Y tratando primero del fin que tuvo el que la crió, parece que así como en la fábrica de aquellos animalillos pequeñitos nos quiso mostrar la subtileza y grandeza de su poder y sabiduría (la cual en tan pequeña materia pudo formar tantas cosas), así en la hermosura desta ave nos quiso dar una pequeña muestra o sombra de su infinita hermosura. La razón[300] que a esto me mueve es ver que este plumaje tan grande (que es de vara y media de largo) no sirve ni para cubrir el cuerpo desta ave (pues excede tanto la medida dél), ni tampoco ayuda para volar, porque antes impide con su demasiada carga; y pues habemos de señalar en esta obra algún fin, no veo otro sino el que está dicho...
Y dejando aquellos ramales[301] o cabellos que van acompañando el asta de las plumas de la cola hasta el cabo dellas (que son todos harpados y de hermosos colores), vengamos a aquel ojo que está al cabo dellas, formado con tanta variedad de colores, y éstos tan finos y tan vistosos, que ningún linaje de las tintas que han inventado los hombres podrá igualar con el lustre y fineza destos. Porque en medio deste ojo está una figura oval de un verde clarísimo, y dentro dél está otra cuasi de la misma figura y de un color morado finísimo, y éstas están cercadas de otros círculos hermosísimos[302], que tienen gran semejanza con los colores y figuras del arco que se hace en las nubes del cielo; a los cuales sucede en torno la cabellera, hermosa también, de diversos colores, en que se remata la pluma. Y en este ojo o círculo que decimos, hay otra cosa no menos admirable, y es que los cabellos o ramales de que esta figura se compone están tan pegados unos con otros, y tan parejos y iguales en su composición, que no parece que aquella figura es compuesta de diversos hilos, sino que es como un pedazo de seda continuada que allí está.
Pues ¿qué diré de la hermosura del cuello que sube del pecho hasta la cabeza, y de aquel color verde que sobrepuja la fineza de toda la verdura del mundo? Y lo que pone más admiración es que todas aquellas plumillas que visten este cuello son tan parejas y tan iguales entre sí, que ni una sola se desordena en ser mayor o menor que otra. De donde resulta parecer más aquella verdura una pieza de seda verde, como dijimos, que cosa compuesta de todas estas plumillas. No faltaba aquí sino una corona real para la cabeza desta ave; mas en lugar della tiene aquellas tres plumillas que hacen como diadema, y son el remate de la hermosura desta ave[303]. Y como tengan estas tres plumicas tanta gracia, y no sirvan más que para su hermosura, vese claro que de propósito se puso el Criador a pintar esta ave tan hermosa. Lo que aquí se ha dicho, entenderá mejor quien pusiere los ojos en una pluma destas, porque más sirve para esto la vista que las palabras. Y no se debe echar en olvido que la hermosura y colores de todo este plumaje no es como la de las flores[304], que en breve se marchita, sino es perpetua y estable, y por eso sirve para otras cosas que se hacen dellas.
NOTAS
[278] En esta interrogación, cuál tiene el valor de ‘qué tal’, y cuán seguido de adjetivo, el valor de ‘lo... que’; cuán atónitos = ‘lo atónitos que andarán’. La frase perdido el sentido, es decir, un participio con su complemento, hace las veces de uno de tantos adjetivos de esta enumeración.
[279] Granada dice la habla, porque en su tiempo la h era aspirada e impedía el encuentro de las dos a.
[280] Ahilado, ‘extenuado o desfallecido’. «Arescentibus hominibus prae timore et expectatione, quæ supervenient universo orbi». (Luc. XXI, 26.) Muéstrase la abundancia de la frase de Granada en estas amplificaciones de los textos bíblicos que traduce, como la exuberancia de su imaginación en los extensos comentarios que le inspiran. Todo este brillante párrafo no es más que un desarrollo del versículo de San Lucas transcrito; Granada recomienda el uso de esta exornación amplia: «para que mirando el predicador agudamente la fuerza y, por decirlo así, la fecundidad de las sentencias, las sepa sacar y desenvolver con palabras; porque hay algunos tan estériles y ayunos, a quienes los retóricos llaman áridos, que dicen las cosas no con estilo oratorio sino dialéctico, usando de palabras llanas sin amplificación alguna; lo cual es más proporcionado para las escuelas y ejercicio de la disputa, que para la predicación». (Retórica eclesiástica, II, 10.)
[281] Todo este párrafo es traducción de Nahum I, 3-6: «Dominus in tempestate et turbine viæ eius, et nebulæ pulvis pedum eius...»
[282] Nótese cómo Granada no se arredra ante la expresión trivial, como sea precisa; el empleo de estas palabras, de uso tan meramente oficinesco, pero tan concretas y apropiadas, no daña en nada a la dignidad de la expresión. Es un vicio del estilo buscar una falsa nobleza en el uso casi exclusivo de voces lo más abstractas y cultas posibles, en vez de tender, por el contrario, a las más precisas y concretas, que siempre son más expresivas y, como tal, logran efecto más artístico.
[283] Porque y pues que, son conjunciones causales de uso bien distinto hoy. Sin embargo, Granada usa porque en el sentido de ‘ya que, supuesto que’. Admira la sencillez del tono general en este largo apóstrofe unida a tanta grandeza y tan conmovedora vehemencia; todo él está inspirado en Jeremías, II, 5 a 13; Isaías, V, 3 y 4.