[294] Véase adelante [pág. 167], [n. 352], y [pág. 168], [n. 357].

[295] El afán de Granada por construir su frase de muchos miembros le lleva a un uso fatigoso del relativo el cual, puesto como débil lazo de unión entre unos y otros; defecto que luego se generalizó en extremo. El cual es más cómodo que el simple que, por distinguir el género y número de su antecedente, evitando así anfibologías; pero aquí existe la confusión, por poder ser antecedentes dos masculinos que preceden, y más bien parece referirse a Criador que a artificio, no siendo en realidad esto así. Ganaría el texto en brevedad diciendo simplemente: «¡Cuánto nos declara la hermosura y artificio del Criador! Primeramente él la vistió por de fuera...»; no hace falta nada más, y en un escrito sobra todo lo que no hace falta.

[296] Exasperar, por ‘lastimar’ o ‘dañar’, es latinismo inútil; poco después dice delicado por delgado.

[297] La idea, a veces pueril, que de las causas finales se manifiesta en estas descripciones de la naturaleza, no deja de añadirles gracia y candor.

[298] Hay doble elipsis por de (una) cualidad (tal) que; hoy o se elide sólo el artículo indefinido o sólo el pronombre.

[299] Las más veces es muy superior a la pesada expresión la mayor parte de las veces. En la Edad Media se decía también las más aves por la mayor parte de las aves.

[300] Nótese la estructura de este período que, según Granada en su Retórica (V., 16, § 2), reviste aquella forma «con que hablamos redondamente, esto es, en que corre la oración encerrada como en un círculo, no acabando la sentencia sino en el fin; y así representa la imagen de un perfecto silogismo».

[301] Llama ramales a las ‘barbas’ de la pluma, usando ese derivado de ramo en el sentido general de ‘ramificación’, o sea derivación divergente que imita la disposición de las ramas.

[302] Granada usa con profusión de los superlativos. Don Antonio Capmany le censura, tanto por esto, como por usar algunos cuyo positivo encierra ya el grado supremo, por ejemplo: divinísimo e inmensísimo. Don Rufino José Cuervo cree que el omnipotentísimo de Granada puede justificarse suponiendo que la inflexión superlativa afecta sólo a potente y no a la primera parte de la palabra, y que tiene el sentido de ‘el que en grado eminente lo puede todo’. (Notas a Bello, nota núm. 46.)

[303] Dos párrafos seguidos terminan con las mismas palabras desta ave. Nuestros clásicos se preocupaban poco de estos pormenores eufónicos más superficiales, a los que hoy se da gran importancia.