El Governador por el cuydado que tenia de que no faltase bastimento al campo, y teniendo noticia que en Butuan havia abundancia dellos, especialmente de sagu, que es una harina de palmas de que hacen pan, determinó embiar allá al Maestro de Campo en la Nao San Juan, y ansi le despachó en fin del mes de Abril de mil y quinientos é sesenta y seis, con cantidad de rescates para comprar los dichos bastimentos, con instrucción de lo que havia de hacer en el viaje con quarenta dias de termino: llevó setenta hombres, entre ellos al Factor de S. M. y al Capitan Juan de la Isla, y al Sargento mayor que llevaba una Fragata, y como pasados los quarenta dias, ni á los cincuenta no volbió, ni se tuvo nueva dél, el Governador envió en su busca una Fragata, la qual fué á Butuan; no hallando allí al Maestre de Campo, ni en toda aquella costa, se volbió sin nueva cierta, mas de que en Butuan le dixeron como llegó allí, y por no haber hallado bastimentos se havia pasado ácia la Isla que dicen de los Negros, y como muchos dias despues no se supiese nueva dél, el Governador estava con gran pena y cuydado de su tardanza, é todo el campo estava triste de ver al Governador tan penado, y en este tiempo determinó de imbiar al Capitan Martin de Goyti con sesenta hombres ácia la Isla de los Negros á buscar comida y que de camino procurase nuevas del Maestre de Campo; y estando él allá la Vispera de San Juan llegó al Real Luis de la Haya, Sargento mayor, en la Fragata que le embió el Maestre de Campo de la Isla de Panay, é truxo cartas suyas, en que avisava al Governador, dándole cuenta de como havia corrido la costa de Botuan, y la Isla de los Negros, y otras Islas, sin poder hallar comida hasta que llegó al pueblo de Arant, que es en la misma Isla de Panay, de donde se despachó la Fragata, y que allí havia recogido arroz y tenia recogidas mas de trescientas hanegas, y que de allí pasaria á Panae, y con todo lo mas que pudiese recogido daria la buelta con la brebedad posible, y que por no venir sin comida ninguna y vacio, no havia buelto en el termino que el Governador le havia dado; con esta nueva se alegró y regocijó todo el campo en extremo, y dende ha pocos dias volbió el Capitan Martin de Goyti, sin traer bastimentos por no los haber hallado.
Teniendo el Governador noticia que á la sazon era la cosecha del arroz en la costa de Cabalian y Abuyo, determinó de imbiar al Capitan Martin de Goyti allá, y le despachó con el Batel y Fragatas y sesenta personas, y el Governador se quedó con harta poca gente en el campo, y entre los poquitos no faltaron hombres malos y de malas intenciones, y de las maldades que travaban, fué Dios servido descubrir un Motin que tratavan y concertavan para irse al Maluco á los Portugueses, y fué, que un soldado llamado Juan Nuñez de Carrion, á quien el Governador havia favorecido y le havia librado estando condenado á muerte por el Maestre de Campo por cierto delito, y echole de la compañia de sus gentiles hombres, y que de su casa le mandava dar todo lo necesario, y que aunque fué uno de los culpados en el Motin pasado del Pablos Hernandez le havia tornado á su familiaridad y compañia, con todo esto tratava de pasarse á los Portugueses al Maluco diciendo que aquí padescian muchos travajos, y que allá les harian mucha cortesia y para esto rogó y persuadió á algunos soldados que el entendia que estaban mas descontentos y desabridos, y les rogó que se fuesen, que él tenia muy buen aparejo para ello, porque tenia un Parao quatro leguas de aquí muy bien aderezado, que no le faltava mas que embarcarse, y tenia diez soldados arcabuzeros los mejores del campo que ivan con él, y que llevaba lengua é interprete, y que de camino irian por Butuan y tomarian un Piloto que los llevase al Maluco, é robarian lo que pudiesen de camino, é que de esta manera saldrian de la miseria que acá pasavan, y se irian ricos, y que no faltava