Martes á 20 de Febrero de 1565 años nos hecimos á la vela costeando esta costa de Zibabao por la parte del Sur, y salimos por entre la Isla grande, y las Isletas pequeñas, y aquel dia y la noche siguiente fuimos perlongando la costa, y el Miercoles en amanesciendo llegamos á una Punta que la Isla haze: por entre esta punta, y dos ó tres Isletas pequeñas que se vieron cerca dimos la vuelta acia el Poniente; y entre la punta y estas Isletas hallamos doze y quince brazas de fondo y mas y menos, y en dos partes seis ó siete no mas.
Y este dia Miercoles en la tarde surgimos en una Bahia á la costa de la misma Isla grande[83], á la qual le pusimos nombre la Bahia de San Pedro: es enfrente del Rio donde está el Pueblo de Cunuyago, aunque por ser manglares no paresce el Pueblo, ni otra Poblazon ninguna de la Mar, si no es algunas labranzas que están por las laderas altas que parescieron ser arrozales.
Otro dia Juebes vino á la Nao una canoa, y en ella un Indio que dijo ser Principal, y que se decia Urrao, y que era sobrino de Tandaya, el qual se sangró con el Maese de Campo, y hizo su amistad y dijo que Tandaya estaba una jornada de alli, y que era su tio, y que habia visto alli otra vez hombres de Castilla, y preguntandole ¿si en la Isla habia al presente algunos dellos vivos? dijo, que no los habia, ni sabia dellos. Este dia el Maese de Campo entró en su batel por el rio y estero arriba, y fue á dar en el Pueblo de Caniungo, y alli lo rescivió bien otro Principal, con el qual se sangró y vino en una canoa con el Maese de Campo á las Naos, al qual el General rescivió graciosamente, y á él y al otro Principal Urrao les dió muchas cosas de cuentas y resgates, y tambien á otro Principal que vino con ellos, que se llamaba Balaniga, y les embió contentos, y les rogó que le diesen una canoa para embiar una carta á Tandaya, porque Su Magestad le queria por amigo, y le queria mucho, y embiaba al Governador para que lo viese y hablase de su parte, y le diese un presente, los quales digeron que Tandaya vernia alli luego que supiese que estabamos alli, y que ellos le avisarian de nuestra venida: el General les dijo, que se holgaria para decirle á lo que venia, y que le queria embiar un Batel, que le diesen una canoa con dos Indios para que á la gente que habia de ir en el dicho Batel les mostrasen el Pueblo donde estaba: un Indio que vino aqui hablaba algunas palabras castellanas: decia, comamos, bebamos todos, y respondia si, y otras palabras. Este Indio se ofresció á ir, y que otro dia por la mañana volveria á las Naos: tambien les dijo el General, que le vendiesen algunos bastimentos de arroz, y puercos, y gallinas que dixeron tener, de lo qual el Maese de Campo vió en el Pueblo cantidad: prometieron de traello, mas no lo traxeron, ni volvieron mas, ni volvió el que se ofresció de ir á Tandaya. Ellos quisieron cumplir con solas palabras sin ninguna obra: tubose no buena señal. Tomose el sol en esta Bahia en 11 grados.
El Viernes siguiente visto que los Indios no venian ni parescian, el General con parescer de los Religiosos y Capitanes proveyó y mandó que el Capitan Martin de Goyte fuese á buscar el Rio de Tandaya y viese si tenia buen Puerto para surgir las Naos, y que procurase de hablar á Tandaya, y que le digese lo que arriba está referido, y que llegase hasta el cabo de la Isla costeandola, y mirando donde hobiese algun buen Puerto, y porque la Isla de Abuyo ha de estar junto á esta de Tandaya[84] y que en medio de ambas no hay mas que un Estrecho de Mar angosto que las divide, que si buenamente pudiese pasar la de Abuyo que lo hiciese y procurase hablar á los Señores della, con los quales asentase amistad, mirando en todo por algun buen Puerto, de lo qual, y de lo que en la jornada se habia de detener tiempo limitado, y le dió orden por instruccion encargandole no permitiese que ningun soldado hiciese daño ni perjuicio, ni en ninguna manera alterasen los naturales, sino con todo el menos ruido y mas sosiego posible, y para este efecto les dió una Fragata y un batel con gente lo que bastaba, y municion y bastimentos: embió con él al Piloto mayor, y á Rodrigo de Espinosa Piloto del Galeon San Juan, con lo qual los despachó mandandoles fuese la vuelta al Armada dentro de seis dias que fue la limitacion.
