El Governador, visto que los de Matan y Gavi no querian ser nuestros amigos, ni venir de paz, estavan rebeldes, y que de estos dos pueblos fueron los que mataron á Pedro de Arana, y que les havia embiado á decir con los Principales de Zebu que viniesen de paz, jamás lo havian hecho, y lo que peor era, que como no los conociamos nosotros, y ellos y los de Zebu eran amigos, y todos una cosa se andavan entre nos cada dia y contratavan sin que los conociesemos, y entravan y salian en el Real á vueltas de los de Zebu, y se tuvo alguna sospecha de que huviesen dado causa del incendio y quema de las casas arriba dichas, y ansi determinó de embiar al Maestre de Campo á Matan, é al Capitan Martin de Goyti, á requerirles con la paz, y sino la quisiesen aceptar hechas las diligencias necesarias, les hiciesen guerra, é ansi fueron: quando llegaron allá no hallaron persona viviente ni otra cosa sino las casas despobladas sin ropa ni otra alguna alaja, que como ellos eran amigos de los de Zebu, y á vueltas dellos se andavan entre nosotros, fueron avisados y se huyeron é despoblaron sus pueblos: visto esto los dichos Capitanes pusieron fuego á las casas y les quemaron todas por no tener tan ruin vecindad, que cierto nos dañavan mucho con los de Zebu, y en todo lo que ellos podian. Preguntando á los de Zebu que se havian hecho la gente de Matan y Gavi? respondieron, que se havian pasado á otras Islas comarcanas, y que nos avisavan que nos guardasemos dellos y velasemos bien, por que los de Matan decian que se havian de vengar y que nos havian de quemar las casas del Real como á ellos les havian quemado las suyas. Tuvose sospecha que muchos dellos estavan entre los mismos de Zebu, que eran deudos é amigos pero disimulavase todo por no quebrar ni venir á rompimiento con ellos. El Governador dixo á Tupas y á los Principales de Zubu, que dixesen y amonestasen á los vecinos de Matan y Gavi, pues eran sus vecinos y deudos, que viniesen de paz, y que los resceviria, é ternia, é les perdonaria todo lo pasado, y les ayudaria á hacer sus casas para que viniesen seguros y quietos, sino, que supiesen que algun dia quando pensasen estar mas seguros los cogeria y castigaria, que no se le havian de escapar en parte ninguna que fuesen, porque los buscaria é ternia cuenta dellos; y ellos prometieron que procurarian de traerlos de paz, y todo era cumplir de palabra, por que nunca vinieron ni huvo efecto cosa ninguna, antes se entendió que todos los mas dellos se havian pasado á la Isla de Baibay, que es una provincia dos jornadas de esta Isla en la contracosta de Abuyo y Cabalian.

Ya por este tiempo havia falta de comida en el Campo, que no se comia sino un pedazo de borona, y por ser poca se acortavan las raciones. Como los que el Governador embió á Panay por el arroz se tardavan y no venian, se padecia travajo, y los naturales tambien padecian hambre y travajos grandes, comian yervas y marisco, y comenzaron á degollar y cortar las palmas para comer, que es la hacienda en que mas tienen, y de que mas se aprovechan, y despues de dos cogolladas son de ningun provecho: por todas partes se padecia hambre, fatigas y travajos hartos, y como el Governador no consentia ni queria dar licencia de que se les hiciese daño á los naturales, ni se les tomasen sus haciendas sin paga, la gente estava desabrida y descontenta; y aunque el Governador y Capitanes, religiosos y otras personas principales, cada uno por su parte procurava de los animar con buenas palabras y oferta, y razones claras y evidentes como podian ser ricos con las mercedes que S. M. les haria, y los aprovechamientos de la tierra que eran muchos, como á todos era notorio, y que todo el travajo seria sustentarse y conservarse hasta ver mandato de S. M. y la orden que seria servido dar para la poblacion