[304] Esta licencia de concordancia, por no son como los de las flores, está hoy en el uso corriente, porque la imaginación en el masculino colores no ve más que una idea accesoria, es decir, la hermosura de los colores. En los extractos de Cervantes notaremos concordancias parecidas.


SANTA TERESA DE JESUS
(1515-1582)


Se incluyen aquí dos ejemplos de sus cartas; otro narrativo, de su propia Vida, que ella misma escribió, y cuya última redacción es de 1565 ó 66, y un trozo doctrinal tomado de las Moradas, escritas en 1577.

La prosa de la Santa es el tipo perfecto del lenguaje familiar de Castilla en el siglo XVI, el mismo de la conversación; pues la autora, al escribir, estaba ajena de toda preocupación literaria; no redacta, habla sencillamente. Las cartas están escritas a vuela-pluma, a veces al final de ellas dice a su correspondiente: «Si faltaren letras, póngalas»; la relación de su Vida, ella misma nos lo advierte, no le costó más cuidado ni tiempo que el que gastó materialmente en escribirla; así que por todas partes se ve el desaliño y la frescura de la palabra hablada, y hablada al descuido. Además, como el idioma castellano aun no estaba tan fijado por la literatura como hoy, el habla corriente entre la gente educada de varias provincias, no sólo se diferenciaba de la literaria en su sintaxis, sino en la forma de las palabras. La impuesta en la lengua escrita era, por lo común, la usada en Toledo, y difería muy frecuentemente de ella la que era usual en Avila, en la tierra de Santa Teresa; el lenguaje de ésta es, pues, el familiar de Castilla la Vieja, inestimable por lo único, ya que los demás autores clásicos se ajustan mucho más al patrón común que entonces se imponía. No abundan en los grandes autores la multitud de voces que caracterizan el habla de Santa Teresa, la mayor parte de las cuales subsisten hoy en el habla vulgar de muchas regiones, como añidir, cuantimás (cuanto más), enriedos, anque, naide, ortolano (hortelano), piadad; los epítetos familiares urguillas (cosa que hurga, carcoma, pesadilla), lloraduelos; el uso del posesivo con artículo la mi Isabela, la mi Parda, y multitud de giros, frases hechas y refranes enteramente populares.

Con este lenguaje y con este estilo, la prosa de Santa Teresa encanta por su llaneza, por la ausencia total de propósitos literarios; su pluma obedecía solamente a la alta inspiración que la guiaba al redactar su pensamiento: «Cuando el Señor da espíritu, pónese con facilidad y mejor; parece como quien tiene un dechado delante; mas si el espíritu falta, no hay más concertar este lenguaje que si fuese algarabía.» Por esto Fray Luis de León, que revisó las obras de la Santa para darlas a la imprenta, admirado del gracioso desaliño que se observa en ellas, escribía: «En la forma del decir, y en la pureza y facilidad del estilo, y en la gracia y buena compostura de las palabras, y en una elegancia desafeitada que deleita en extremo, dudo yo que haya en nuestra lengua escritura que con ellas se iguale.»

Pero la exageración de estas cualidades es frecuente; la incorrección gramatical llega a extremos a veces insufribles. En los extractos que siguen se verá, por ejemplo, lo que abunda el pronombre él sin llevar expreso el substantivo o antecedente que representa.

VIDA DE LA SANTA

CAPÍTULO PRIMERO