61Otro también dijo, «Quiero seguirte, Señor, pero primero permíteme ofrecer una despedida a quienes están en mi casa.»

62Pero Jesús le dijo, «Nadie, que habiendo puesto su mano en el arado mire hacia atrás, es digno del Reino de Dios.»

10

1Después de estas cosas, el Señor también señaló a otros setenta[[80]], y los envió de dos en dos delante de Él[[81]] a toda ciudad y lugar donde Él estaba por llegar. 2Entonces Jesús les dijo, «La cosecha es ciertamente abundante pero los trabajadores son pocos. Recen al Señor de la cosecha para que pueda mandar trabajadores a su cosecha. 3Vayan por sus caminos[[82]]. Los mando como ovejas entre lobos. 4No lleven bolso, ni billetera ni sandalias. No saluden a nadie en el camino. 5En cualquier casa que entren, digan primero `La paz esté en esta casa.´ 6Si allí hay un hijo de la paz, tu paz descansará sobre él; pero si no es así regresará a ti. 7Quédense en la misma casa, comiendo y tomando lo que les den, pues el trabajador tiene derecho a su paga. No vayan de casa en casa. 8En cualquier ciudad que ustedes entren, y los reciban, coman las cosas que se les ofrezcan. 9Sanen a los enfermos que allí estén, y díganles `El Reino de Dios se ha acercado a ustedes.´ 10Pero en toda ciudad que entren y no sean recibidos, vayan a las calles y digan, 11`Hasta el polvo de su ciudad que se nos pega, lo limpiamos para devolvérselo. Sin embargo sepan esto, que el Reino de Dios se ha acercado a ustedes. 12Les digo, será más tolerable en ese día para Sodoma que para esa ciudad.

13«¡Pobre de ti, Corazín! ¡Pobre de ti, Betsaida! Porque si las obras poderosas que fueron hechas en ustedes se hubieran hecho en Tiro y Sidón, ya se habrían arrepentido hace tiempo, sentándose en sacos de penitencia y cenizas. 14Pero será más tolerable para Tiro y Sido en el juicio que para ustedes. 15Ustedes, gente de Capernaum, que son exaltados al cielo, serán arrojados al Hades.[[83]] 16Quien los escuche a ustedes, me escucha a mí, y quien los rechace, me rechaza a mí. Quien me rechace a mí, rechaza a quien me envió.»

17Los setenta volvieron con alegría diciendo, «Señor, ¡incluso los demonios nos obedecen en tu nombre!»

18Él les dijo, «Vi a Satanás cayendo como rayo del cielo. 19Observen, les doy autoridad para caminar entre serpientes y escorpiones, y sobre todo el poder del enemigo. Nada, en ninguna forma los herirá. 20Sin embargo, no se regocijen por esto, que los espíritus los obedezcan, sino alégrense porque sus nombres están escritos en el cielo.»

21En la misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu Santo, y dijo, «Te agradezco, O Padre, Señor del cielo y de la tierra, que has ocultado estas cosas para el sabio y entendido, y las has revelado a los niños pequeños. Si, Padre, porque así estuvo bien ante tu vista.»

22Dirigiéndose a los discípulos, Él dijo, «Todo me ha sido enviado por mi Padre. Nadie sabe quien es el Hijo, excepto el Padre, ni quien el Padre es, excepto el Hijo, y a quien el Hijo desee revelárselo.»

23Volteándose a sus discípulos, les dijo en privado, «Benditos son los ojos que ven lo que ustedes ven, 24porque les digo, que muchos profetas y reyes deseaban ver lo que ustedes ven, y no lo vieron, y escuchar lo que ustedes escuchan y no lo escucharon.»