15Jesús les dijo, «¿Acaso pueden estar tristes los amigos[[71]] del novio mientras él está con ellos? Pero vendrán los días cuando el novio les sera quitado y entonces ahí ayunarán. 16Nadie pone un pedazo de tela nueva en un vestido viejo; pues el parche se rasgará[[72]] y hará un hueco más grande aún. 17Ni tampoco la gente pone vino nuevo en cueros viejos porque se revientan los cueros y tanto cueros como vino quedan inservibles. Se pone vino nuevo en cueros nuevos y ambos se conservan.»
18Mientras les decía estas cosas un jefe de los judíos llegó donde él y se arrodillo diciendo, «Mi hija acaba de morir pero ven y pon tu mano sobre ella y ella vivirá.»
19Jesús se levantó y lo siguió al igual que sus discípulos. 20Entonces una mujer que sufría de hemorragias de sangre durante doce años se acerco a él por detrás y le tocó el borde de su manto; 21pues ella se dijo a si misma, «Si yo solo toco su manto seré sanada.»
22Pero Jesús dándose vuelta y viéndola, le dijo «¡Hija, alégrate! tu fe te ha hecho bien[[73]].» Y la mujer fue sanada desde ese instante.
23Cuando Jesús entró en la casa del dirigente, vio a los interpretes de flauta[[74]] y a la multitud en un desorden ruidoso, 24y les dijo, «Hagan espacio, porque la niña no está muerta, sino durmiendo.»
Entonces ellos lo ridiculizaron. 25Pero cuando la multitud fue sacada, él entró, tomó su mano y la niña se levantó. 26La noticia de esto se difundió por toda la región. 27Mientras Jesús salía de allí, dos hombres ciegos lo siguieron, llamándolo y diciendo, «¡Ten piedad de nosotros, hijo de David!»
28Cuando había entrado en la casa, los ciegos fueron donde él. Jesús les dijo, «¿Creen que yo puedo hacer esto?»
Ellos le dijeron, «Si, Señor.»
29Entonces él tocó sus ojos, diciendo, «Que se cumpla en ustedes, de acuerdo a su fe.» 30Sus ojos se abrieron. Jesús les indicó estrictamente, «Cuiden que nadie sepa sobre esto.» 31Pero ellos salieron y difundieron su fama en toda la región.
32Cuando se iban, ocurrió, que un hombre mudo que estaba poseído por un demonio le fue llevado. 33Cuando el demonio fue expulsado, el mudo pudo hablar. La multitud maravillada, decía, «¡Nunca antes había sido visto en Israel algo como esto!»