[30] El nombre de ampolleta se daba y se sigue dando á bordo al reloj de arena, cuyo uso es tan frecuente que se emplea todavía para medir el tiempo de las guardias, picar la hora y uso de la corredera que sirve para estimar la salida ó el andar de la nave. Las hay graduadas para una hora, media, un cuarto, etc., hasta treinta y quince segundos.

[31] Estropadas por estrepadas. Todavía á mediados del siglo actual se consignaba en las leyes penales este terrible é inhumano castigo de las zambullidas, hasta hacer pasar al castigado por bajo de la quilla del buque, si bien la civilización lo condenaba ya tan abiertamente, que era, como otros muchos no menos bárbaros, letra muerta en la ley.

[32] Hoy se lleva colgada y situada en aparato de Cardano, de tal modo que el capitán puede saber sin salir de su cámara el rumbo que lleva la nave y aun las guiñadas que verifica por la mucha mar ó por la poca destreza del timonel: de aquí que tome el nombre vulgar de soplón.

[33] Alude á la planchuela de la rosa, que entonces no estaba adherida á ésta.

[34] Dice así, porque el mayor número de los capitanes de las naves en aquella época no eran pilotos, ni entendían de náutica ni de maniobras ni de nada de lo que hoy requiere el cargo.

[35] Derrotar, por apartarse de la derrota previamente dada.

[36] No se ha encontrado; pero dado el asunto, es de estimar que el documento fuese de importancia secundaria para los fines de esta publicación.

[37] Hacen mención de esto ms. Leon Pinelo en su Epit. de Bibl., pág. 80. su adic. Barcia, t. 2.º, y D. Nic. Antonio, Bibl. Hisp., nova edic. de Madrid, tomo i, pág. 512.

Villalobos, que en memoria del príncipe D. Felipe dió nombre á las Filipinas probablemente en 1543 y antes del mes de Agosto, falleció de calenturas en Ambón el Viernes Santo de 1546, siendo asistido espiritualmente por el apóstol de las Indias que hoy veneramos bajo el nombre de San Francisco Javier, el cual le profetizó su muerte días antes. Fué muy sentido, y más aún de los portugueses que de los castellanos. «Era Villalobos alto y flaco, de gran barba negra salpicada de canas, gran persona, bien acondicionado y cortés.» Tales detalles constan en la historia de las Islas de Maluco por el testigo presencial Antonio Galván. En el Dic. Geog. Est. é Hist. de Buzeta se dice que Villalobos era hombre de letras, licenciado en derecho é hijo de una familia distinguida de Málaga.

[38] Conviene notar que en la compulsa de este documento encontramos que no se advierte, como lo advierte Navarrete en la buena copia que tenemos á la vista, la falta de dos hojas en el original, apareciendo así ligado el Discurso en la pág. 191, párrafo 3.º, antes de comenzar «decimos que es público, etc.»