Pedro contestó, «El Cristo de Dios.»

21Entonces Él les advirtió, y les ordenó no decir esto a nadie, 22diciendo, «El Hijo del Hombre debe sufrir muchas cosas, y será rechazado por los ancianos, por los sumos sacerdotes y los escribas, será asesinado, y al tercer día se levantará.»[[69]]

23Les dijo a todos, «Si alguien desea venir tras de mi, renuncie a si mismo, cargue su cruz diariamente[[70]] y sígame. 24Porque quien quiera salvar su vida la perderá[[71]], pero quien pierda su vida por mi causa, lo mismo la salvará. 25Porque ¿de qué le vale a un hombre, si gana el mundo entero, pero se pierde o se perjudica a si mismo[[72]]? 26Quien se avergüence de mí y de mis palabras, de Él se avergonzará el Hijo del Hombre, cuando llegue a su gloria y a la gloria del Padre, y de los santos ángeles. 27Les diré la verdad: Hay algunos de los que están aquí, que de ninguna forma probarán la muerte, hasta que vean el Reino de Dios.»

28Ocurrió como ocho días después de haber dicho esto, que Jesús salió con Pedro, Juan y Santiago, y fue a una montaña a orar. 29Mientras oraba, la apariencia de su rostro se alteró, y su vestido se hizo blanco y brillante. 30Dos hombre estaban hablando con Él, ellos eran Moisés y Elías, 31quienes aparecieron en la gloria[[73]], y hablaban de su partida,[[74]] la cual Jesús estaba por cumplir[[75]] en Jerusalén.

32Pedro y los que lo acompañaban estaban pesados por el sueño, pero cuando estuvieron totalmente despiertos, vieron su gloria, y a los dos hombres que estaban con Él. 33Ocurrió, mientras que se alejaban de Él, que Pedro le dijo a Jesús, «Maestro, es bueno que estemos aquí. Hagamos tres tiendas: una para ti, una para Moisés y una para Elías» sin saber lo que decía.

34Mientras decía estas cosas, una nube vino y los cubrió, y tuvieron miedo cuando entraron[[76]] en la nube. 35Una voz salió de la nube diciendo, «Este es mi Hijo amado. ¡Escúchenlo!» 36Cuando la voz se fue, encontraron sólo a Jesús. Quedaron en silencio, y no le contaron a nadie en esos días sobre las cosas que habían visto.

37Ocurrió al día siguiente de haber bajado de la montaña, que una gran multitud lo encontró. 38Un hombre de la multitud llamó, diciendo, «Maestro, te ruego que mires a mi hijo, porque es mi único hijo. 39Un espíritu lo toma, repentinamente chilla y lo hace convulsionar, bota espuma, y difícilmente parte de él, hiriéndolo severamente. 40Yo rogué a tus discípulos que lo sacaran, pero ellos no pudieron.»

41Jesús contestó, «Generación perversa y sin fe, ¿Cuánto tiempo debo estar con ustedes y cargarlos? Trae aquí a tu hijo.»

42Mientras que venía, el demonio lo derribó y lo hizo convulsionar violentamente. Pero Jesús reprendió al espíritu impuro, sanó al niño, y lo dio de vuelta a su padre. 43Todos estaban asombrados por la majestad de Dios.

Mientras todos se maravillaban por las cosas que Jesús hacia, Él dijo a sus discípulos, 44«Que estas palabras se sumerjan en sus oídos, porque el Hijo del Hombre será entregado a manos de los hombres.» 45Pero ellos no entendieron lo que decía. Estaba oculto para ellos, porque no percibían, y les asustaba preguntarle sobre sus palabras.