mas de poner por obra el negocio, y con estas apariencias traxo á su voluntad á un Chaves á quien el Governador havia mandado azotar pocos dias havia por hurtos y robos é malos tratamientos que havia hecho á los Indios de Zebú, y á otro Miguel Gomez, á quien el Governador le havia tenido preso por lo mismo por ladron, é que á ruego de personas le havia soltado, é á otros desta calidad tenia medio convertidos, y el tenia buscados algunos arcabuzes, pelotas, polvora, y municion que pedia prestado á soldados amigos suyos, diciendo, que queria ir á caza, y entre los á quien persuadió para el efecto fué un Guillermo de la Fosa, Francés, que tambien fué culpado en el Motin pasado, por persuasion del Piloto Francés, que era de su tierra; á este rogó el Juan Nuñez que fuesen, prometiendole que le haria capitan y que no se haria más de lo que él mandase, y él anduvo temporizando con él, y por parecerle que no era buen camino dió el aviso dello al Governador, y le descubrió todo lo que pasava, y el Parao que pensava llevar era uno de unos mercaderes de Luzon que havian venido á vender arroz á este campo, y como partian de aqui para bolverse ivan costa á costa desta Isla; tenian concertado de irse por tierra tres ó quatro leguas de aqui á tomar este Parao á los Moros y robarlos é irse en él, que lo pudieran hacer facilmente porque los Moros por ser amigos nuestros y que salian de este Real no se recelando de los Españoles, no se pusieran en resistencia, y tenia ya el Juan Nuñez los arcabuzes y municion fuera del campo escondidos en el monte para partirse la noche siguiente, que el Parao de los Moros havia partido ya y estaria una legua del Real. Quando el Governador vino á tener noticia, mandó luego prender al Juan Nuñez, y á Chaves, y á Miguel Gomez, é presos, el Miguel Gomez confesó espontaneamente todo el trato, y tambien confesó el mismo Juan Nuñez de Carrion, aunque le dió otra color, diciendo que lo que el queria y pretendia hacer, fué, matar á Francisco Arias Maldonado, gentil hombre del Governador, de quien tenia cierto enojo, é irse por ahí á sus aventuras, y que havia rogado á algunos soldados y personas que le favoreciesen á ello, y se fuesen con él; á esta sazon el Chaves acertó á estar ausente del campo en una sementera una legua del Real, y sabida la prision del Juan Nuñez se huyó y fué á la costa al Parao de los Moros de Luzon y les rogó que le llevasen consigo á su tierra, diciendo que no queria estar con los Españoles, y ellos no le quisieron llevar, por ser amigos del Governador, y ansi se volbió y se quiso esconder y no le aprovechó, y otro dia fué preso, y confesó todo el negocio de como el Juan Nuñez le persuadió y rogó que fuesen á los Portugueses, y que le concedió y pensava irse con él, y así se hizo justicia dél y del Juan Nuñez de Carrion, y su cabeza fué puesta en la horca por haver sido principio é inventor del Motin, y esto pasó á diez de Julio de mil quinientos y sesenta y seis: de este negocio se admiró casi todo el campo, porque el Juan Nuñez de Carrion era á quien el Governador havia pretendido honrarle, y casi puesto los ojos en él para favorecerle mas que en otro, sino que él de su condicion era desabrido y mal acondicionado, y de poca constancia, y menos asiento, y maldiciente, de cuya causa estavan mal con él casi todos los del campo, y con algunos habia tenido pasiones y rencillas, de que parece no haver salido tan á su gusto como él quisiera; y cinco ó seis dias antes que se supiese lo del Motin, tuvo ciertas palabras con Francisco Arias, pero luego en el instante los hicieron amigos, y ansi declaró el pobre que no embargante que fué su amigo, tenia determinado aprovecharse dél y matarle como pudiese é irse por ahí, y no estar mas en este campo: el miserable sabia poco, y presumia saberlo todo, y hablava demasiado, é de arte que la mayor parte de los que le conocian huian de su combersacion.
