35Jesús se alejó un poco, y cayó a tierra, rezaba diciendo que si era posible, que la hora pasara lejos de Él. 36Decía, «Abba, Padre, todo es posible para ti. Por favor aleja esta copa de mí. Pero que no sea lo que yo quiero, sino lo que tu deseas.»
37Fue y encontró a los discípulos durmiendo, y le dijo a Pedro, «Simón, ¿Estás durmiendo? ¿No pudiste estar atento una hora? 38Estén atentos y oren, para que no caigan en tentación. De hecho, el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil.»
39Nuevamente se fue y oró, diciendo las mismas palabras. 40Nuevamente regresó y los encontró durmiendo, pues sus ojos estaban muy pesados, y ellos no sabían que decirle. 41Fue por tercera vez donde ellos, y les dijo, «Duerman ahora, y tomen su descanso. Es suficiente. La hora ha llegado. Observen, el Hijo del Hombre es traicionado y entregado a manos de los pecadores. 42Levántense, vámonos. Observen, él que me traiciona está a la mano.»
43De inmediato, mientras Jesús aún hablaba, Judas, uno de los doce, llegó junto con una multitud con espadas y palos, eran enviados de los jefes de los sacerdotes, los escribas y los ancianos. 44El que lo traicionó, les había dado una señal diciendo, «Al que yo bese, ese es. Atrápenlo y llévenlo con seguridad.» 45Cuando había llegado, inmediatamente fue donde Él, y le dijo, «¡Rabí! ¡Rabí!» y lo besó. 46Ellos pusieron sus manos sobre él, y lo apresaron. 47Pero uno de los que allí estaban sacó su espada, y le dio a un siervo del sumo sacerdote, cortándole una oreja.
48Jesús les dijo, «¿Han venido, como contra un ladrón, con espadas y palos para apresarme? 49Estuve diariamente con ustedes en el templo enseñando, y ustedes no me arrestaron. Pero es así, como las Escrituras deben cumplirse.»
50Todos[[99]] lo abandonaron, y huyeron. 51Cierto joven que lo seguía, tenía una túnica como vestido, sobre su cuerpo desnudo. Al joven lo atraparon, 52pero él dejo la túnica, y huyó desnudo. 53Condujeron a Jesús donde el sumo sacerdote. Todos los sacerdotes jefes, los ancianos, y los escribas fueron junto con él.
54Pedro lo había seguido a cierta distancia, hasta que llegó a la corte del sumo sacerdote. Estaba sentado con los oficiales, calentándose a la luz del fuego. 55Entonces los jefes de los sacerdotes y el consejo completo buscó testigos contra Jesús para condenarlo a muerte, pero no encontraron. 56Porque muchos dieron falso testimonio contra Él, pero los testimonios de unos no coincidían con los de otros[[100]]. 57Algunos se levantaron , y dieron falso testimonio contra Él, diciendo, 58«Lo escuchamos decir, `Destruiré este templo que está hecho con manos, y en tres días construiré uno hecho sin manos.´» 59Pero aún así, sus testimonios no coincidían.
60El sumo sacerdote se paró en la mitad y preguntó a Jesús, «¿No tienes respuesta? ¿Qué es con estos que testifican contra ti?» 61Pero Él se mantuvo en silencio, y no contestaba. Nuevamente el sumo sacerdote le pregunto, «¿Eres tu Cristo, el Hijo del Bendecido?»
62Jesús dijo, «YO SOY. Verás al Hijo del Hombre sentando a la mano derecha del Poder, y viniendo con las nubes del cielo.»
63El sumo sacerdote rasgo su vestido, y dijo, «¿Para qué necesitamos más testigos? 64¡Ustedes han escuchado la blasfemia! ¿Qué piensan?» Todos lo condenaron a merecer la muerte. 65Algunos comenzaron a escupirlo, a cubrir su rostro, a golpearlo con sus puños, y a decirle «¡Profetiza!» Los oficiales lo golpeaban con la palma de las manos.