34Pero los fariseos decían, «Por el príncipe de los demonios, él expulsa demonios.»

35Jesús fue por todas las ciudades y villas, enseñando en sus sinagogas, predicando la Buena Nueva del Reino, y sanando todo sufrimiento y toda enfermedad entre la gente. 36Pero cuando vio las multitudes, fue movido por la compasión hacia ellos, porque estaban cansados y se dispersaban como ovejas sin un pastor. 37Entonces le dijo a los discípulos, «De hecho la cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. 38Por esto recen al Señor de la cosecha para que envíe trabajadores.»

10

1Llamó[[75]] a sus doce discípulos, y les dio autoridad sobre los espíritus impuros, para expulsarlos, y para sanar todo sufrimiento y toda enfermedad. 2Los nombres de los doce apóstoles son estos. El primero, Simón, quien es llamado Pedro; Andrés, su hermano; Santiago el hijo de Zebedeo, Juan su hermano; 3Felipe; Bartolome; Tomás; Mateo el recolector de impuestos; Santiago el hijo de Alfeo; y Lebeo quien era llamado Tadeo[[76]]; 4Simón el cananita[[77]]; y Judas Iscariote, quien también[[78]] lo traicionó.

5Jesús envió a estos doce, y les encargó, «No vayan entre los gentiles, y no entren en ninguna ciudad de samaritanos. 6En cambio, vayan a las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7Mientras van, prediquen, `¡El Reino de Dios está a mano!´ 8Sanen los enfermos, limpien a los leprosos, [[79]] y expulsen demonios. Recibieron gratuitamente, así que den gratuitamente. 9No lleven[[80]] oro, ni plata, ni bronce en sus monederos. 10No lleven bolsa para su viaje, ni dos vestidos, ni zapatos, ni bastón: pues el trabajador merece su comida. 11En cualquier ciudad o pueblo que entren, encuentren a[[81]] quien se lo merece, y quédense allí hasta que se vayan. 12Cuando entre a una[[82]] casa, den un saludo de paz[[83]]. 13Si la familia lo merece que su paz vaya a la casa; pero si no lo merece que su paz regrese a ustedes. 14Si alguien no los recibe, ni escucha sus palabras, mientras salen de la casa o de la ciudad, sacudan el polvo de sus pies. 15Con seguridad les digo, será más tolerable para la tierra de Sodoma y Gomorra en el día del juicio que para esa ciudad.

16«Observen, los envío como ovejas en medio de lobos. Entonces sean astutos como serpientes, e indefensos como palomas. 17Pero cuídense de los hombres: pues los enviarán a consejos, y en sus sinagogas los castigarán. 18Si, y serán llevados ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y a las naciones[[84]]. 19Pero cuando los entreguen, no estén ansiosos sobre como o que dirán, pues en esa hora les será dado lo que dirán. 20Pues no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre quien hablará en ustedes.

21«Un hermano enviará a su hermano a la muerte, y el padre a su hijo. Los hijos se levantarán contra sus padres, y por causa de ellos serán condenados a muerte[[85]]. 22Serán odiados por todos los hombre por causa de mi nombre, pero aquel que persista hasta el final será salvado[[86]]. 23Y cuando los persigan en esta ciudad, huyan a la siguiente, pues con seguridad les digo, ustedes no habrán ido por todas las ciudades de Israel, hasta que el Hijo del Hombre haya venido.

24«Un discípulo no está sobre su maestro, ni un siervo sobre su señor. 25Es suficiente para el discípulo ser como su maestro, y para el siervo ser como su señor. Si ellos han llamado al maestro de la casa Beelzebú, ¡cuanto más los de su familia! 26Entonces no les teman, pues no hay nada encubierto que no sea revelado, ni nada escondido que no sea conocido. 27Lo que les digo en la oscuridad, díganlo a la luz; y lo que escuchan susurrado al oído, proclámenlo desde los techos de las casas. 28No teman a aquellos que matan el cuerpo, y que no pueden matar el alma. Por el contrario, teman a quien es capaz de destruir tanto el alma como el cuerpo en el infierno.

29«¿No son vendidos dos pájaros por un asarión[[87]]? ¿Y si alguno cae a tierra, no es acaso a voluntad del Padre? 30pero cada uno de los cabellos de sus cabezas está contado. 31Por eso no se preocupen. Ustedes son de más valor que muchos pájaros. 32Entonces a todo aquel que me reconozca[[88]] ante los hombre, a él también yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. 33Pero a cualquiera que me niegue frente a los hombre, a él también lo negaré ante mi Padre que está en el cielo.

34«No piensen que he venido a traer calma[[89]] sobre la tierra. No vine a traer calma, sino una espada[[90]]. 35Pues he venido a poner un hombre en disputa contra[[91]] su padre, y a la hija contra su madre, y a la nuera contra la suegra. 36Los enemigos de un hombre serán aquellos de su propia familia. 37Aquel que ame a padre o madre más que a mí no es digno de mí[[92]]; y aquel que ame a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí. 38Aquel que no tome su cruz y me siga, no es digno de mí. 39Aquel que encuentre su vida[[93]] la perderá; y aquel que pierda su vida por mi causa la encontrará. 40Aquel que los reciba me recibe, y aquel que me recibe a mi recibe al que me envió. 41Aquel que recibe a un profeta porque es un profeta[[94]], recibirá la recompensa del profeta; y aquel que recibe a un hombre justo[[95]] porque es justo, recibirá la recompensa de un hombre justo. 42Aquel que le da a uno de estos pequeños sólo un vaso de agua fría para beber por ser un discípulo mio[[96]], con seguridad les digo que de ninguna forma perderá su recompensa.»