Dende á pocos dias embió el Capitan Martin de Goyti desde Cabalian una Fragata cargada de arroz, dando cuenta al Governador como en toda aquella costa decian que querian ser nuestros amigos y vasallos de S. M. y que pagarian su tributo de arroz que era lo que en aquella tierra se cogia, aunque entre paz y guerra, andando en los tratos una legua de Cabalian en un rio á donde embió á su Alferez con cierta gente, le havian muerto cinco personas, dos soldados y un Grumete, y dos muchachos de servicio, por lo qual se podia tener poca confianza de su amistad, y que con todo esto, sin hacerles mal ni daño, pensava pasarse al rio de Abuyo; de donde despues tornó á embiar el Batel con mas arroz, y escrivió como allí le havian recivido de paz, y le bendian comida y bastimentos por rescates, y que en otros pueblos cerca de allí le havian muerto un soldado y un muchacho de servicio: El Governador le tornó á embiar el Batel y la Fragata, y le avisó que no confiase de los naturales ni de su amistad y paz, sino que tratase siempre con ellos con recatamiento y aviso grande, sin que se les hiciese agravio ni daño, y que procurase de ver el Estrecho de entre Abuyo y Tandaya, en que parte estava, y de que parte era, y que sin pasar el Estrecho se volbiese al campo lo mas pronto que pudiera, porque estava con gran pena de la tardanza del Maestre de Campo, y queria embiar en su busca de la Isla de Panay; é estando harto fatigado desta dilacion, otro dia despues de Santiago pareció la Nao San Juan en la mar que venia á la vela, cuya vista save Dios quanta alegria causó en todo el campo, y ansi detuvo el despacho que embiava á Martin de Goyti hasta que llegó el Maestre de Campo que fué recivido con gran regocijo y alegria, el qual truxo mas de mil hanegas de arroz, é con su llegada se alegró toda la gente del campo, y se desechó toda la hambre que havia; y dió noticia al Governador de muchos pueblos que en aquella Jornada havia recibido de paz, y se havian otorgado, y quedavan por vasallos de S. M. y de como de tales en su Real nombre havia tomado la posesion, y havian prometido de tributar, así en la Isla de Vindanao y costa de Botuan, como en la Isla que dicen de los Negros, y en la Isla de Panay, en las quales dixo haver grandes poblaciones, gente rica y de muchos bastimentos: los nombres de los pueblos que recivió de paz constarán en los autos de posesion que tomó; é luego despachó el Governador al Capitan Martin de Goyti, haciendole saver la llegada del Maestre de Campo, diciendole, que si havia que hacer por alla que se podia detener, y que holgaria que viese el Estrecho y tomase noticia dél, y le embió treinta soldados, y si le pareciese costear adelante, lo hiciese hasta Tandaya, y de allí diese la vuelta para venir á este campo: y reciviendo este despacho el Capitan Martin de Goyti, fué á la boca del Estrecho, y lo vió y tomó noticia dél, y andando por allí, tuvo noticia que en un pueblo cerca de allí estava un christiano que se llamava Juanes, que vivia entre los Indios mas havia de veinte años, y que era casado con una hija de un Principal, y que estaba pintado como los otros naturales desde la cintura abaxo: el Capitan le fué á buscar para verle y rescatarle, y fué al pueblo donde le dixeron que vivia, y no halló á nadie que se havian huydo todos al monte, y trató con otros Indios comarcanos suyos, que lo llamasen é hiciesen venir, que no queria sino verle y pagarle su rescate á su contento; y aunque le decian que si harian, y se lo prometian, nunca se lo truxeron ni pudo haverlo, y le detuvieron algunos dias en palabras; y hechas todas las diligencias que pudo, y visto que lo traian en cautelas y mentiras, procuró asir algunos Indios, y ansi prendió tres dellos que eran naturales del pueblo de Basay que era cerca de donde el christiano solia vivir, y á trueco dellos tambien procuró que le diesen el christiano y que los soltaria: no aprovechó, y porque cayó enfermo de ciertas calenturas no se pudo detener mas: vino al Real bien flaco y enfermo, y truxo presos á los tres Indios de Basay, á los quales el Governador trató muy bien, é les mandó curar, porque los dos dellos, que eran Principales, venian heridos, y los mandó dar de vestir, y ellos dieron noticia del Juanes como estava allí, y lo tenia un principal llamado Subuco que lo queria mucho, y lo tenia por hijo, y que quedó allí muchos años há, de una Fragata que dió al traves en aquella costa, y estava pintado como los naturales las piernas, y que creian no queria venir á los christianos de miedo: el Governador les rogó que fuesen buenos terceros para que su amo diese al Juanes, y que él queria pagar todo lo que hobiese gastado con él, ó le pagaria su rescate á su contento como entre ellos se usaba, y demás desto le ternia por amigo y le favoreceria, y lo mismo haria á ellos, y los soltaria libremente sin pagar ningun rescate: ellos se ofrecieron que ansi lo harian, que los llevasen á su tierra, y soltasen á uno dellos que fuese á negociarlo con su amo de Juanes, y le aseguraria la paga, ó quedaria en su poder como esclavo hasta que le pagasen: é ansi el Governador determinó embiar allá al Maestre de Campo con las Fragatas, y con él al Tesorero de S. M. con oro, y campanas, y tinajas, y otros rescates, para el rescate bastante con institucion de la orden que ternian, y ansi partió de este Real á ello á diez y ocho de Septiembre de mil y quinientos y sesenta y seis años con sesenta hombres entre Soldados y Marineros.
