13«Entren por la puerta angosta; pues amplia es la puerta y ancho el camino que conducen a la destrucción, y muchos son los que entran por esa. 14¡Cuan angosta es la puerta, y restringido es el camino que conduce a la vida! Son pocos los que lo encuentran.

15«Tengan cuidado de los falsos profetas, los cuales vienen a ti vestidos como ovejas pero son lobos feroces. 16Por sus frutos los reconocerán. ¿Acaso recoges uvas de espinos o higos de los cardos. 17Aún así, cada árbol bueno produce buenos frutos; pero los árboles corruptos producen frutos malos. 18Un buen árbol no puede producir malos frutos, ni un árbol corrupto puede producir buenos frutos. 19Cada árbol que no produce buenos frutos es derribado y arrojado al fuego. 20Así pues por sus frutos los reconocerás. 21No todo aquel que me dice `Señor, Señor,´ entrará al Reino de los Cielos; sino aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. 22Muchos me dirán ese día, `Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, sacamos demonios en tu nombre e hicimos muchas obras maravillosas?´ 23Entonces les diré, `Nunca los conocí. Aléjense de mí, ustedes que trabajan sin rectitud.´

24«Entonces todo el que oye estas palabras de mí, y las practica, yo lo compararé con un hombre sabio, quien construye su casa sobre una roca. 25La lluvia vino, las inundaciones vinieron, y los vientos soplaron y golpearon la casa; y esta no callo, porque tenía bases en la roca. 26Todo aquel que escucha mis palabras, y no las practica será como un hombre necio, que construye su casa sobre arena. 27La lluvia llega, las inundaciones llegan, los vientos soplan y golpean la casa, y esta cae y grande es su caída.

28Ocurrió, cuando Jesús había terminado de decir estas cosas, que las multitudes estaban atónitas con su enseñanza, 29pues él les enseñaba con autoridad, y no como los escribas.

8

1Cuando bajó de la montaña, grandes multitudes lo siguieron. 2Ocurrió, que un leproso fue donde él, lo alabó diciendo, «Señor, si tu quieres, puedes hacerme limpio.»

3Jesús estiró su mano, lo tocó, diciendo, «Yo quiero. Queda limpio.» Inmediatamente su lepra fue sanada. 4Jesús le dijo, «Observa, no le digas a nadie, pero ve, muéstrate al sacerdote, y da la ofrenda que Moisés ordenó, como testimonio para ellos[[65]]

5Cuando llegó a Capernaum, un centurión fue don él, pidiéndole, 6«Señor, mi siervo[[66]] yace en casa paralizado, atrozmente atormentado.»

7Jesús le dijo, «Iré y lo sanaré.»

8El centurión le contestó, «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Sólo dí la palabra, y mi siervo será sanado. 9Pues yo también soy un hombre bajo la autoridad, teniendo a mi cargo soldados. Le digo a este, `Ve,´ y él va, y le digo a otro, `Ven,´ y él viene; y le digo a mi siervo, `Haz esto,´ y él lo hace.»