Otro dia mañana, los que vinieran con él consejávanle que se fuesse et no suffriese tanto porfazo;[45] mas él tenie en coraçón de se matar, et mandó fazer allí ante sí una fuessa a medida de su cuerpo; et desque fué fecha, mandó traer agua con que lo bañassen et fuego con que lo quemassen. E estava Nero llorando et faziendo llanto de quantos males le contescíen, et dizíe: «¡Ay que sotil maestro se pierde oy en mí!» E él tardando en aquesto, vino de Roma un mandadero a aquel logar, quel dixo que todo el senado de Roma lo avíen dado por juizio por enemigo de los romanos, el[46] mandavan buscar pora matallo. E quando él oyó aquesto, fue much espantado, et dos cuchiellos que troxiera consigo, sacólos et començó a catar qual era más agudo; et desí tornólos en sus vainas diziendo que aun no era venida la ora de la su muerte. A las vezes castigava a aquellos sus compañeros que llorassen et fiziessen llanto por él; a las vezes quel dixiessen exiemplos dalgunos que se mataran, por tal de avivalle el coraçón que se pudiesse él matar; a oras denostava la su pereza.

E éll estando en esto, ívanse ya llegando a aquel logar los cavalleros que enviaran depós él los romanos que lo prisiessen et lo levassen vivo. E tanto que lo él sintió, sacó ell un cuchiello et metiósselo por el coraçón, con ayuda pero dell uno de los que í estavan, que primió el cuchiello. E en muriendo, tenie los ojos torvados[47] et tan feos que se espantavan quantos lo veíen. E desta guisa murió Nero ell emperador, seyendo en edat de treinta et dos años; acabósse en él et fue desfecha et destroída toda la compaña de César Augusto, de cuyo linage él descendíe.

1084. Capítulo de commo Garçi Pérez de Vargas tornó por la cofia a aquel logar ó se le cayera.

Otro dia depués que el rey don Fernando fué a posar a Tablada,[48] mandó a los cavalleros de su mesnada que fuesen guardar los erveros.[49]

Garçi Pérez de Vargas, et otro cavallero que avíe a ir con ellos, detoviéronse en el real et non salieron tan aína commo los otros; et en yendo[50] en pos ellos, vieron ante sí, por ó avien a pasar en el camino, ssiete cavalleros de moros. Et dixo el cavallero a Garçi Pérez: «Tornémosnos; non somos más de dos.» Et Garçi Pérez dixo: «Non lo fagamos; mas vayamos por nuestro camino derecho, ca nos non atendrán.» Et el cavallero dixo que lo non quería fazer: ca lo tenía por locura si dos cavalleros, que ellos eran, fuesen cometer[51] de pasar por do estavan siete: et fuese aderredor del real, por non ser conosçido, fasta que fué en su posada.

El real do estava la tienda del rey era un poco en altura, et por o ellos ivan era llano; et el rey don Fernando óvolo a ojo, et los que con él estauan, et vió de commo se tornava el un cavallero et que fuera el otro en su cabo:[52] otrosí vió aquellos siete cavalleros de moros commo le estauan delante, teniéndol el camino por do él avie a pasar: et mandó quel fuesen acorrer. Don Llorenço Suárez que estaba í con el rey, que avíe visto a Garçi Pérez quando saliera del real, et conosçiól en las armas et sabíe que él era, dixo al rey: «Señor, déxenle, que aquel cavallero, que fincó en su cabo con aquellos moros, es Garçi Pérez de Bargas, et para tantos commo ellos son non a mester ayuda; et si los moros lo conosçieren en las armas, non lo osarán cometer, et sil cometieren, vos veredes oy las maravillas que él fará.»

Garçi Pérez tomó las armas quel traye su escudero, et mandól que se parase en pos él et que se non moviese a ninguna parte, sinon así commo él fuesse que así fuese él en pos[53] él. Et en alazando la capellina, cayósele la cofia en tierra, et non la vió; et endereçó por su camino derecho, et su escudero en pos él. Los moros connosçiéronle en las armas commo era Garçi Pérez, ca muchas vezes gelas vieran traer et bien las conosçién, et nol osaron cometer; mas fueron a par dél, de la una parte et de la otra, faziéndol cadamañas et sus abrochamientos[54] una grant pieça; et quando vieron que se non bolvíe a ninguna parte nin se queríe desviar por cosa que ellos feziesen, sinon que todavía iva por su camino derecho, tornáronsse et fuéronse a parar[55] en aquel logar ó se le cayó la cofia.

Quando Garçi Pérez se vió desenbargado de aquellos moros, dió las armas a su escudero; et quando desenlazó la capellina et non falló su cofia, preguntó al escudero por ella; et el escudero le dixo que non gela diera. Et desque fué cierto que se le avíe caido, tomó sus armas quel avíe ya dadas, et díxol que pasase en pos él et que toviese ojo por la cofia allí ó se le cayera. Et el escudero, quando vió que se queríe tornar por ella, díxol: «¡Commo, don García, por una cofia vos queredes tornar a tan grant peligro? et non tenedes que estades bien, quando tan sin daño vos partiestes de aquellos moros, sseyendo ellos siete cavalleros et vos uno solo, et queredes tornar a ellos por una cofia?» Et Garçi Pérez le dixo: «Non me fables en ello, ca bien veyes que non he cabeça para andar sin cofia»; et esto dezíe él porque era muy calvo, que non tenié cabellos de la meitad de la cabeça adelante; et tornóse para aquel logar do ante tomara las armas.

Don Llorenço Suárez quando lo vió tornar, dixo al rey: «¿Vedes commo torna a los moros Garçi Pérez, quando vió que los moros nol queríen cometer? agora va él cometer a ellos; agora veredes las maravillas que él fara, que vos yo dezía, sil osaren atender.»

Los moros quando vieron tornar a Garçi Pérez contra ellos, tovieron que se queríe conbater con ellos, et fuéronse ende acogiendo, que non se detovieron í más.