Y como la Armada no truxo brea de la Nueva España, havia muy grande falta y necesidad della, ansi para las Naos, que hazian mucha agua, como para las Fragatas que se havian hecho para navegar y buscar la comida, é informados de cierta resina de unos arboles que hay en estas Islas en lugar de brea, y aunque no se hallava en mucha cantidad, Camotuan Moro, Interprete, que siempre se ha mostrado y dado por amigo de los Españoles, dixo, que en la contracosta de Baybay junto á Eleyti, en una Isla de allá, havia de aquella resina, y que él iria por ella pagandoselo: el Governador se concertó con él, y le dió recaudo y le rogó fuese por ella, y truxiese toda la mas cantidad que pudiese, y juntamente con él embió á Pedro de Herrera con diez soldados, para que fuesen á ver como se cogia la resina, y si era buena, y qué cantidad se podia haver, y que hiciese esperiencia con fuego si se podia sacar como la brea; lo qual se lo prometió como hombre que lo entendia y lo sabia veneficiar, por que lo havia hecho en el Puerto de la Navidad para S. M. y haviendo partido del Real para este efecto al principio del mes de Agosto con termino de diez dias, no vino, ni era llegado quando el Maestre de Campo partió para Tandaya, que no poca pena dió al Governador su tardanza, y ansi mandó al Maestre de Campo de camino fuese por Eleyti y supiese de Pedro de Herrera, y de los que con él fueron, qué se havian hecho, y si los topase llevase consigo al Moro Camotuan por Interprete, que tiene gran crédito, y es muy conocido entre los naturales, y que á Pedro de Herrera le despachase y le embiase á el Real, y ansi lo hizo por que los topó en la costa de Eleyti.
A veinte y ocho de Septiembre vispera de San Miguel, llegó al Real Pedro de Herrera y truxo una canoa cargada de la resina que serian doze ó treze quintales, lo qual sirve en lugar de brea, si hoviese mucha mezclandolo con sebo: El Governador le recibió asperamente y le reprehendió la tardanza que havia hecho, y por tener noticia por una carta que el Maestre de Campo le escribió que havia escedido en algunas cosas Pedro de Herrera, y usado de cosas para que no tenia comision y facultad, le mandó prender y hacer informacion para hacer justicia en el caso, é ansi se hizo proceso contra él sobre ello, y traxo por noticia el Pedro de Herrera, que en la Isla de Tandaya á la parte del Norte estavan presos tres christianos en poder de los naturales que los prendieron de una Nao, que havía catorze ó quinze meses que pasó por alli, la qual nueva le dió un Indio Lutao, que llaman ansi á unos pescadores que continuamente viven y andan por la mar con sus mugeres y hijos, y no tienen poblacion, ni salen sino á contratar y vender el pescado que traen en algunos pueblos, y luego se vuelven á sus Paraos y desta manera viven y andan entre estas Islas, y destos hay muchos, y llamanlos Lutaos, y uno destos le dió esta nueva, diciendo, que los havia visto, y traian zapatos y sombreros, y traian barbas, y eran como nosotros, y que los dos dellos estavan en el Puerto de Uruna en poder de un Principal que se dice Sidumaguinda, y el otro estava en el Puerto de Çibabao, una legua de allí en poder de otro Principal que se dice Malabazo; por lo qual se coligió podian ser de la Nao Capitana conforme al tiempo que decian; y preguntado ¿si havia dado noticia de esto al Maestre de Campo, el Pedro de Herrera? dixo que no, porque dixo que lo supo despues que se apartó de él; y ansi despachó luego el Governador al Capitan Juan de la Isla en un Batel con doze Españoles, al Maestre de Campo al Estrecho de Tandaya, á donde fué á rescatar á Juanes; al qual escribió y le embió á mandar que concluydo lo de Juanes, fuese á los pueblos arriba declarados, que son en la misma Isla en la contracosta donde Juanes estava, y que allí procurase de haver y rescatar los tres Españoles, y que en ello tuviese la misma orden que llevó para lo de Juanes, y al Capitan Juan de la Isla le mandó que de camino buscase en la costa de Eleyti á el Lutao que dió esta nueva, y hallandolo se lo pagase é lo llevase consigo por guia al Maestre de Campo; y para este efecto llevóse los mismos Marineros y soldados que fueron con Pedro de Herrera que conocian al Lutao y con este despacho partió Juan de la Isla á primero de Octubre del dicho año.