desta tierra, y que hasta que esto viniese se sufriesen y no tuviesen pena, que de comer no faltaria, é Dios los remediaria, é el Governador tenia proveydo por muchas vias, para que viniesen bastimentos, é todo aprovechava poco, especialmente para los que tenian entrañas dañadas, é ruynes intenciones, é ansi se descubrió é vino á entenderse en esta estrechura un motin y maldad, é trato diabólico, que muchos dias havia se tratava entre algunos dellos, y lo querian ahora poner por obra é efecto, que si Dios por su infinita misericordia no lo descubriera pudiera causar grandes daños é inconvenientes, é fué, que un cabo de Esquadra llamado Pablos Hernandez, natural de Veneciano, y Juan Maria Carpintero cabo de obra, Maestre de la Nao Almiranta, que eran de una tierra y casi se tratavan como parientes, y otros estrangeros, y algunos soldados, y otras personas amigos y criados de estos, tenian tratado y concertado de tomar el Patax San Juan y que irian á Butuan y á otras Islas de este Archipielago, y ansi mismo tomarian los Juncos de Burney y de Luzon y Venduro que tratan por estas Islas, y que robarian todo lo mas que pudiesen, y se podian ir por el Estrecho de Magallanes y si tomasen la costa de la Nueva España irian á Guatemala y Peru y se podian pasar desde alli á España, sin ser sentidos ni conocidos, y de alli á Francia, y á sus tierras donde quisiesen, y que si no quisiesen, ó no hallasen los tiempos favorables, por esta derrota se podian ir la vuelta de Malaca donde los Portugueses les recivirian bien, y les harian cortesia y agradecerian haberse huydo de este campo y Real, y les darian pasaje á Portugal de donde podian conseguir su efecto, y parecioles poderlo hacer y salir con ello con facilidad, porque el Juan Maria como era Maestre de la Nao Almiranta, tenia en su Nao y poder toda la artilleria, polvora y municiones que estava en la Nao Almiranta, ansimismo tenia de su mano los Marineros, especialmente los estrangeros, y Pablos Hernandez tenia muchos amigos y soldados; y ansi lo trataron con muchos, harto aparejo hallaron: el Pablo Hernandez havia de ser Capitan y caudillo del negocio, y lo havia de regir todo, y el Juan Maria seria el General, y despues de estos los mas principales fueron el Piloto Francés y otros estrangeros de mas valor, y tambien huvo algunos Españoles que metieron la mano en el negocio, é persuadieron á otros que fuesen en ello; y pareciendoles que no les faltava nada é que era buena coyuntura propusieron de ponerlo en efecto, é concertaron que el Martes que se contaron 27 de Noviembre de 1565 saldrian de este campo, y para que los que quedavan en él no pudiesen ir tras ellos ni enojarles tenian concertado antes que partiesen de dar barreno á la Nao Almiranta y á las Fragatas, y que se irian seguros y salvos, sin que nadie les pudiese enojar. Y aquella noche, poco antes de la media noche, teniendo embarcados en el Batel ciertos tiros y velas y otras cosas de la Nao Almiranta para llevar el Patax San Juan para el efecto, permitió Dios que lo dexasen y lo dilatasen para la noche siguiente: la causa ni razon dello no se sabe, mas de que el Juan Maria dixo, que lo dexasen por entonces, y mandó tornar á meter en la Nao todo lo que havian embarcado en el Batel, y ansi parece que fué permision divina. Aquella noche algunos Marineros que estavan en la Nao, que no sabiendo el trato decian y preguntavan, que para que efecto se embarcava aquello en el Batel, pues las Fragatas estavan varadas en tierra, y no havia donde ir; y el Piloto Fortun Ximenez que era uña y carne del Juan Maria y muy su amigo les dixo, que el Maese de Campo lo havia mandado é que no curasen de saver para que era, sino hacer lo que les mandasen, y ansi les taparon las bocas; y despues se sospechó ser el dicho Piloto uno de los de la liga.

