38Habían dos ladrones crucificados con él, uno a su derecha y el otro a su izquierda. 39Los que pasaban lo blasfemaban moviendo sus cabezas, 40y diciendo, «Tu que destruyes el templo y lo vuelves a construirlo en tres días, ¡sálvate a ti mismo! ¡Si eres el Hijo de Dios baja de esa cruz!»
41De la misma forma los jefes de los sacerdotes también lo ridiculizaban, junto con los escribas, los fariseos[[234]] y los ancianos, diciendo, 42«él salvó a otros, pero no puede salvarse a si mismo. Si es el Rey de Israel, que baje de la cruz ahora, para que creamos en él. 43él confía en Dios. Que Dios lo libere ahora, si lo aprecia; pues él dijo, `Soy el Hijo de Dios.´» 44También los ladrones que estaban crucificados con él, le hacían el mismo reproche.
45Desde la sexta hora[[235]] hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la novena hora[[236]] 46Alrededor de la novena hora Jesús grito con fuerte voz, «Elí, Elí, ¿lima sabachthani?[[237]]» Que es, «Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has abandonado?»
47Algunos de lo que estaban allí, cuando lo escucharon, dijeron, «Este hombre está llamando a Elías.»
48De inmediato uno de ellos corrió, tomó una esponja, la llenó con vinagre, la puso en una vara y le dio para que bebiera. 49Los demás dijeron, «Déjalo. Veamos si Elías viene a salvarlo.»
50Jesús gritó nuevamente con fuerte voz, y entregó su espíritu. 51La cortina del templo se rasgó de arriba a abajo en dos. La tierra tembló y se rompieron las rocas. 52Se abrieron las tumbas, y muchos cuerpos de santos que habían caído dormidos se levantaron; 53y después de la resurrección de Jesús[[238]], salieron de las tumbas, entraron a la ciudad santa y se aparecieron a muchos. 54Entonces el centurión, y los que estaban con él viendo a Jesús, cuando sintieron el temblor, y las cosas que ocurrieron, se asustaron mucho y dijeron, «Verdaderamente este era el Hijo de Dios.»
55Muchas mujeres estaban mirando desde cierta distancia, ellas habían seguido a Jesús desde Galilea y le habían servido. 56Entre ellas estaba Maria Magdalena, Maria la madre de Santiago y José, y la madre de los hijos de Zebedeo. 57Cuando llegó la noche, un hombre rico de Arimatea llamado José quien era también un discípulo de Jesús llegó. 58Este hombre fue donde Pilato, y le pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato ordenó que le entregaran el cuerpo. 59José tomó el cuerpo, y lo envolvió en una tela de lino limpia[[239]], 60lo puso en una tumba nueva de su propiedad, que había cavado en la roca, rodó una gran piedra en la puerta de la tumba, y partió. 61María Magdalena estaba allí, junto con la otra Maria, sentadas al otro lado de la tumba. 62Al día siguiente, que era el día después de la Preparación, los jefes de los sacerdotes y los fariseos se reunieron con Pilato 63y le dijeron, «Señor recordamos lo que ese impostor dijo mientras aún estaba vivo: `Después de tres días resucitaré.´ 64Ordena entonces que la tumba sea asegurada hasta el tercer día, para evitar que tal vez sus discípulos vengan durante la noche, lo roben y digan a la gente, `Ha resucitado de la muerte;´ y el último fraude sea peor que el primero.»
65Pilato les dijo, «Tienen una guardia. Vayan y asegúrenlo tanto como puedan.» 66Así que fueron con la guardia y aseguraron la tumba, sellando la roca.
28
1Después del día Sabático, cuando comenzó el amanecer del primer día de la siguiente semana, María Magdalena y la otra María fueron a ver la tumba. 2Ocurrió que hubo un gran temblor de tierra, pues un ángel del Señor bajó del cielo, fue y rodó la piedra de la puerta y se sentó sobre esta. 3Su apariencia era como un rayo, y su vestido blanco como la nieve. 4Llenos de temor los guardias temblaron y quedaron como muertos. 5El ángel les dijo a las mujeres, «No tengan miedo, pues se que buscan a Jesús quien ha sido crucificado. 6él no está aquí, pues ha resucitado así como había dicho. Vengan y vean el lugar donde yacía el Señor. 7Vayan rápido y díganle a sus discípulos, `él ha resucitado de la muerte, y escuchen, irá antes que ustedes a Galilea, allí lo verán.´ Les he dicho.»