El Maestre de Campo volbió al Real á tres de Octubre vispera de San Francisco, sin que le topase el Capitan Juan de la Isla que fué en su busca, y traxo rescatado á Juanes, y no era Español como los Indios decian, sino Indio natural de Mexico, nacido en Santiago de Flatrelesco que vino en la Armada de Villalobos, y se quedó allí perdido con unos Españoles de una Fragata que dió al traves en aquella costa, y aunque no fué Español, por ser christiano bautizado, se regocijó todo el campo con su livertad ó venida, é cierto dió señas de buen christiano y haberle Dios guardado tanto tiempo usando con él de misericordia. En viendo á los Españoles, viniendo en una Canoa que le traian otros Indios, la primera palabra que habló fué: yo creo en Dios, y saltando en tierra á donde estava el Maestre de Campo, se hincó de rodillas, é puestas las manos é los ojos en el cielo, dixo: ¡O bendito y alabado sea mi Dios todo poderoso! y luego abrazó á los Españoles. Habla poco en castellano, y muy menos en su lengua Mexicana que se le ha olvidado: la lengua destas Islas la sabe y habla bien, sino que despues no la puede darnos á entender á nosotros lo que los Indios dicen por no saber su lengua ni la Española, ansi al presente puede servir poco u nada de interprete: acuerdase de muchas cosas de Mexico: reza las oraciones, haviendosele olvidado su propia y natural lengua: dice que era muchacho quando vino á esta tierra, y que vino con un Soldado que se decia Juan Crespo: dice, que estava casado con una hija de un Principal en Tandaya, y tiene dos hijas muchachas, que la una se dice Catalinica, y la otra Juanica, que aunque no son christianas les puso el nombre de christianas, y los naturales las nombran y llaman ansi: el Maestre de Campo procuró de las rescatar, y no se las quisieron dar: procurar se han de haber por bautizarlas: él estava muy contento con la compañia de los Españoles, aunque ha estado y anda enfermo, que vino con las piernas hinchadas, que dixo que le tenia su amo en un zepo por que no se viniese á los christianos: está pintado como los naturales en las piernas, y dice, que su amo le hizo pintar contra su voluntad: dá por razon, que quinze Españoles y él quedaron de la Fragata que allí se perdió, y los mas dellos nombró por sus nombres, y que todos son muertos de ellos de enfermedades, y de ellos en guerras que unos Indios tenian con otros: el postrero que murio, dice, que fué un Juan Flores, que havia cinco años, que yendo á una entrada con treinta Indios les mataron á todos en una emboscada que les pusieron, y de su relacion de Juanes se entendió de los tres Españoles que Pedro de Herrera traxo por noticia que estavan en Çibabao, eran dellos, por que dice que es verdad que estuvieron allí tres de su compañia, y murieron allí, sino que Pedro de Herrera se engañó, en el tiempo, por que los Indios decian catorze ó quinze años, y él entendió meses, y no es de maravillar que haya este yerro y otros mayores donde no hay Interpretes, sino que por señas se han de hablar, y entender.
En este tiempo vinieron al Campo ocho ó nueve Paraos de Indios con arroz á venderlo, de la Isla de Panay, é de los pueblos donde anduvo el Maestre de Campo, é hizo pazes y amistades, y decian que venian á ver y á conocer al Governador, á los quales él recibió muy bien, y les pagó su arroz, y les dava dádivas para más los asegurar, y que basteciesen y volbiesen otra vez con bastimentos, y los embiava contentos.
