26Jesús dijo, «El Reino de Dios es como si un hombre regara semillas sobre la tierra, 27debe dormir y levantarse noche y día, y la semilla brotará y crecerá[[33]] y el hombre no sabe como. 28Pues la tierra da frutos: primero la hoja, luego la espiga y después el grano completo en la espiga. 29Pero cuando el fruto está maduro, inmediatamente él saca la hoz, porque la cosecha ha llegado.»
30Jesús dijo, «¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con que parábola lo ilustraremos? 31Es como una semilla de mostaza, que cuando es sembrada en la tierra, es menos que todas las semillas[[34]] que hay en la tierra, 32pero cuando es sembrada y crece, llega a ser más grande que todas las hierbas, y extiende grandes ramas para que los pájaros del cielo puedan alojarse bajo su sombra.»
33Con muchas de tales parábolas les dijo la palabra, parábolas[[35]] que ellos podían escucharla. 34Sin una parábola Él no les hablaba; pero en privado le explicaba todo a sus discípulos.
35Ese día, cuando atardeció, les dijo, «Vámonos al otro lado.» 36Dejando la multitud, se lo llevaron tal como estaba, en el bote. Otros botes pequeños lo acompañaban. 37Una gran tormenta se levantó, las olas golpeaban el bote, una gran parte del bote ya estaba lleno de agua. 38Jesús se encontraba en la popa dormido sobre una almohada, lo despertaron y le dijeron, «Maestro, ¿no te preocupa que nos estamos muriendo?»
39Jesús despertó, y reprendió al viento, y le dijo al mar «¡Paz! ¡Quédate quieto!» El viento cesó, y hubo una gran calma. 40Jesús les dijo, «¿Por qué tienen tanto miedo? ¿Cómo es eso, que no tienen fe?»
41Ellos estaban muy asustados y se dijeron unos a otros, «¿Quien es este que hasta los vientos y el mar le obedecen?»
5
1Llegaron al otro lado del lago, a la región de Gerasa[[36]]. 2Cuando había bajado del bote, de las tumbas salió a su encuentro un hombre con un espíritu impuro, 3el hombre tenía por casa las tumbas. Nadie podía atarlo, ni siquiera con cadenas, 4aunque a menudo lo habían atado con lazos y cadenas, él rompía las cadenas, y hacía pedazos los lazos. Nadie tenía la fuerza para dominarlo. 5Siempre, día y noche, en las tumbas y en las montañas, él chillaba, y se cortaba con piedras. 6Cuando vio a Jesús desde lejos corrió y se inclinó ante Él, 7y gritando con fuerte voz, decía «¿Qué tengo que ver contigo, Jesús, tu hijo del altísimo Dios? Te pido por Dios, no me atormentes.» 8Jesús le había dicho, «espíritu impuro ¡sal de este hombre!»
9Jesús le preguntó, «¿Cuál es tu nombre?»,
él le contestó, «Mi nombre es legión, porque somos muchos.» 10El espíritu le suplicaba que no lo enviará fuera de la región. 11Había sobre el lado de una montaña una gran piara de cerdos alimentándose. 12Todos los demonios le suplicaban diciendo, «Envianos a esos cerdos, para que podamos entrar en ellos[[37]].»