18] avién en costumbre de trobar et cantar a porfía. Los maestros del canto et de los estrumentos avién establecido entre sí, por fazer plazer a Nero, del enviar todas las coronas et las cantigas de los que vencién et eran coronados por ende; et enviávangelas todavía;[19] e él recibielas tan de grado, que fazíe por ellas mucha onra a los mandaderos que gelas traíen, de guisa que les fazíe comer antéll, en logares que no estaua otro sino él et aquellos que eran muy sus privados.