66Mientras Pedro estaba en el patio, una de las empleadas del sumo sacerdote llegó, 67y viendo a Pedro calentádose, lo miró, y le dijo, «¡Tu también estabas con el Nazareno, Jesús!»

68Pero él lo negó, diciendo, «No conozco, ni entiendo lo que dices.» Fue al pórtico, y el gallo cantó.

69La empleada lo vio, y nuevamente comenzó a decirle a los que estaban allí, «Este es uno de ellos.» 70Pero él nuevamente lo negó. Después de un tiempo, nuevamente algunos de los que estaban allí le dijeron a Pedro, «Verdaderamente tu eres uno de ellos, porque tu eres un Galileo, y tu forma de hablar lo muestra.» 71Pero el comenzó a maldecir, y a jurar, «¡No conozco a este hombre del que hablan!» 72El gallo cantó por segunda vez. Pedro recordó las palabras que Jesús le había dicho, «Antes de que el gallo cante dos veces, tu me habrás negado tres.» Cuando pensó sobre esto, lloró.

15

1En la mañana el jefe de los sacerdotes, con los ancianos y los escribas, y con el consejo entero, se reunió, ataron a Jesús y lo llevaron, para entregarlo a Pilato. 2Pilato le preguntó, «¿Eres tú el Rey de los Judíos?

Él contesto, «Tal como dices.»

3Los jefes de los sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. 4Pilato nuevamente le preguntó «¿No tienes respuesta? ¡Mira cuantas cosas testifican en contra tuya!»

5Pero Jesús no dio más respuestas, así que Pilato se maravillo.

6Durante la fiesta él solía liberar a uno de los prisioneros, aquel que le pidieran. 7Había uno llamado Barrabas, atado con algunos que habían hecho insurrección, los hombres de la insurrección habían cometido asesinato. 8La multitud, gritando, comenzó a pedirle que hiciera lo que siempre hacía por ellos. 9Pilato les contestó diciendo, «¿Quieren que libere para ustedes al Rey de los Judíos?» 10Porque él percibió que los jefes de los sacerdotes se lo habían enviado por envidia. 11Pero los jefes de los sacerdotes agitaron a la multitud, para que en cambio les liberara a Barrabas. 12Pilato nuevamente les preguntó «¿Qué debo hacer entonces con el que llaman el Rey de los Judíos?»

13Ellos gritaron de nuevo, «¡Crucifícalo!»