32él les dijo, «¡Vayan!»

Salieron y entraron en los cerdos; y ocurrió, que los cerdos corrieron hasta caer por el precipicio al mar y murieron en el agua. 33Los que alimentaban a los cerdos huyeron a la ciudad y contaron todo lo sucedido, incluyendo lo que paso con los que estaban poseídos por los demonios. 34Toda la ciudad salió a encontrarse con Jesús. Cuando lo vieron le rogaron que se fuera de sus fronteras.

9

1Entró al bote, y cruzó, para llegar a su propia ciudad. 2Ocurrió, que le llevaron un hombre que estaba paralizado, y que yacía sobre una camilla[[69]]. Jesús viendo su fe, le dijo al paralítico, «¡Hijo, alégrate! Tus pecados te son perdonados.»

3Algunos de los escribas dijeron entre ellos, «Este hombre blasfema.»

4Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo, «¿Por qué piensan mal en sus corazones? 5Pues ¿qué es más fácil, decir `Tus pecados son perdonados;´ o decir `Levántate, y camina?´ 6Sepan que el Hijo del Hombre tiene autoridad sobre la tierra para perdonar pecados.» Entonces le dijo al paralítico, «Levántate, toma tu camilla, y ve a tu casa.»

7él se levantó y fue a su casa. 8Y cuando la multitud vio esto, se maravilló y dio gloria a Dios, quien le había tal autoridad a los hombres.

9Cuando Jesús salía de allí, vio a un hombre llamado Mateo sentado en la oficina de recolección de impuestos. Le dijo, «Sígueme.» él se levantó y lo siguió. 10Ocurrió mientras se sentaba en la casa[[70]], que muchos recolectores de impuestos y pecadores vinieron y se sentaron con Jesús y sus discípulos. 11Cuando los fariseos vieron esto, dijeron a sus discípulos, «¿Por qué su maestro come con recolectores de impuestos y pecadores?»

12Cuando Jesús los escucho, les dijo, «Aquellos que son saludables no necesitan un médico, pero si quienes están enfermos.» 13Ustedes vayan y aprendan lo que esto significa: `Deseo piedad, no sacrificio,´ pues no vine a llamar al justo, sino a los pecadores al arrepentimiento.»

14Entonces los discípulos de Juan fueron donde Jesús diciendo, «¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos mucho pero tus discípulos no ayunan?»