Despachado el Capitan Martin de Goyte en la forma arriba dicha el General saltó en tierra á tomar la posesion de la Isla en nombre de Su Magestad, la cual tomó; y despues de haberse dicho Misa, con dos bateles y en ellos la gente que bastaba subió el estero arriba acia el Pueblo de Caniungo para hablar á los Indios, y llevaba con sigo á los Religiosos, y al Maese de Campo, y llegando á vista de la Poblazon, que era el estero arriba como media legua hallaron á la orilla del agua á los Indios de guerra con sus armas haciendo grande algazara, é grita, haciendo fieros, y con los Alfanges daban cochilladas por los arboles, y arrancaban yerbas, y por señas decian que no saltasemos en tierra, porque nos matarian, á lo qual el General les dió á entender que era su amigo, y que no les haria mal ninguno, ni iba sino á verlos, y que antes les daria de lo que traia como lo habia fecho, lo qual con ellos no aprovechó ninguna cosa, y asi se procuró por un rato apaziguarlos con todas las muestras de amistad posibles, é viendo que no llevaba medio, y que estaban puestos en no dejar las armas, mandó el General que sin que se les hiciese enojo volbiesen los bateles por donde habian ido, y al volver dieron los Indios muy gran grita, y comenzaron á tirar piedras á los bateles, y con todo esto no consintió el General les hiciesen de nuestra parte guerra, aunque los arcabuzeros les podian hacer harto daño, mas como los Indios siguiesen los bateles que ya se volvian, y siempre con su algazara y gritos como lo acostumbran y tirando piedras, para espantallos se les tiraron dos arcabuzes, y no aguardaron mas, y ansi nos dexaron y nos venimos á las Naos. El General estubo en esta Bahia diez dias, esperando al Capitan Martin de Goyte. Las armas que los Indios traian eran baras, pabeses, lanzas, y alfanges pequeños, y otros de quatro palmos: algunos usan en esta Isla arco y flecha, escaupiles de cordeles, y los Principales coseletes de caña y corteza de arbol recio y bien hecho: traen oregeras de oro, manillas y cadenas y otras joyas. Lo mismo habia en Zibabao que es la primera Bahia que tomamos: pareze que se goviernan por barrios como behetrias; cada barrio tiene su Principal: no podimos entender que entre ellos hobiese algun Principal ó Gran Señor.
Al fin de diez dias vino el Capitan Martin de Goyte y dió por noticia que como cinco leguas de donde estabamos habia un Rio grande, y que alli le señalaron que era Tandaya, y que la boca y entrada del Rio tenia poca agua que apenas podia entrar el Batel, é ansi pasó adelante costeando la Isla hasta una Bahia grande, la qual atravesaron de punta á punta sin entrar en ella, paresciendoles que en ella no habia nada, que fue harto descuido, porque esta Bahia es el mismo Estrecho que divide á Tandaya y Abuyo, lo qual despues vino á entenderse ser ansi por lo que subcedió: pasada la Bahia halló dos Rios grandes que los Indios le digeron ser Abuyo, á lo qual no dió credito por llebar entendido que Abuyo era Isla por si, y como no vió el Estrecho que atras dejaba en la Bahia que vió, paresciole que le engañaban, y de cada Rio de aquellos le salió un Parao grande con Indios, aunque no quisieron llegarse á los Bateles, y viendo que los Rios no tenian Puerto, ni entrada para los Navios pasó adelante costeando la Isla, y el uno de los Paraos grandes de aquel Rio les siguio mas de tres leguas hablandoles desde lejos, sin quererse allegar á ellos, y á esta hora tubieron necesidad de tomar agua, la qual saltaron á tomar de un pequeño arroyo que vieron, y como los Indios que en este Parao los seguian los vieron en tierra saltaron bien desviados cinco ó seis Indios, los quales se metieron por el monte, y ansi escondidos entre los arboles llegaron hasta donde tomaban el agua, y á un muchacho criado del Capitan Martin de Goyte que se apartó un poco de la gente que tomaba la aguada le tiraron por entre los ramos del mesmo arcabuco dos lanzas, y con la una dellas le hirieron por la yngle, de la qual herida murio dentro de tres dias, y los Indios sin descubrirse por entre el mesmo monte que vinieron se volvieron á su Parao, y como el Capitan vió al mozo herido luego se metió en el Batel