[284] Hoy el posesivo cuyo hecho interrogativo se usa solamente como predicado del verbo ser, y esto en lenguaje poético (¿cúyo es el ganado?). Es lastimoso el desuso en que va cayendo este cómodo relativo.
[285] Caer, hacía caya y traer, traya, como hoy haber hace haya. Luego, a semejanza de venga, ponga, etc., se dijo caiga, traiga.
[286] Hoy es necesario el uso enclítico o afijo del dativo o acusativo del pronombre: me desampararon; y cuando, como aquí sucede, es preciso dar énfasis al pronombre, se repite pleonásticamente con preposición: Me desampararon a mí. El lenguaje viejo decía a mí parece, a él ofreció, como modernamente se conserva el arcaísmo en algún caso a vos atañe, a ellos interesa. Granada usa bastante del solo pronombre con preposición, y ahora calcó el texto latino: «Duo enim mala fecit populus meus: Me derelinquerunt fontem aquæ vivæ», etc. Jeremías, II, 13.
[287] Estas dos cláusulas semejantes, que varían en torno de la palabra gozos o alegrías, y las demás repeticiones retóricas que siguen, más propias que de una meditación escrita (donde resultan monótonas), lo son de un sermón hablado, donde las sazona la animación del tono y de la viva voz. Granada, en su Retórica eclesiástica (II, 11), llama a estas consideraciones patéticas afectos, pues van encaminados, como él dice, a «inflamar los afectos del auditorio».
[288] Durante todo el siglo XVI tenían una d en su terminación la persona vosotros del imperfecto de indicativo, y subjuntivo (veníades, viniésedes), de los condicionales (vendríades, viniérades) y del futuro de subjuntivo (viniéredes). En el siglo XVII esta d desapareció ya.
[289] Véase atrás [pág. 93], [nota 190].
[290] Comparación bizarra de la boca de Cristo con el lugar deleitoso (locus voluptatis), de donde, según el Génesis, II, 10, manaba el río de cuatro brazos que regaba el Paraíso.
[291] Este me es un dativo ético, v. atrás [pág. 106], [nota 233].
[292] En vez de repetir la conjunción, pudiera repetirse la preposición, lo cual es más frecuente en los complementos dobles o triples: «veo muerto a mi hijo, a mi padre, a mi hermano»; pero entonces parecería más bien que esos complementos se referían a tres personas diversas, y aquí no es ese el caso.
[293] Cargadas las ramas, etc., es una cláusula absoluta sin enlace gramatical con el resto del período, como en latín el ablativo absoluto u oracional. El sentido de la frase a todas partes, exige hoy diversa preposición.