24Cuando los diez escucharon esto, se indignaron con los dos hermanos.
25Pero Jesús los llamó, y les dijo, «Ustedes saben, que los gobernantes presionan a sus pueblos, y los poderoso usan mal su poder sobre los hombres[[178]]. 26Esto no será así entre ustedes, pues cualquiera de ustedes que desee ser grande será[[179]] su servidor. 27Quien desee ser el primero entre ustedes será quien más sirva, 28así como el Hijo del Hombre vino no a ser servido, sino a servir, y a dar su vida como pago para muchos.»
29Mientras salían de Jericó, una gran multitud los seguía. 30Había dos hombre ciegos sentados en la carretera, cuando escucharon que Jesús pasaba, gritaron, «¡Señor, ten piedad de nosotros, tu hijo de David!» 31La multitud los reprendió, diciéndoles que debían permanecer callados, pero ellos gritaban aún más «¡Señor, ten piedad de nosotros, tu hijo de David!»
32Jesús se detuvo, los llamó y les preguntó, «¿Que desean que haga por ustedes?»
33Le dijeron, «Señor, que nuestros ojos puedan abrirse.»
34Jesús movido por la compasión, tocó sus ojos; de inmediato sus ojos recibieron la vista, y lo siguieron.
21
1Cuando se acercaron a Jerusalén, fueron a Betfagé al Monte de los Olivos, entonces Jesús envió dos discípulos, 2diciéndoles, «Vayan a la villa que está al otro lado, y de inmediato encontrarán una burra atada y un burrito con esta. Desátenlos y traíganmelos. 3Si alguien dice algo, ustedes dirán, `El Señor los necesita, pero pronto él lo enviará de vuelta[[180]].»
4Todo esto se dio, para que se cumpliera lo que fue dicho por intermedio del profeta,
5«Digan a la hija de Sión, Observa, tu Rey viene a ti, Humilde, y montado en una burra, Sobre un burrito, la cría de una burra.»