Otro dia Miércoles 28 del dicho mes por la mañana, inspirándolo Dios, ó por lo que él sabe, el Juan Maria fué al Maestre de Campo y le dió parte del negocio, sin declarar la persona ni otra cosa, mas de que le dixo que el Pablo Hernandez cabo de Esquadra, era de su tierra y su amigo, le persuadia que fuese con él, y que no estuviese perdido aquí, y que el dicho Pablo Hernandez con otros amigos suyos que querian ir, y que él por lo que devia al servicio de S. M. se lo decia y avisaba para que pusiese el remedio en ello como mas conviniese: el Maese de Campo se lo agradeció y prometió favorecerle, y le perdonó lo que contra él se hallare en este caso por havello descubierto, y luego fué á dar parte al Governador, el qual le mandó que le prendiesen luego al Pablo Hernandez, y le hiciese decir por bien ó por mal los mas que fueron con él en el trato, é los que hallase culpados los castigase sin dilacion alguna como tan grande delito y maldad merescia, y que lo primero que hiciese fuese poner guardas en el campo para que ninguno pudiese salir ni huirse; y el Maestre de Campo dixo, que ansi lo haria, por que queria disimular hasta que fuese mas tarde para hacerlo de noche con menos escándalo: el Governador se lo encargó mucho como cosa que tanto importava, é luego se pusieron personas de confianza al derredor del Real, sin decirles mas de que no consintiesen salir á nadie fuera, y en anocheciendo el Maese de Campo embió á llamar á Pablos Hernandez, y el mismo fué tras del mensagero á la posada del Pablos Hernandez, y no le halló en casa, mas de que le dixeron que en cuerpo havia salido por allí, y él lo fué á buscar por el Real lo mas disimuladamente que pudo, y antes que le topase parece que le topó algun soldado de los que vieron que andavan á buscar, y le dixo como el Maestre de Campo le andava á buscar, que fuese allá, y él como malhechor que sabia lo que traia en el pecho no osó ir ante él, antes ansi como estava en cuerpo con su espada en la cinta, sin ir á su posada ni á otra parte alguna se metió en unas erbazales grandes que havia en el Real, é se agazapó y escondió, donde estuvo aquella noche: el Maestre de Campo anduvo por todo el Real y las centinelas á buscarle, y no le hallavan, y despues dió parte dello al Capitan Martin de Goyti, y despues ambos le anduvieron á buscar toda aquella noche, y como las centinelas afirmaron no haver salido nadie fuera, y no parescia en todo el Real, el arcabuco está cerca y la espesura de la yerva grande, tuvo entendido se le havia huido, y arto despechado vino á dar parte dello al Governador, de que no poca pena tuvieron todos: el Governador mandó al Maese de Campo que inquiriese de Juan Maria los que podian ser en el trato, ó eran mas amigos y familiares del Pablo Hernandez, é lo tornase á inquirir é saber quien lo podia saber, para que se descubriese y se tuviese claridad del negocio y que en ello se pusiese muy gran diligencia. El Maestre de Campo anduvo rastreando hasta que topo algunos indicios y prendió al Piloto Francés y á Jorje Griego, Maestre Andrea, á Guillermo, é á Juan griego Florentin, Gerónimo la Fosa, Francés, y á Estefan é otros estrangeros, y tomandoles las confesiones el Geronimo de la Fosa, Francés, luego que le prendieron rogó al Maestre de Campo que no le hiciesen mal, que el diria la verdad de todo lo que supiese, y ansi espresamente confesó como Pierres Plin, Piloto Francés, le dió parte y dixo como tenia concertado de irse con él en el Patax San Juan y que llevarian por Capitan á Pablo Hernandez, é les señaló otros que sabian del trato y que ivan muchos, y le rogó y persuadió que fuese con ellos, y el se lo havia concedido y que estavan concertados que fuese anoche, y como el Maestre de Campo anduvo á buscar á Pablo Hernandez para prenderlo, se havia desvaratado la partida: otros de los presos, aunque al principio lo negaron en sus confesiones, lo vinieron despues á confesarlo, y se descubrió el motin y todo lo que tenian concertado, aunque no savian de todas las personas que estavan unidos y havian de ir más de que el Pablo Hernandez, y Juan María, eran cabezas y caudillos del negocio: aquella noche amanecieron ahorcados el Piloto Plin, Francés, y Jorje Griego. Estando confesado para lo mismo Maese Andrea calafate ocurrieron al Governador el Padre Prior y religiosos, y otras personas principales del campo, clamando misericordia y suplicar cesase el castigo dandole muchas razones, de que Dios Nuestro Señor y S. M. serian mas servidos usando della que del rigor, teniendo la necesidad que havia de hombres en el campo, y que no havia donde les rehacer, y que el castigo hecho sería escarmiento bastante para los demas, y no pudieron alcanzar de él nada por que estava muy enojado de una maldad tan grande sin ocasion ninguna; solo le pudieron sacar de que por aquel dia se suspendiese la ejecucion de la justicia. El Pablo Hernandez, visto que sus consortes estavan presos, ocurrió al Monasterio á rogar le diesen el Abito para escapar la vida, por que de otra manera no tenia remedio: el Padre Prior considerando la fealdad del delito, y quan indignado estava el Governador, le dixo, que no podia escapar la vida por aquella via, porque aunque le diesen el Abito tenia entendido que el Governador le sacaria y haria justicia de él, y ellos no serian para defender, que buscase su remedio por otra via, y ansi determinó de irse y meterse en un arcabuco pensando guarecerse entre los Indios: el Governador tenia ya prevenidos á los Indios que le buscasen y se lo traxesen, y prometió premio al que lo descubriese, y en el campo echó vando, que quien quiera que supiese dél le viniese á decir só pena de muerte, y que no le diese nadie de comer, ni armas, ni otra cosa alguna, só la dicha pena, demas que havia espias secretas para los que salian y entraban en el Real.

