33Él le dijo, «¡Señor, estoy listo para ir contigo tanto a la prisión como a la muerte!»

34Él dijo, «Yo te digo Pedro, el gallo de ninguna forma cantará hoy hasta que hallas negado conocerme tres veces.»

35Él les dijo, «Cuando los envié sin cartera, ni billetera y sin zapatos ¿Les hizo falta algo?»

Ellos dijeron, «Nada.»

36Entonces Él les dijo, «Pero ahora, quien tiene una cartera que se la lleve y lo mismo con una billetera. El que nada tiene, que venda su abrigo y se compre una espada. 37Porque les digo que esto que está escrito aún debe cumplirse en mi: `Fue contando entre los ilegales.´ Porque lo que concierne a mí tiene un objetivo[[191]]

38Ellos dijeron, «Señor, observa, aquí hay dos espadas.»

Él les dijo, «Basta ya[[192]]

39Salió, y fue, como era su costumbre, al Monte de los Olivos. Sus discípulos también lo siguieron. 40Cuando estaba en el lugar, les dijo, «Oren para que no caigan en tentación.»

41Se alejó de ellos tanto como una piedra que se lanza, se arrodilló y oró 42diciendo, «Padre, si tu lo deseas, quita esta copa de mi. Sin embargo que no se haga mi voluntad sino la tuya.»

43Un ángel del cielo se le apareció, fortaleciéndolo. 44Estando en agonía Él oraba con más fuerza. Su sudor se hizo como grandes gotas de sangre que caían sobre la tierra.