y á toda furia siguió el Parao un rato, mas como se le fuese alejando por ser fustas tan ligeras estos Paraos, perdida la esperanza de alcanzallo lo dejó y prosiguió su camino por la Costa adelante hasta que al cabo de aquella Isla vió una poblazon de Indios grande, y á la costa de la Mar, la qual es la primera que vió, y dijo que le parescia haber en ella mas de 200 Casas, en la ribera de la qual salieron mas de 600 Indios: hallaron alli un Parao muy grande cargado de arroz, y otros dos que comenzaban á cargar que la carga dellos estaba en la Playa, lo qual era fardos de arroz, batatas, y otras cosas: estos Paraos dijo, que les paresció ser de otra tierra, y que venian en aquel Pueblo á comprar aquellos bastimentos para llebarlos á otra parte, porque en esta tierra habia muchas labranzas, y muestra de haber abundantemente gran cosecha en esta tierra. Esta poblazion se decia Cabalian, y el Señor Maletec y con esta noticia se volvió sin les hacer mal ni daño alguno, ni tomar, ni rescibir de los naturales cosa alguna: dió noticia que habia buen surgidero en la Costa de aquel Pueblo, aunque no habia Puerto, y que los Indios de Cabalian traian joyas de oro, y tienen muchos puercos y gallinas de Castilla que andaban por la Playa, los quales vieron desde los Bateles.
Con esta noticia que trujo el Capitan Martin de Goyte el General salió de la Bahia de San Pedro, y se hizo á la vela la Armada Lunes cinco dias de Marzo para ir aquella poblazon de Cabalian, y pasamos sin ver á Tandaya ni Abuyo por descuido que tubieron los que fueron á descubrir la vuelta de no reconocer aquel Estrecho que dibidia las dos Islas, y el mismo dia á la tarde á hora de visperas surgió junto al mismo Pueblo de Cabalian, en el qual en la ribera de la Mar hay muchos palmares de cocos, y entre los mismos palmares muchas Casas de morada de los naturales: por detras de los palmares subia un zerro alto, por la falda del qual habia muchas Casas, palmares, sementeras de arroz muchas y muy grandes, y de millo y otras cosas, y como las Naos surgieron entre las mismas Casas comenzó á bullir, y por entre los palmares gente que no osaba salir á la Playa, y entre las Casas andaban muchos puercos, y gallinas, y perros, y llegados aqui el General embió un Batel en tierra para que llamase á los Indios, y se les diese á entender que eramos sus amigos, y les digese que viniese el Señor á las Naos para hacer con él amistad, y el seguro de sangrarse, y luego vino una Canoa con tres, ó quatro Indios y el mas principal se decia Camutrian, el qual dixeron ser hijo del Señor de aquel Pueblo, que se decia Maletec, y que venia á sangrarse para hacer el seguro de la paz: el General lo rescivió muy bien, y entró en la Capitana y le dió colacion, y preguntando ¿que por que no venia el mismo Señor? dijo, que por que era viejo: el General mandó que se sangrase con él el Alferez mayor, diciendole, que era su hijo, y que cuando viniese su Padre que él se sangraria con el Indio: mostró contentarse dello, y se sangró con el Alferez mayor, y fecha la amistad el Indio dió al Alferez mayor la toca que traia en la cabeza, y el Alferez le dió á él un paño de manos: el General le mandó dar cuentas, y un espejo, é un bonete de grana, y otras cosas, y lo mismo á los Indios que vinieron con él, y le rogó que le vendiesen algunos puercos, é arroz, y gallinas, y que se lo pagaria á su contento, y le mostró la muestra de los resgates que se traian en el Armada, y el Indio dijo, que si venderian, y que otro dia traerian todo aquello para contratar con los Españoles, y asi se volvió á tierra muy contento diciendo, que eran amigos de Castilla, y toda aquella noche no hicieron sino embarcar en Canoas todo su hato, mujeres, y hijos y llebarlo por la Costa adelante, que desde las Naos se veia la prisa y bullicio con que lo hacian, y como echaban al agua muchas Canoas que tenian baradas en tierra, y asi alzaron y llebaron todo el hato, y el General mandó que no les hablasen ni estorbasen cosa ninguna, sino que les dejasen hacer á su voluntad lo que quisiesen, lo cual mandó por no alborotarlos, y ver el buen tratamiento habria medio para que se asegurasen y fuesen amigos.
