É otros que hobo en Grecia
Que la tal vida seguieron,
Segund que fiso Lucrecia,
É por castidat perescieron,
Los quales todos venieron
En este lugar que vedes,
Con los sus canes et redes
Fasen lo que allá fisieron.
Respondí: de la partida
Soy donde nuestro Traiano,
É Vénus, que non olvida
El mismo tanto mundano,
Me dió sennora temprano
En la iovenil edad,
Do perdí mi libertad,
É me fiso sufragano.
Et fortuna, que trasmuda
Á todo hombre syn tardança,
É lo lieva do non cuyda
Desque vuelve la balança,
Quiso que faga mudança
Et tráxome donde vea
Este lugar, porque crea
Que amar es desesperança.
Pero en esto es engannada
En pensar en tal rason
Que faga mi morada
Do non es mi entençion,
Ca de cuerpo et corazon
Me soy dado por serviente
Á quien creo que non siente
Mi cuydado et perdiçion.
Un rato estove mirando,
Pensando lo que desia,
E despues, como dubdando,
Dixo: ¡oh, qué bien sería
Que siguiésedes mi vía
Por ver en qué trabajays
É la gloria que esperays
En vuestra postremería!
Como quiera que dubdase
El camino invisitado,
Pensé si lo refusasse
Que me siría reprobado,
Asy le dixe: pagado
Soy, sennor, de vos seguir,
Non cessando de servir
Amor á quien me soy dado.
Començamos de consuno
El camino peligroso
Por un valle como bruno
Espesso mucho fraguoso;
É sin punto de reposo
Aquel dia non cessamos
Fasta tanto que llegamos
Á un castillo espantoso.
Al qual un fuego çercaba
En torno como fossado,
Et por bien que remiraba
De qué guisa era obrado,
El fumo desordenado
Del todo me resistia,
Assy que non discernia
Cosa de lo fabricado.
É como el que retrayendo
Afuera se va del muro,
Del dargon á sí cubriendo,
Temiendo el combate duro,
Desque el fumo tan escuro
Yo vi fise tal semblante,
Fasta quel fermoso ynfante
Me dixo: mirad seguro.
Ca non es flama quemante
Como quier que vos paresca,
Esta que veys delante,
Nin ardor que vos enpezca,
Ardimiento non perezca
Seguiéndome diligente,
Passemos luégo la puente
Ante que más danno cresca.