El Capitan Juan de la Isla que fué en busca del Maestre de Campo, topó al Galeon San Gerónimo que venia con el aviso de la Nueva España, mal aviado, y peor tratado, entre unas Islas con unas corrientes que no savian á donde estavan, ni á que parte navegar, y como le vieron la gente que venia en el Galeon le pidieron que entrase en él, é los truxese á donde estava el Governador, y él lo hizo ansi, y con el Batel que llevaba avisó al Governador como quedava en el Navio, avisandole de los motines y mala orden que havia traido en el viaje, y cierto se tiene entendido que á no toparlos Juan de la Isla estavan en duda si acertaria á venir tan presto á este Puerto, y á doblar por la otra parte la punta de una Isla donde los topó, corrieran riesgo y travajos artos antes de poder volber al Real: y luego que el Gobernador supo su venida del Navio, despachó al Maestre de Campo con una Fragata esquifada, para que si faltando el viento, remolcado pudiese traer el Navio, el qual los topó que ya venian cerca, y ansi entró y llegaron á este Puerto Martes quinze de Octubre de mil y quinientos y sesenta y seis años, que dió gran contento su llegada; fué lastima grande de oir la mala órden, los motines, desconciertos y muertes, travajos y miserias que huvo, y padecieron en el viaje. Como en el Galeon no venia Capitan, ni parecia despacho de la Real Audiencia, el Governador mandó hacer informacion de todo lo susodicho, por la qual se podrá mas enteramente ver el suceso del viaje y la ruin órden que en todo huvo, y en suma lo que se puede colegir es, que el Capitan Pericon comenzó su viaje, y salió del Puerto de Acapulco, con mayor aceleracion y menos cordura de lo que convenia, y ansi acabó presto y desastradamente: lo que pasó antes que saliese del Puerto allá se tenia entendido, como fué: En haciendose á la vela, dicen, que tuvo menos cuydado de lo que convenia al cargo que traia, y que dexó de proveer y remediar algunas cosas que sucedian y pasavan en las Naos, é primeramente algunas pendencias, y unas palabras que el Sargento mayor tuvo con su hijo el Alferez, y como el Sargento mayor venia por Maestre del Galeon, hizo parcialidad con la gente de la mar, y él, y Lope Martin, Piloto, y un Felipe del Campo y otros de su camarada, y algunos Marineros que eran de la parcialidad del Piloto se conjuraron, y con ellos el Sargento menor que se decia Pero Nuñez y conspiraron contra el Capitan, y se desacatavan y desvergonzavan contra él en palabras y obras, y le tenian muy poco respecto, y le mataron un caballo que traia, sin que se supiese quien lo huviese hecho; y aunque amigos suyos, pareciendoles mal lo que pasava, le dixeron y le avisaron lo que entendian del negocio, y le rogaron que pusiese recaudo en su persona, diciendole, que quien mató el caballo se desvergonzaria á hacer otra cosa peor, y él se reia dello, y lo tenia todo en poco, y ansi se determinaron de matarle, por falta de no poner el remedio que convenia, y una noche estando durmiendo en su camara entraron á él y lo mataron á puñaladas á él y á su hijo, y los que fueron en la muerte, aunque el Sargento mayor se hizo dueño de todo, diciendo que los havia él muerto, dicen que entraron con él juntamente otros dos Marineros que se decian Lara y Morales, y los que favorecieron y hicieron espaldas hallandose armados defendiendo que ninguno de los soldados se bullesen ni meneasen de á donde estavan, fueron el Piloto Lope Martin, Felipe del Campo, el Sargento Pero Nuñez, Sanfate Molina, Juan de Zaldivar, Escrivano de la Nao, y Alonso Boza, y otros de su liga, y muchos de los Marineros que sin tener ellos armas se armaron con cotas de los soldados y otras armas, y ansi fueron señores de todo, y el Sargento mayor quedó por caudillo como lo tenia tratado con los del Motin, el qual apaciguó la gente, diciendo, que él daria descargo por que havia muerto al Capitan, no tuviesen pena, y que él los traeria á su General, y se pornia debaxo de su mano, y se descargaria de la muerte del Capitan y su hijo; y ansi comenzó á hacer algunas informaciones; y dende á poco, entre él y el Piloto Lope Martin huvo cosquillas y diferencias en que el Sargento mayor trató de prender al Piloto, y queriendolo poner en obra algunos de su liga á quien dió parte dello se lo estorvaron, diciendo, que aun no era tiempo, que lo dexase para otra mejor conyuntura, y él por condescender con ellos lo dexó de hacer, de lo qual fué avisado el Piloto por algunos de los que fueron en lo estorvar al Sargento mayor, y aquella noche prendió el Piloto con favor de los Marineros al Sargento