Otro dia de mañana fuese el Maese de Campo en los bateles y con gente la que bastaba á descubrir una Bahia que parescia mas adelante deste Pueblo, y al cabo della descubrió un razonable rio, por el qual entró con los Bateles poco menos de media legua, y dió en una Poblacion de Indios de muchas sementeras y labranzas de arrozales, batatas, platanos, palmas de cocos, y millo: el Rio tenia á la boca poca agua para poder entrar Fusta que fuese mayor que los Bateles, y asi mismo descubrió un estrecho de Mar que divide esta Isla de Cabalian de la Isla de Panae, que estaba enfrente de donde estaban surtas las Naos, y pasado el Estrecho descubrió una Ensenada de Mar grande que los Indios dixeron ser allí el Pueblo de Sugat, y ser el principal de aquella ensenada, con lo qual se volvió donde estaba el Armada en Cabalian.
El General viendo que los Indios no venian, ni traian cosa de las que prometieron el dia antes, mandó que con la Lengua Malaya les diesen vozes de la Nao Capitana para que nos tragesen los bastimentos que nos digeron traerian por nuestros rescates, y que no les queriamos hacer mal, sino pagarselo á su contento, y se les dijo tambien en Lengua de Maluco, y con algunos bocablos que teniamos de su Lengua propia, lo qual se les dijo una y dos y tres vezes, é aunque algunos Indios se paraban entre las palmas á escucharlo y era tan cerca que lo podian escuchar y entender, no respondian cosa ninguna, lo qual visto por el General envió al Alferez mayor en un Batel á tierra con el Escribano, y con el Interprete á decilles, que le vendiesen de los bastimentos que tenian, y que se los pagarian porque tenia necesidad dellos, y que se lo requiriese una, dos y tres vezes, y el Alferez fue á ello, lo qual dijo á los Indios que estaban por toda aquella ribera por la Lengua Malaya, y Maluco, y con bocablos suyos; de manera que los entendian, y ansi andubo por toda la ribera hasta que topó á su amigo Camutuan con quien el dia antes se habia sangrado, al qual le rogó que se viniese con él á lo Nao: el Indio lo hizo ansi, y en una Canoa se vino á la Capitana, y preguntole ¿porque no queria vender los bastimentos? respondió que los Indios tenian gran temor de ver aquellas Naos tan grandes, y por eso no venian, mas que ellos lo traerian y venderian puercos y gallinas porque tenian muchas: preguntole ¿porque su Padre Maletec no queria venir á sangrarse, y á hacer amistad con el General, para que siendo ellos amigos los Indios se asegurasen? dijo, que lo dejaba de hacer por ser muy biejo y estar ciego: el General volvió á decilles como era su amigo, y no habia de hacerles mal ninguno, pero que tenia necesidad de bastimentos, y se los queria pagar muy bien, que le rogaba mucho embiase á decir á los Indios que traxesen puercos, gallinas, patatas y arroz, y que él se lo pagaria, y que hasta que se lo traxesen se quedase alli en la Nao, y que esto no lo hacia por hacerle fuerza, sino porque los Españoles no saltasen en tierra, y se lo tomasen por fuerza, y que se los haria muy buena paga é compañia, y á su gusto, y que como tragese los bastimentos se iria á su casa. El Indio se turbó algo, mas dijo, que le plazia que él queria quedarse, y ansi en la Canoa embió un Indio de los que con él venian: lo que le dijo al partirse no se entendió, mas de que luego que en tierra supieron que el Principal quedaba en la Nao vinieron otros quatro Indios, los quales vinieron á estar con él en su compañia, los quales tambien se quedaron en la Nao, y con tenerles esta prenda no traian cosa ninguna de bastimentos, y aquel dia á la tarde dijo el Principal que queria enviar á tierra un Indio de aquellos para que hiciese traer los puercos, y ansi los embió, al qual dió unas oregeras de oro y otras joyuelas que uno de los otros sus compañeros tenia para que entendiesemos que lo enviaba para que comprase algunas cosas por ello, y un batel que lo fue á echar en tierra, y á la Gente dijo como su padre lloraba mucho por su hijo, é que dió á un Indio un alfange que traia ceñido señalando que se lo dió para que con él fuese á matar puercos, y aunque hacian muestras de que los traerian no ponian nada por la obra, ni traian cosa alguna.