XXXVII. [Pág. 185.] Çapata.

Pues que fuistes la primera.

Véase lo que decimos en la [nota XXV].

XXXVIII. [Pág. 188.] Macías.

El gentil ninno Narciso.

P. Sarmiento, Memorias para la Historia de la poesía y poetas españoles.—Ochoa, MSS. Españoles. Copiamos á continuacion lo que referente á este ingenio dice D. Tomás Antonio Sanchez en su Coleccion de poesías castellanas anteriores al siglo XV, tom. I, pág. 138:

«Macías el Enamorado, bien conocido de nuestros poetas antiguos y modernos por sus amores, fué gallego, paisano de Juan Rodriguez del Padron, vecinos ambos, acaso, del lugar de este apellido, como lo da á entender este poeta en la última copla de los Siete gozos de amor, diciendo:

»Si te place que mis dias
Yo fenezca mal logrado,
Tan en breve,
Plégate que con Macías
Ser merezca sepultado.
Y decir debe,
Do la sepultura sea:
Una tierra los crió,
Una muerte los llevó,
Una gloria los posea.

»Se puede dudar si Macías es nombre ó apellido. Antiguamente se decia Macías por Matías como observó el erudito D. Gregorio Mayans en los Orígenes de la lengua castellana, y áun hoy á los Matías los llaman Macías en muchos lugares de tierra de Salamanca. En un códice antiguo manuscrito del Real Monasterio del Escorial, en que se trata del Credo compuesto por los Apóstoles, San Matías es llamado Sant Macías. Macías, siendo escudero del famoso Enrique de Villena, se enamoró de una criada de su amo, éste la casó, hallándose Macías ausente, con un hidalgo de Porcuna, pero no por eso cesaron los amores de Macías. No pudiendo el hidalgo sufrir estos amores, dió cuenta á su amo, el cual, despues de muchas reprensiones infructuosas, resolvió ponerlo preso en Arjonilla, lugar del órden de Calatrava, de que D. Enrique era Maestre, cinco leguas de Jaen. Preso allí en duras cadenas, lo estaba mucho más en los antiguos amores de su señora, á quien desde la prision escribia lastimosas canciones. Hay una de ellas en un libro de trovas que se guarda en el Escorial, de donde la sacó Argote de Molina y la trae en la Nobleza de Andaluzia, y es la primera de las cuatro que le atribuye el Marqués de Santillana:

»Cativo de miña tristura,
Ya todas prenden espanto,
E preguntan, ¿qué ventura
Foy que me atormenta tanto?
Mas non sé, no, mundo amigo,
Qué mais de meu quebranto
Diga de esto que vos digo,
Que bem ser nunca debia,
Al pensar que faz solia.
»Cuidí subir en alteza
Por cobrar mayor estado,
É caí en tal pobreza
Que moiro desamparado,
Con pesar é con deseio;
Que vos direy mal fadado
Lo que yo he ben ovejo,
Quando ó loco cay mas alto
Subir, prende mayor salto.
»Pero que pobre sandece,
Porque me deu á pesar,
Miña locura así crece,
Que moiro por entonar:
Pero más non á verey,
Si non ver y desciar,
É por en, así direy:
Quen cárcel sole viver,
En cárcel cobeja morer.
»Miña ventura en demanda
Me puso atan dudada,
Que mi corazon me manda
Que seya siempre negada;
Pero mays non saberan
De miña coyta lazdrada,
É por en así dirán:
Can rabioso é cosa brava
De su señor sé que traba.