mayor, diciendo, que se consintiese echar unos grillos, que ansi convenia al sosiego de la gente y luego el Sargento menor con algunos Marineros tomaron y quitaron las armas á la mayor parte de los Soldados, y las metieron debaxo de cubierta, y otro dia siguiente por la mañana almorzaron todos juntos, el Piloto, y el Sargento mayor, y menor, y otros de su liga, y despues de bien bebido, el Piloto Lope Martin mandó ahorcar al Sargento mayor, el qual pensó que burlavan con él, y decia, ¿qué niñerias eran aquellas? que le dexasen; y ansi le guindaron sin confesion y le echaron á la mar medio vivo, y quedó el Piloto Lope Martin solo por caudillo, y por su consejero el Felipe del Campo, y decia y publicava, que á esta Isla no vernia el Piloto, pero que echaria la gente en una Isla de esta comarca, y que él se iria con los que le quisiesen seguir, á los quales prometia de hacerlos muy presto hombres ricos y bienaventurados, y que se volveria á España por el Estrecho de Magallanes; y en llegando á la Isla de los Barbudos, y en su paraje surgió en una Isla pequeña, que si el quisiera guardar la instruccion de la Real Audiencia no tenia para que llegar alli, ni baxar tanto en altura; y estando surtos en aquella Isleta, trató de dexar alli toda la gente que no fuese de su opinion, y asi lo comunicó con los de su liga, é para mejor lo poder hacer mandó sacar todas las caxas y ropa de los soldados, y él se desembarcó, y mandó á toda la gente se desembarcase, diciendo, que havian de invernar alli, y que queria aderezar la Nao, y ansi salió en tierra la mayor parte de la gente, á lo menos de los soldados, y no era tan secreto el dexar allí la gente, que muchos no lo viniesen á entender. Un clérigo que venia en el Galeon llamado Juan de Viveros dice que entendió el negocio y la crueldad que querian hacer, como Sacerdote se atrevió á hablar al Felipe del Campo, como persona por quien se governara el Piloto, rogandole que mirase bien este negocio y no permitiese dejar alli la gente, que era inumanidad, que los truxesen á las Filipinas, y los dexasen donde hoviese bastimentos y comida donde se pudiesen remediar; y que si esto no llevase remedio á lo menos les diesen sus armas, y no los dexasen ansi perdidos; y que le respondió, que no se podia hacer por ninguna via, y que no curase de cansar ni tratar mas dello; y ansi no osó mas hablar en el negocio, porque todos esperavan cada hora la muerte de los amotinadores, y ansi andaban todos atonitos y turbados, ni se osavan fiar unos de otros, aunque fuesen amigos; y estando en estos travajos y miserias, parece que por permisión de Dios, Rodrigo del Angle que venia por Contramaestre, y Santiago de Garnica, Alguacil del agua, y Juan Anrique Flamenco Lombardero, trataron de se alzar con el Navio en nombre de S. M. y dexar al Piloto y sus secuases en la Isla en tierra, y con los demás venirse á este Real, y para lo poder hacer mejor dieron parte dello á Lara, Marinero, que fué en la muerte del Capitán, y era de la parcialidad del Piloto, y estavan en el Navio él y Morales que eran de la misma liga; y tratado el negocio con el Lara le prometieron que le harian á él Capitan y lo mandaria todo; y con esto, y tambien porque ya no estava en la gracia del Piloto como solia, concedió con ellos, y dixo que les favorecia en todo lo que pudiese, y teniendole ya de su parte se alzaron en nombre de S. M., y dieron voces á los de tierra que se embarcasen, y ansi se echaron quatro ú cinco soldados á nado y se metieron en la Nao, y el Lara dió voces al Felipe del Campo, que era su íntimo amigo que viniese á la Nao, el qual le respondió desde la playa, que él iria allá y le castigaria á él y á los demás vellacos que estavan en la Nao. Entonces el Contramaestre Rodrigo del Angle y sus compañeros, picaron los cables de las ancoras sobre que estavan surtos y se hicieron á la vela como que querian salir del Puerto, y obra de un quarto de legua de tierra tornaron á surgir y embiaron el Batel á tierra á requerir la gente, que se embarcasen los que quisiesen venir á Zebu, y parece que aquel dia no pudieron, ni osó ninguno embarcarse, porque los amotinadores los detuvieron sin armas acorralados; y otro dia en dos caminos que hizo el Batel de la Nao á tierra requiriendoles que se embarcasen luego alguna gente, y lo mismo hizo el dia siguiente, é otros se aventuraron á ir á la Nao á nado, y Lope Martin quedó con veinte y seis personas, á los quales se les quedó muy gran parte de ropa, y todas las caxas de los soldados, y el Piloto siempre tuvo confianza, y ansi lo decia y