Otra noche siguiente el Pablo Hernandez acosado de la hambre se descubrió á un Indio de Zebu, y le dió algo de comer, el qual le llevó á su casa, y para meterlo encubiertamente le pidió la espada y la daga que llevaba, y lo metió en un aposento, y le dió á comer, y dexandole comiendo fué á llamar á otros Indios para prenderle, y se juntaron otros Indios y como el Pablo Hernandez sintió la gente, barruntando lo que podia ser, saltó del aposento en que estava y echó á huir al arcabuco, y los Indios le corrieron un rato, sino que como el Governador les havia mandado no le hiciesen daño, sino prenderle, no le osaron herir ni asirle, y ansi se les escapó y le perdieron de vista con la escuridad de la noche, y otro dia por la mañana vinieron los Indios al Real á dar cuenta dello, y le truxieron la daga y espada que le havian quitado, y mandó el Governador que otra vez que le viesen le prendiesen, y sino pudiesen prender que le matasen y se lo truxesen muerto ó vivo. El Pablo Hernandez viendo que en los Indios no tenia favor, y que lo prenderian ó lo matarian si á ellos volbiese, determinó de volber á los religiosos rogandoles que le procurasen la vida de qualquier arte que fuese y se lo alcanzasen del Governador, y ellos lo hicieron ansi, y se lo procuraron y le importunaron al Governador sobre ello, ansi ellos, como otras personas no lo pudieron alcanzar, y visto que no tenia remedio le aconsejaron, é determinó de morir como christiano por no perder el anima, y se descubrió a su Capitan rogandole de que se le alcanzase termino hasta otro dia á medio dia para encomendar su anima á Dios, el qual lo hizo ansi, que luego le prendió y le aprisionó, y le tuvo en su posada con gente de guarda: aquella noche se confesó, y el Maestre de Campo le tomó su confesion, al qual ansimismo le rogó le procurase la vida si posible fuese, y confesó el trato concertado haber sido como arriba es dicho, é que él havia sido cabeza é caudillo de todo. Otro dia á medio dia le sacaron con pregon público y le ahorcaron, y despues le quitaron la cabeza y la pusieron enclavada en un palo de la horca, en memoria y escarmiento de otros. Hecha esta execucion, los Religiosos y otras personas principales del campo cargaron del Governador cesase y no pasase mas adelante el rigor, y por conceder con ellos, y por muchas causas que á ello movieron, hizo perdon general en nombre de S. M. y les perdonó lo pasado con que en lo venidero sirviesen á S. M. fielmente, y en la Iglesia hizo traer ante sí á todos presos, y delante de muchas gentes que se hallaron presentes les hizo una platica y razonamiento reprendiendoles su mal tan grave, y culpa, ansi á los presos, como á todos los demas que havian participado en el delito, y las penas que merecian por ello, y el castigo que pensava hacer sino le fueran á la mano, pero para que viesen y conociesen la grandeza, bondad y clemencia de S. M. que él en su Real nombre les perdonava por esta vez, y que los tenia en la misma voluntad y amor que los havia tenido antes que este delito cometiesen y que este perdon era general á los presentes y ausentes, con que los que no havian sido presos por el negocio fuesen á él á decirle en secreto la parte que del negocio y delito pasado havian tenido, participado, sabido, ó entendido, y que esto él guardaria para sí secreto, y no se acordaria dello en ningun tiempo para con ellos, ni por ello no merecerian menos en lo que á S. M. sirviesen en lo por venir. Dió tan grande contento en el campo este perdon y platica, que todos quedaron satisfechos, y dieron muchas gracias al Governador, y despues acudieron muchos á decir y confesar cada uno su culpa, asi soldados como marineros, prometiendo ser otros que hasta aqui, y de servir á S. M. con toda fidelidad todos los dias de su vida, y de esta manera se apaciguó y allanó tan gran maldad como quisieron hacer y tenian concertado: parecieron ser mas de quarenta personas los que estavan conjurados: sola una cosa mandó el Governador á los estrangeros, que ninguno dellos hablase otra lengua sino la Española, pues la savian todos, só ciertas penas; entendiose que algunos dellos que fueron en este tratado, estuvieron en el Puerto de la Navidad conjurados de huirse con el Patax San Lucas, y que despues viniendo por el golfo quisieron desrotarse y apartarse de la Capitana, y que una noche de gran escuridad amaynaron las velas en la Nao Almiranta para el