33Ellos le dijeron, «¿Por qué los discípulos de Juan ayunan y oran continuamente, así como los discípulos de los fariseos, pero los tuyo comen y beben?

34Él les dijo, «¿Pueden ustedes hacer que los amigos[[43]] del novio ayunen, mientras el novio está con ellos? 35Pero vendrán días cuando les quitarán al novio. Entonces ellos ayunarán esos días.» 36También les dijo una parábola. «Nadie pone un retazo de un vestido nuevo sobre un vestido viejo, o de lo contrario se romperá el nuevo, y el pedazo nuevo no se ajustará al viejo. 37Nadie pone vino nuevo en odres viejos, o de lo contrario el vino nuevo romperá el cuero, se regará, y los cueros se destruirán. 38Así que el vino nuevo debe ponerse en odres frescos, y ambos serán preservados. 39Ningún hombre que ha tomado vino añejo, desea de inmediato el nuevo, porque dice, `El añejo es mejor.´»

6

1Ocurrió en el segundo día sabático[[44]], que iban por los campos de grano. Sus discípulos arrancaban las espigas de los granos, y comían, frotándolas entre sus manos. 2Pero algunos de los fariseos les decían, «¿Por qué hacen eso que no es permitido hacer en el día sabático?»

3Jesús, contestándoles, dijo, «¿No han leído lo que David hizo cuando estuvo hambriento, él y los que estaban con él; 4como él entró en la casa de Dios, y tomó y comió el pan sagrado[[45]], y lo dio también a los que estaban con él, pan que no es permitido comer excepto para los sacerdotes? 5Les dijo, «El Hijo del Hombre es señor del día sabático.»

6También ocurrió otro día sabático que Él entró a la sinagoga y enseñó. Había allí un hombre cuya mano derecha estaba tullida. 7Los escribas y los fariseos lo miraban, para ver si lo sanaría en el día sabático, y así podrían encontrar una acusación contra Él. 8Pero Él conocía sus pensamientos; y le dijo al hombre que tenía la mano tullida, «Levántate, y párate en la mitad.» Él se levantó y se mantuvo de pie. 9Entonces Jesús les dijo, «Les preguntaré algo: ¿Es legal en el día sabático hacer el bien, o hacer daño? ¿Salvar una vida, o matar? 10Miro a todos a su alrededor, y le dijo al hombre, «Estira tu mano.» Así lo hizo, y su mano fue restaurada tan sana como la otra. 11Pero los escribas y los fariseos se llenaron de ira, y hablaron entre ellos sobre lo que podrían hacer a Jesús.

12Ocurrió en esos días, que salieron a una montaña a orar, y Él continuó toda la noche en oración a Dios. 13Cuando se hizo de día, Él llamó a sus discípulos, y de entre ellos escogió a doce, a quienes también llamó apóstoles: 14Simón, a quien también llamó Pedro; Andrés, su hermano; Santiago; Juan; Felipe; Bartolomé; 15Mateo; Tomas; Santiago, el hijo de Alfeo; Simón, quien era llamado el Celote; 16Judas el hijo de Santiago; y Judas Iscariote, quien se haría traidor. 17Jesús bajó con ellos a un lugar plano repleto de sus discípulos, y un gran número de personas de toda Judea y Jerusalén, y de las costas de Tiro y Sidón, quienes fueron a oírlo y a ser sanados de sus enfermedades[[46]]; 18así como aquellos que eran afligidos por espíritus impuros, y estaban siendo sanados. 19Toda la multitud buscaba tocarlo, porque de Él salia un poder que los sanaba a todos.

20El levanto sus ojos a sus discípulos, y les dijo,

«Benditos son ustedes que son pobres Porque de ustedes es el Reino de Dios.

21Benditos sean ustedes que tienen hambre hoy, Porque serán saciados.

Benditos son ustedes que lloran ahora, porque reirán.

22Benditos son ustedes cuando a causa del Hijo del Hombre, sean odiados por hombres, cuando los excluyan, los insulten[[47]] y desprecien sus nombres como malos. 23Alégrense en ese día, y salten de felicidad, porque sepan, que su recompensa en el cielo es grande, porque sus padres hicieron lo mismo con los profetas.

24«¡Pero pobres de ustedes que son ricos! Porque ustedes ya han recibido su consuelo.

25¡Pobres de ustedes, que están llenos hoy! Porque ustedes tendrán hambre.

¡Pobres de ustedes que ríen ahora! Porque ustedes se lamentarán y llorarán después.

26¡Pobres,[[48]] cuando,[[49]] los hombres hablen bien de ustedes! Porque sus padres hicieron lo mismo con los falsos profetas.

27«Pero les diré a ustedes que oyen: amen a sus enemigos, hagan el bien a aquellos que los odian, 28bendigan a los que los maldigan, y oren por aquellos que los maltratan. 29A aquel que te golpea en la mejilla, ofrécele también la otra; y a aquel que te quita el abrigo, no le retengas tu túnica. 30Da a todo el que te pida, y no le reclames al que te ha quitado bienes para que te los devuelva.