Jesús le dijo a Simón, «No te asustes. Desde ahora pescarás gente viva[[41]]

11Después de llevar sus botes a tierra, dejaron todo, y lo siguieron. 12Ocurrió, mientras que estaban en una de las ciudades, que había un hombre lleno de lepra. Cuando vio a Jesús, cayó ante su rostro, y le rogó, diciendo «Señor, si tu quiere, puedes hacerme limpio.»

13Jesús estiró su mano, y lo tocó, diciendo, «Yo lo quiero. Queda limpio.» Y de inmediato la lepra lo abandonó.

14Jesús le encargo no decirle a nadie, «Pero sigue tu camino, y muéstrate al sacerdote, y haz una ofrenda por tu limpieza de acuerdo a los mandamientos de Moisés, como testimonio para ellos.» 15Pero la noticia sobre el caso se difundió ampliamente, y grandes multitudes se reunieron para oír a Jesús y para que sanara sus enfermedades. 16Pero Jesús se retiró al desierto y oró.

17Ocurrió que uno de esos días, cuando Él estaba enseñando; que había fariseos y maestros de la ley sentados, quienes habían llegado de todas las villas de Galilea, Judea y Jerusalén. El poder del Señor estaba con Él para sanarlos. 18Algunas personas le trajeron un hombre paralítico sobre una camilla, y buscaron ponerlo frente a Jesús. 19Como no encontraron camino debido a la multitud, subieron al techo, y lo deslizaron por entre las tejas con su camilla en el medio, frente a Jesús. 20Viendo su fe, Él le dijo, «Hombre, tus pecados te son perdonados.»

21Los escribas y los fariseos comenzaron a razonar, diciendo, «¿Quién es este que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?»

22Pero Jesús, percibiendo sus pensamientos, les contesto, «¿Por qué piensan así en sus corazones? 23¿Qué es más fácil decir,`Tus pecados te son perdonados´ o decir `Levántate y camina´? 24Pero sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad sobre la tierra para perdonar pecados» le dijo al hombre paralítico, «Te digo, levántate, toma tu camilla y ve a tu casa.»

25Inmediatamente se levantó frente a Él, tomó su camilla, y partió a su casa, dando gloria a Dios. 26El asombro se apoderó de todos, y glorificaron a Dios. Estaban llenos de miedo y decían, «Hemos visto cosas extrañas[[42]] hoy.»

27Después de esto Él salió, vio un recolector de impuestos de nombre Levi sentando en la oficina de impuestos, y le dijo, «¡Sígueme!»

28Él dejó todo, se levantó y lo siguió. 29Levi hizo un gran banquete para Jesús en su casa. Había una multitud de recolectores de impuestos y otros que se reclinaban con ellos. 30Los escribas y los fariseos murmuraban contra sus discípulos, diciendo, «¿Por qué ustedes comen y beben con recolectores de impuestos y pecadores?» 31Jesús les contestó «Aquellos que están saludables no necesitan un médico, pero si quienes están enfermos. 32No he venido a llamar a los justos al arrepentimiento, sino a los pecadores.»