efecto, dando á entender que les parescia que la Capitana havia amaynado, y que estava mar en traves siendo cautela lo que decian, é que el Maestre de Campo se enojó dello mucho y mandó hizar las velas, y amenazó y juró á los Pilotos diciendo que si perdian de vista á la Capitana y su farol, los colgaria de la entena por el mismo caso, y que por esta causa y temor del Maestre de Campo no osaron poner por obra lo que quisieran, y tambien porque el Maese de Campo no se descuydava ya con ellos, y tenia particular cuydado de seguir la Capitana é no perderla de la vista, ansi de noche como de dia; y aunque los Pilotos de la Almiranta le decian que la Capitana no governava bien, ni llevaba buena derrota, les decia y mandava, que como quiera que fuese la siguiesen y no curasen de otra cosa, ni la perdiesen de vista, sino que tuviesen por cierto que los havia de ahorcar; y lo que no pudieron efectuar por allá lo quisieron hacer acá.

Despues de haver aciguado este Motin el Governador mandó y rogó á los Indios Principales de Zebú, que fuesen á buscar comida comprada; todos tenian necesidad della, asi los soldados como ellos, y que les daria con que la comprasen por que el no queria embiar su gente Española, por que no hiciesen daño, y robasen á los Indios donde llegasen, ni tampoco sabian donde podrian hallar comida; y pues los que havia embiado primero á Panae no venian, ellos que savian la tierra era justo la buscasen para ellos y para los Españoles, é algunos dellos se ofrecieron que lo harian, á los quales les dió plata y tostones, oro y rescates para mas de quinientas hanegas de arroz, y Patax en que fuesen, y ansi se partieron cinco Paraos dellos diciendo que ivan á la Provincia de Baybay á diversos pueblos della, que es en la contra costa de Abuyo donde se detuvieron mucho tiempo, mas de lo que se pensaba, y ellos havian prometido, y se tuvo entendido que se detenian y dilatavan la venida cautelosamente, ansi ellos, como los que fueron á Panay, y creyendo que la necesidad y la hambre nos echarian y desalojarian de esta Isla, y era ansi, que cada dia era mayor la necesidad de comida y la hambre mas: ya no se dava mas de medio quartillo de borona por limpiar cada dia, que despues de limpia no quedaba la mitad, y con esto y con algunas yervas que se cogian del campo se pasavan: algunos soldados dieron en comer gatos y ratones de que en esta Isla hay abundancia. El Governador en este tiempo despachó al Capitan Martin de Goyti en las Fragatas é Bateles con cien hombres á los pueblos enemigos de los de Zebu, á buscar alguna comida, que á los demas pueblos no queria se les hiciese daño; y ansi mandó al Capitan Martin de Goyti que en todos los pueblos que llegase procurase de traerlos de paz á nuestra amistad, y que á los que viniesen de paz no se les tomase nada sin que se les pagase; y andando por ella el Capitan recogió alguna borona y embió un Batel cargado dello al Governador que llegó al Real la vispera de Navidad, que no poco contento y regocijo dió su llegada; para vispera de año nuevo siguiente llegó otra Fragata que el mismo Capitan embió con mas borona, y embió á decir al Governador que de quatro ó cinco pueblos de aquella costa se havian ofrecido de venir de paz, y querian ser vasallos de S. M. y que los havia recivido por tales, y ofrecidoles todo el favor, y que le embiase algunos rescates para darles por que lo hiciesen de mejor gana; los quales le embió luego rogandole que procurase mucho dejarlos de paz y seguros, y que si alguna comida se les havia tomado se les pagase como quedasen contentos, y que concluydo esto se volbiese al campo. La vispera de los Reyes llegó otra Fragata que envió el dicho Capitan Martin de Goyti con mas borona, y su llegada quitó parte de la hambre, por que se acrecentaron algo mas las raciones, y la gente tuvo algun tanto mas contento que hasta alli, é dende á pocos dias llegó el mismo Capitan con toda la gente, y dió noticia como havia recivido cinco pueblos de aquella costa que vinieron á él, diciendo, que querian ser nuestros amigos y vasallos de S. M. y que por estar al presente destruydos, no tenian que dar, que adelante holgarian de dar su tributo de lo que hoviese en la tierra y que por esta causa no les havia tomado comida ni otra cosa, antes les havia dado cedulas de seguro para que no se les hiciese daño alguno, y los havia dejado quietos y pacíficos, lo qual le agradeció el Governador.