publicava, que havia de tornar la Nao á su poder teniendo confianza de algunos Marineros que tenia amigos en la Nao, y el Rodrigo del Angle se hizo á la vela y dixo, que él los traeria á Zebú, y ansi vinieron; y el Rodrigo del Angle mandó prender á Lara y á Morales, porque se temia dellos y diciendo haver sido culpados en la muerte del Capitan los ahorcó; y desde los Ladrones á estas Filipinas tuvieron contrarios tiempos de vendavales, y ansi arrivaron dos ó tres veces, que quando vieron la primera Isla de las Filipinas no traian ya agua, y vinieron necesitados de comida, y en una Isla dellas tomaron agua y alguna comida, aunque con daño y muerte de algunos naturales, y lo mismo hicieron en la Isla de los Ladrones; y andando entre estas Islas dos dias antes que topasen al Capitan Juan de la Isla, el Santiago de Garnica y el Juan Anriquez en el Batel con diez y seis personas se apartaron á buscar comida, y ansi no vinieron en la Nao; el Governador despachó luego en su busca una Fragata y á cavo de quinze dias llegaron á este Real; y porque de la informacion que se hizo resultó culpa contra Juan de Zaldivar, Escrivano del Galeon, haber sido culpado entre los conjurados de la muerte del Capitan, demás, y allende, que algunas personas dieron noticia al Governador de algunos chismes que trató entre el Piloto, y Capitan y Sargento mayor, descubriendo lo que el Capitan con él tratava en secreto como Escrivano; y ansi hecha informacion y proceso contra él, fué preso y confesó como fué savedor de la muerte del Capitan muchos dias antes que lo matasen, y que la noche que le mataron él dió y repartió armas con los parciales y favorecedores del Motin; y ansi se mandó hacer justicia dél, y muerto, el Governador juntó todos los demás que venian en la Nao y les hizo una plática, diciéndoles la mala orden que en todo havian traido y tenido y que de todo ello no echava mano, ni parava, sino solamente en la traycion y muerte del Capitan y su hijo, que era digno de grave punicion y castigo y que por esta causa havia hecho justicia de Juan de Zaldivar, como lo havian visto, y que tenia entendido que todos los demas que havian venido en el Galeon no tenian culpa en ello, sino que deseavan servir á S. M. y que con esta voluntad havian venido acá, y que todos los culpantes y participantes de aquel delito tan enorme y feo, que quedavan con el Piloto, y otros ternian su pago, que eran ya muertos; pero que para que á nadie no quedase resabio ni escrupulo deste negocio, que él, en nombre de S. M. les perdonava á todos los que havian venido á esta Isla de Zebú, é se havian puesto devaxo del Estandarte Real, para que en ningun tiempo no se les pediria sobre ello cosa alguna, ni se procederia contra ellos, haciendo en lo venidero lo que eran obligados en el servicio de S. M.; á lo qual les persuadió y animó todo lo que pudo, poniéndoles delante la grandeza y gran christiandad de S. M. é quan largo era en hacer mercedes y gratificar á los que le servian, y las calidades y aparejos de la tierra, y lo mucho que podrian merecer, y tener, y alcanzar siguiendo bien y con fidelidad, asi para con Dios como para con S. M. y para acrecentamientos de inmortalidades de sus famas y honras: y con este razonamiento dió á todos gran contento, y á lo que mostraron quedaron muy alegres, y porque las capitanias de acá estavan faltas de soldados por los muertos y enfermos, los repartió á los soldados en ellas por sus esquadras, escepto quatro ó cinco soldados gentiles hombres que tomó para su compañia, y ansi los unos y los otros dieron muestra de muy gran contento, é hicieron homenaje de nuevo y juraron de obedecer á S. M, y al Governador en su Real nombre, y el Piloto Rodrigo del Angle entregó al Governador una vandera en que dixo haverse alzado en nombre de S. M. para venir con la gente y Nao á esta Isla como esta dicho.
En este tiempo despachó el Governador á la Isla de Panay al Sargento mayor Luis de la Haya, por el arroz que prometieron de tributo, con dos Fragatas, y al Maestre de Campo embió en la Nao San Juan á la Provincia de Quabite y Taguna y costa de Butuan, á rescatar toda la mas canela que pudiese, con instruccion de lo que havia de hacer, y fué con él el Contador de S. M. con rescates para el efecto destas dos jornadas, fueron algunos de los soldados recien venidos á vueltas de otros que acá estavan. Partió de este Real el Sargento mayor á veinte y seis de Octubre, y el Maestre de Campo salió en principio de Noviembre, y llevó la Nao San Juan, é una Fragata pequeña, y mas de cien hombres entre Soldados y Marineros.