Pues ¿qué responderán aquí los malos, los burladores de las cosas divinas, los mofadores de la virtud, los menospreciadores de la simplicidad?...

Meditación para el sábado por la mañana. Descendimiento de Cristo y llanto de la Virgen.

Pues cuando la Virgen lo tuvo en sus brazos, ¿qué lengua podrá explicar lo que sintió? ¡Oh ángeles de paz, llorad con esta sagrada Virgen, llorad cielos, llorad estrellas del cielo; y todas las criaturas del mundo acompañad el llanto de María! Abrázase la madre con el cuerpo despedazado; apriétalo fuertemente en sus pechos (para esto sólo le quedaban fuerzas), mete su cara entre las espinas de la sagrada cabeza, júntase rostro con rostro; tíñese la cara de la Madre con la sangre del Hijo, y riégase la del Hijo con las lágrimas de la Madre. ¡Oh dulce Madre! ¿es ese por ventura vuestro dulcísimo Hijo? ¿Es ese el que concebistes con tanta gloria y paristes con tanta alegría? Pues ¿qué se hicieron vuestros gozos pasados? ¿Dónde se fueron vuestras alegrías antiguas?[287] ¿Dónde está aquel espejo de hermosura en quien vos os mirábades?[288] Ya no os aprovecha mirarle a la cara; porque sus ojos han perdido la luz. Ya no os aprovecha darle voces y hablarle; porque sus orejas han perdido el oir. Ya no se menea la lengua que hablaba las maravillas del cielo. Ya están quebrados los ojos que con su vista alegraban al mundo. ¿Cómo no habláis agora, Reina del cielo? ¿Cómo han atado los dolores vuestra lengua? La lengua estaba enmudecida; mas el corazón allá dentro hablaría con entrañable dolor al Hijo dulcísimo, y le diría: ¡Oh vida muerta! ¡Oh lumbre escurescida! ¡Oh hermosura afeada! ¿Y qué manos han sido aquellas que tal han parado[289] vuestra divina figura? ¿Qué corona es ésta que mis manos hallan en vuestra cabeza? ¿Qué herida es ésta que veo en vuestro costado? ¡Oh summo Sacerdote del mundo! ¿qué insignias son éstas que mis ojos ven en vuestro cuerpo? ¿Quién ha manchado el espejo y hermosura del cielo? ¿Quién ha desfigurado la cara de todas las gracias? ¿Estos son aquellos ojos que oscurescían al sol con su hermosura? ¿Estas son las manos que resuscitaban a los muertos a quien tocaban? ¿Esta es la boca por do salían los cuatro ríos del paraíso?[290] ¿Tanto han podido las manos de los hombres contra Dios? Hijo mío, y sangre mía, ¿de dónde se levantó a deshora esta fuerte tempestad? ¿Qué ola ha sido ésta que así te me[291] ha llevado? Hijo mío, ¿qué haré sin ti? ¿A dónde iré? ¿Quién me remediará? Los padres y los hermanos afligidos venían a rogarte por sus hijos, y por sus hermanos defunctos; y tú con tu infinita virtud y clemencia los consolabas y socorrías; mas yo que veo muerto a mi hijo y mi padre, y mi hermano y mi Señor[292], ¿a quién rogaré por él? ¿Quién me consolará? ¿Dónde está el buen Jesu Nazareno, Hijo de Dios vivo, que consuela a los vivos, y da vida a los muertos? ¿Dónde está aquel grande Profeta poderoso en obras y palabras?

INTRODUCCIÓN AL SÍMBOLO DE LA FE

PARTE PRIMERA

Admirable providencia para la conservación de las frutas. La granada.

Pues la hermosura de algunos árboles cuando están muy cargados de fruta ya madura, ¿quién no la ve? ¿Qué cosa tan alegre a la vista, como un manzano o camueso, cargadas las ramas a todas partes[293] de manzanas, pintadas con tan diversos colores, y echando de sí un tan suave olor? ¿Qué es ver un parral, y ver entre las hojas verdes estar colgados tantos y tan grandes y tan hermosos racimos de uvas de diversas castas y colores? ¿Qué son estos, sino unos como[294] hermosos joyeles, qué penden deste árbol? Pues el artificio de una hermosa granada ¡cuánto nos declara la hermosura y artificio del Criador![295] El cual por ser tan artificioso no puedo dejar de representar en este lugar. Pues primeramente Él la vistió por de fuera con una ropa hecha a su medida, que la cerca toda, y la defiende de la destemplanza de los soles y aires; la cual por de fuera es algo tiesa y dura, mas por dentro más blanda, porque no exaspere[296] el fructo que en ella se encierra que es muy tierno; mas dentro della están repartidos y asentados los granos por tal orden, que ningún lugar, por pequeño que sea, queda desocupado y vacío. Está toda ella repartida en diversos cascos, y entre casco y casco se extiende una tela más delicada que un cendal, la cual los divide entre sí; porque como estos granos sean tan tiernos, consérvanse mejor divididos con esta tela, que si todos estuvieran juntos. Y allende desto, si uno destos cascos se pudre, esta tela defiende a su vecino, para que no le alcance parte de su daño... Cada uno destos granos tiene dentro de sí un hosecico blanco, para que así se sustente mejor lo blando sobre lo duro, y al pie tiene un pezoncico tan delgado como un hilo, por el cual sube la virtud y jugo, dende lo bajo de la raíz hasta lo alto del grano; porque por este pezoncico se ceba él, y cresce, y se mantiene, así como el niño en las entrañas de la madre por el ombliguillo. Y todos estos granos están asentados en una cama blanda, hecha de la misma materia de que es lo interior de la bolsa que viste toda la granada. Y para que nada faltase a la gracia desta fruta, remátase toda ella en lo alto con una corona real, de donde paresce que los reyes tomaron la forma de la suya. En lo cual paresce haber querido el Criador mostrar que era ésta reina[297] de las frutas. A lo menos en el color de sus granos tan vivo como el de unos corales, y en el sabor y sanidad desta fruta ninguna le hace ventaja. Porque ella es alegre a la vista, dulce al paladar, sabrosa a los sanos, y saludable a los enfermos, y de cualidad que todo el año[298] se puede guardar. Pues ¿por qué los hombres que son tan agudos en filosofar en las cosas humanas, no lo serán en filosofar en el artificio desta fruta, y reconoscer por él la sabiduría y providencia del que de un poco de humor de la tierra y agua cría una cosa tan provechosa y hermosa? Mejor entendía esto la Esposa en sus cantares, en los cuales convida al esposo al zumo de sus granadas, y le pide que se vaya con ella al campo para ver si han florescido las viñas y ellas.

PRIMERA PARTE

Pintura del pavo real.

Entre estos animales el que más claro parece que conoce su hermosura es el pavón, pues vemos que él mismo hace alarde de sus hermosas plumas, con aquella rueda tan vistosa, que por muchas veces que la veamos, siempre holgamos de verla y de sentir la ufanía con que él extiende aquellas plumas, preciándose de su gentileza y haciendo esta demostración della. La cual hace las más veces[299] cuando tiene la hembra presente, para aficionarla más con esto. Y cuando quiere ya deshacer la rueda, hace un grande estruendo con las alas para mostrar juntamente valentía con la hermosura. En lo cual todo vemos una imitación de las cosas que se pasan en la vida humana...