El dia de los Reyes en la noche llegó á Zebu Simaquio Principal que por mandado del Governador havia ido á Panay á comprar arroz, é luego que supo su venida embió el Gobernador allá á saber como venia, y embió á decir que venia bueno de salud, y quese havia adelantado en una canoa pequeña de la compañia, y que otro dia por la mañana vernia á dar cuenta de lo sucedido, y lo que traia: otro dia vino Simaquio con Tupas á ver al Governador y le dixo como no havia podido venir antes con tiempos contrarios, y que des que salió de Panay havia tardado en el viage tres meses, é se havia perdido un Parao de arroz que traia para el Governador, y no escapó mas que el casco é la gente, y que los havia mandado volber á Panay para que tornasen á cargar de arroz, é por esta causa era poco el arroz que traia: preguntado qué tanta cantidad traia para darle? dixo, que doce cestos que prometió de traer, no le traia ni podia dar al presente mas de quatro, que venido el otro Parao que havia vuelto atrás le daria la resta: el Governador disimuló con él, é le mandó que viniesen todos los Paraos que traia en su compañia para que le diese lo que pidiese, y que visto lo que traian los Paraos el holgava de que les quedase arroz para los Indios de Zebu, por la necesidad de hambre que savia que padecian, y que seto[17] á su contento dellos, aunque se entendió que era cautela é mentira lo que de la perdida del Parao del arroz, y que lo hacian por quedarse con él. Simaquio quando paresció con el Governador se concertó de que traeria é daria al Governador doze cestos de arroz, que cada cesto hacia veinte hanegas largas, y tantas le pagó conforme á lo que entre ellos se concertaron, é dexó el cesto hecho y medido y señalado para que quedase por medida, y dixo, que en quatro ó cinco Paraos traeria todo aquel arroz. Otro dia siguiente llegaron al Puerto siete Paraos los quatro dellos decian ser de Simaquio, y tres de los Indios de Panay, y que venian en su compañia, é surgieron junto á las Naos, y los de Panay salieron á ver al Governador, el qual le rescivió bien con palabras y muestras de todo contento: venidos los Principales de Zebu, Tupas rogó al Governador, diciendo, que un Parao de los quatro que traia Simaquio era suyo, y venia para él, que le rogava se le dexase sin tomar nada de él; el Governador le dixo, que bien savia y le era notorio, que Simaquio por su mandado y ruego havia ido por aquel arroz á Panae, y él le habia dado oro con que lo comprase, y concertadose con él de le traer doze cestos, y que se lo pagó á su contento, y que siendo esto asi como era verdad, justo era que se cumpliese con él primero, y lo que sobrara para los Indios havia de ser, y que no obstante esto, que viesen ellos lo que era justo y querian que se hiciese, por que el los tenia como hijos, y por la necesidad que savia que tenian holgaria de partir con ellos, de manera que los unos y los otros se remediasen: El Simaquio dixo, que daria al Governador cinco cestos, é que traia uno de aquellos Paraos suyo, y rogó que lo demas le dexasen para repartir á los Indios de Zebu que morian de hambre, y que él iria otra vez por más arroz y pagaria la resta al Governador; el qual visto la necesidad de los naturales, concedió en ello, é les dixo que se hiciese como ellos quisiesen que tambien havia de procurar su bien de ellos como el de los Españoles; é comenzando á entregar el arroz é hinchendo la mitad del primer cesto, Simaquio, que era muy grande, y que él se havia engañado por que le havia costado mas en Panay y que si lo quisiese que perderia dineros de su casa, y ansi quitó de la medida mas de dos hanegas, y dió cinco medidas no llenas que ternian noventa hanegas poco mas ó menos, y los otros tres Paraos se llevaron cargados sin que se tocase en ellos, con que los Principales y todos fueron muy contentos, y se remedió la hambre de los de Zebú, y aun algunos dellos lo vendian muy caro á los soldados.

