¡Maldito sea aquel dia,
Archíles, en que naciste!
Buen Ector, ¿qué te fasia,
Que tanto mal le fasiste?
Oh reina, ¿dó tu gemido
Tu sospiro et tu quebranto?
Coraçon endurescido,
¿Cómo non mueres de espanto?
Sennor, mientra tú viviste,
De mí fuiste bien amado;
Agora, pues feneciste,
Nunca serás oluidado,
El buen Ector enterrado
Donde quiera que estoviere,
De mí será acompannado
Cuytada mientra viviere.
¡Oh reina desconsolada!
Sé que me pueden llamar
La más triste apasionada
De cuantas saben amar.
E aquellas que non te amaron,
Sennor, como yo te amé,
De sola viste goçaron
¡Mesquina! que non goçé.
Bien escura fué mi suerte,
Mi quebranto et mi dolor,
Non debe refusar muerte
La que pierde tal sennor;
A mis cuytas remediaba
Cuydando que resurgia;
Mas cuando bien lo miraba
Mayor planto et cuyta habia.
Ya el dia fallescia
Et la noche se açercaba,
Mi alma se escurescia
É mi placer se apocaba
Porque partir me fasian
Donde el buen Ector estaba,
Mis dolores más crecian
Et mi placer se apocaba.
Fyn.
De la grand pena que habia,
Lo más que me consolaba
Era que presto morria,
Segund el mal que pasaba.
ALFONSO ENRIQUEZ.
Testamento suyo.