20Se lo trajeron, y cuando lo vio de inmediato el espíritu lo hizo convulsionar, y cayo a tierra, revolcándose y votando espuma por la boca.
21Jesús le preguntó al padre, «¿Cuánto tiempo ha pasado desde que esto le ha ocurrido?»
Él le contestó, «Desde niño. 22A menudo lo ha tumbado tanto en el fuego como en el agua, para destruirlo. Pero si tu puedes hacer algo, ten compasión de nosotros y ayúdanos.»
23Jesús le dijo, «Si puedes creer, todo es posible para el que cree.»
24Inmediatamente el padre del niño dijo con lágrimas, «¡Yo creo. Ayuda a mi falta de fe!»
25Cuando Jesús vio a la multitud que venía corriendo en grupo, reprendió al espíritu impuro, diciéndole, «¡Tú espíritu mudo y sordo, te ordeno salir de él, y nunca más volver a entrar en él!»
26Habiendo chillado y convulsionado fuertemente, salió de él. El niño quedó como muerto; tanto que algunos decían, «Está muerto.» 27Pero Jesús lo tomo de la mano, lo levantó; y él se levantó[[68]].
28Cuando Jesús había entrado a la casa, sus discípulos le preguntaron en privado, «¿Por qué no pudimos sacarlo?» 29Él les dijo, «Este tipo no puede salir con nada, excepto con oración y ayuno.»
30Salieron de allí, y pasaron por Galilea. Él no quería que la gente lo supiera. 31Estaba enseñando a sus discípulos y les decía «El Hijo del Hombre está siendo pasado a manos de los hombres, y ellos lo matarán; y después de muerto, al tercer día se levantará de nuevo.»
32Pero ellos no entendieron lo que decía, y les asustaba preguntarle.