El Governador hizo paz é amistad con los de Panay que vinieron en los otros tres Paraos, y trató de comprarles el arroz que traian y concertado en el precio con ellos á su voluntad, les dixo, que se lo queria tomar todo é pagárselo junto, porque no se detuviesen ni tardasen en venderlo poco á poco: ellos dixeron, que ansi lo querian, pero la paga havia de ser en oro, y no en otra cosa, y el Governador les prometió que ansi seria, y comenzaron á entregar y medir y dieron casi otras noventa hanegas, y dixeron, que no podian dar mas, porque lo havian menester para su comida, y porque algunos dellos eran casados en Zebú y tenian deudos con quien repartir y á quien dar, y tambien para comprar algunas menudencias para llevar á su tierra, aunque entendió el Governador que lo dexaban de dar por inducimiento de los de Zebu: les dixo, que fuese como ellos quisiesen, é ansi no dieron mas, é se pasaron al pueblo de los Indios á Zebu, donde vendieron lo que les quedava á precios mas subidos: el Governador les pagó lo que le dieron muy á su contento, y los despidió, y fueron muy contentos, y quedaron vernian otra vez con mas arroz y comida.

En este medio tiempo unos Indios de la Provincia de Baibay, que es en la contracosta de Buyo y Cabalian, dos jornadas poco mas ó menos de esta Isla, donde decian que se havian acogido los de Matan y Gavi, con su favor y consejo dieron ciertos saltos y entradas en esta Isla, y llegó á tanto su desverguenza que vinieron á robar hasta junto al Real al Pueblo de Mandam que está una legua del Real y son amigos de los Españoles, cautivaron y llevaron mas de treinta personas, é los de Mandam avisaron dello al Governador, y le dixeron, que los de Baybay decian y publicavan que havian de venir á quemar el Real de los Españoles, y les persuadieron que les hiciese guerra. El Governador embió á dos Principales de Zebu á Baybay á rrogarles y rrequerirles que soltasen á los que havian prendido de Mandam, que haciendolo los ternia por amigos, donde no que supiesen que havia de volber por ellos que eran sus amigos, y procurar su libertad y satisfaccion, y hacerles guerra sobre ello, y de este mensaje dicen mofaron mucho los Baybayanes, y no solo no quisieron hacer lo que se les pedia y requeria, pero que tornaron con mayor poder á Mandam é robaron lo que pudieron é mataron ocho ó diez personas, y prendieron á un Principal que se dice Tabduc, y lo llevaron preso y los demás naturales de Mandam se huyeron la tierra adentro á la sierra, y despoblaron del todo su pueblo; é vista esta desverguenza, el Governador con parescer de los Religiosos, y de los Capitanes, e otras personas del campo, determinaron de procurar la livertad de los de Mandam que eran vasallos de S. M. amigos nuestros, y que sino lo diesen por bien de paz, se les hiciese guerra á los de Baybay é fuesen castigados conforme á sus delitos, y descodimientos, y lo cometió al Maese de Campo que fuese á ello con la gente que menester fuese y le pareciese, aunque esta ida allá se difirió y dilató algunos dias á ruego de los de Zebu que rogaron al Governador, que no fuese tan presto, diciendo, que havia muchos Paraos é mucha gente suya en la costa de Baybay, ansi de los que fueron por mandado del Governador á buscar arroz y comida, como de otros que havian venido á contratar por allá, y que si los Españoles fuesen, los matarian á todos, que le rogava se sobreseyese la ida hasta que su gente volbiese, y por esta causa se dexó la ida por algunos dias.

