46Ocurrió una discusión entre los discípulos[[77]] sobre cual de ellos era el más grande. 47Jesús al percibir el razonamiento de sus corazones, tomo a un niño pequeño, lo puso a su lado, 48y les dijo, «Quien reciba a este pequeño en mi nombre, me recibe a mí. Quien me recibe a mí, recibe al que me envió. Porque quien sea menos entre todos ustedes, ese será grande.»

49Juan le contestó, «Maestro, vimos que alguien expulsaba demonios en tu nombre y se lo prohibimos, porque él no nos sigue.»

50Jesús le dijo, «No se lo prohíban, porque quien no está contra nosotros[[78]] está con nosotros.»

51Ocurrió, cuando se acercaba el día en el que debía ser entregado, que Jesús fijo su rostro hacia Jerusalén, 52y envió mensajeros antes que Él. Ellos fueron y entraron a un pueblo de Samaritanos, preparándolo para Jesús. 53Pero en el pueblo no lo recibieron, porque viajaba hacía Jerusalén. 54Cuando sus discípulos, Santiago y Juan, vieron esto, dijeron, «Señor, ¿deseas que ordenemos bajar fuego del cielo, y destruirlos, tal como Elías hizo?»

55Pero Él se dio vuelta y los reprendió, «No saben de que clase de espíritu son. 56Porque el Hijo del Hombre no vino a destruir vidas de hombres, sino a salvarlas.»[[79]]

Y fueron a otra villa. 57Mientras iban por el camino, cierto hombre le dijo, «Quiero seguirte a donde quiera que vayas, Señor.»

58Jesús le dijo, «Los zorros tienen madrigueras, y los pájaros del cielo tienen nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene un lugar para recostar su cabeza.»

59Él le dijo a otro, «¡Sígueme!»

Él le dijo, «Señor, permíteme primero ir a enterrar a mi padre.»

60Pero Jesús le dijo, «Deja que los muertos entierren a sus muertos, pero tu ve y anuncia el Reino de Dios.»