38Él dijo, «¡Señor, yo creo!» y lo alabó[[121]].

39Jesús dijo, «Vine a este mundo a juzgar, para que aquellos que no ven puedan ver; y que aquellos que ven queden ciegos.»

40Algunos de los fariseos que estaban con Él, escucharon estas cosas, y le dijeron, «¿Estamos nosotros también ciegos?»

41Jesús les dijo, «Si estuvieran ciegos, no pecarían; pero ahora dicen `Vemos.´ Entonces sus pecados permanecen.»

10

1«Con seguridad les digo, aquel que no entre por la puerta al rebaño de ovejas, sino que escale de alguna otra manera, es tanto un estafador como un ladrón. 2Pero quien entra por la puerta es el pastor de las ovejas. 3El portero abre la puerta para él, y las ovejas escuchan su voz. Él llama sus ovejas por su nombre y las saca. 4Siempre que él saca sus ovejas, va delante de ellas, y las ovejas lo siguen porque conocen su voz. 5De ningún modo seguirán a un extraño, sino que huirán de él; porque no conocen la voz de extraños.» 6Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no entendieron lo que les decía.

7Jesús entonces les dijo de nuevo, «Con seguridad, les digo, soy la puerta de las ovejas. 8Todos los que vinieron antes de mi son estafadores y ladrones, pero las ovejas no los escucharon[[122]]. 9Soy la puerta. Si alguien entra por mi, será salvado, y entrará y saldrá, y encontrará alimento. 10El ladrón sólo viene a robar, matar y destruir. Vine para que puedan tener vida, y para que la tengan en abundancia. 11Soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. 12El que es empleado contratado en lugar de pastor, y a quien no le pertenezcan las ovejas, ve venir al lobo, deja las ovejas y huye. El lobo roba las ovejas, y las dispersa[[123]]. 13El que es empleado contratado huye porque es contratado, y no le importan las ovejas. 14Soy el buen pastor. Conozco las mías, y soy conocido por las mías; 15así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre. Yo entrego mi vida por las ovejas. 16Tengo otras ovejas, que no son de este rebaño. También debo traerlas, y escucharán mi voz. Se convertirán en un rebaño con un pastor. 17Por esto el Padre me ama, porque entrego mi vida, para poderla tomar de nuevo. 18Nadie me la quita, sino que la entrego yo mismo. Tengo el poder para entregarla, y tengo poder para tomarla de nuevo. Recibí este mandamiento de mi Padre.»

19Entonces se creó una división entre los Judíos a causa de estas palabras. 20Muchos de ellos decían, «¡Tiene un demonio y está loco! ¿Por qué lo escuchan?» 21Otros decían, «Estas no son las palabras de alguien poseído por un demonio. ¿Acaso es posible para un demonio abrir los ojos de los ciegos?»

22Era la Fiesta de la Dedicación[[124]] en Jerusalén. 23Era invierno, y Jesús estaba caminando en el templo, en el pórtico de Salomón. 24Entonces los Judíos lo rodearon y le dijeron, «¿Cuanto tiempo nos mantendrás en suspenso? Si tu eres el Cristo, dínoslo directamente.»

25Jesús les contestó, «Yo ya les dije, y ustedes no me creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre, dan testimonio sobre mí. 26Pero ustedes no creen, porque ustedes no son de mis ovejas, como les dije. 27Mis ovejas escucha mi voz, yo las conozco, y me siguen. 28Les doy vida eterna. Nunca perecerán, y nadie podrá arrebatarlas de mi mano. 29Mi Padre, quien me las ha dado, es más grande que todos[[125]]. Para nadie es posible arrebatarlas de las mano de mi Padre. 30Yo y el Padre somos uno.»