Como la ida de Baybay se dilatava, el Governador despachó al Maese de Campo, y al Capitan Martin de Goyti á la costa de esta Isla ácia el Poniente á los pueblos que el Capitan Martin de Goyti havia recivido de paz en otro viaje, para que los asegurase é fuesen asido que siendo nuestros amigos no se les haria daño, antes los favoreceriamos, y que si pudiesen traer de paz otros pueblos de aquella costa y comarca lo hiciesen y procurasen, é ydos allá salieron de paz los pueblos que tenian cedulas del Capitan Martin de Goyti, mostrando las cedulas, y mostrando ser vasallos de S. M. é ansi ellos como otros quinze ó diez y seis pueblos de aquella costa vinieron de paz y se ofrecieron por vasallos de S. M. y algunos dellos dieron millo é arroz, lo que tenian de comida; dieron unas orejeras de poco peso que por todas fueron veinte y una orejeras, y este fué el primer oro que dieron en estas Islas para S. M. El Maese de Campo los rescivió de paz á todos y los dexó quietos y sosegados, dandoles cedulas de amistad é seguro, y sino se las dan á todos no se contentan, y con todo volbió al campo y se tuvo por buen principio, que no saben que cosa es dar tributo, porque nunca lo hicieron ni lo han visto hacer, ni tienen sujeccion á nadie, sino que cada uno hace cabeza de su juego, y ansi los mas de los pueblos son pequeños de á quince, y veinte, é treinta casas, y de menos, y de mas; pero por la mayor parte cada Principal, sus hijos, deudos, y esclavos están por si, sin tener cuenta ni respeto á otro ninguno, antes unos á otros se hacen mala vecindad, y se roban y toman todo lo que pueden, que es gente, que ofreciendoseles ocasion hacen á toda ropa, aunque sea de sus padres propios, y ansi lo dixeron y dieron á entender en este viaje al Maestre de Campo, diciéndole que mas mal havian recivido y recivian de sus propios vecinos que no de los Españoles aunque les hiciesen guerra, porque como se metian la tierra adentro huyendo de los Españoles, dexavan sus haciendas enterradas, que sus mismos vecinos se las sacavan y rovaban unos á otros, y se veia por esperiencia esto en Mandam, que el dia que los naturales dél desmanpararon el pueblo por miedo de los de Baybay, los de Zebu ivan á rovar y ranchear todo lo que podian haver, con ser los de Mandam sus amigos y deudos muy cercanos no les dexavan estar en pared, hasta las redes y cañizos que tenian de pescar se los traian, aunque el Governador se lo reñia y afeava no lo dexavan de hacer, que su propia naturaleza y costumbre es hurtar y robarse unos á otros lo que pueden y tienen por grangeria principal entre ellos de tomar y hurtar todo lo que pueden y tienen todas las veces que se ofrece ocasion, sin tener respeto de cuyo es, aunque sea de su propio hermano, que en esto no se ahorran en cosa ninguna.

Vuelto que fué el Maese de Campo de la jornada arriva dicha se despachó y partió para Baybay como estava acordado, é fué con él por guia Simaquio Principal de Zebu, y no hizo provecho su ida, por que los llevó y guió al Pueblo de Caramucua, é no á el de Labazan que era el mayor y mas principal donde havian estado presos los de Mandam, y no halló cosa ninguna en Caramucua mas de las casas despobladas sin comida ni otra cosa alguna aunque entró por la tierra adentro, y no pudo haver gente ni Indio alguno, é de allí dió la vuelta al pueblo de Calabazan, donde asimismo estavan alzados é huydos, que paresció fueron avisados: salieron á los Españoles tres ó quatro Indios diciendo ser naturales de Zebu, y les dixeron que ellos irian á llamar á los naturales Principales, y los traerian de paz, que les esperasen dos dias sin que los Españoles saltasen en tierra ni hiciesen daño, y el Maese de Campo se lo prometió y les aguardó dos dias y nunca vinieron, y se entendió haver sido cautela, y ansi determinó de entrar la tierra adentro, y Simaquio y los de Zebu que ivan con él no quisieron ir con los Españoles, diciendo ser sus amigos, por donde se vió claramente ser todos á una, y que no pretendian sino engañarnos. Entraron los Españoles por la tierra adentro tres ó quatro leguas, donde halló algunos pueblos sin gente ni comida, sino alzado, escepto algunos puercos que mataron para comer; y en un pueblo de aquellos mataron un Grumete estando en un rio desnudo para querer nadar, y le atravesaron por el costado una lanza arrojadiza desde el alcabuco, sin ver quien lo hiciese: el Maese de Campo hizo poner fuego á las casas y quemó aquel pueblo y otros de la comarca, y á dos ó tres Indios que prendió en unas emboscadas que les puso, los ahorcó, é con esto se partió de allí, é por no haver hallado comida ninguna determinó costear la costa, y ansi la fué corriendo hasta el pueblo de Sugud, sin hallar comida sino fué un Parao que tomó en la mar cargado de camotes con que se sustentó la gente que llevaba, y desde Sugud pasó á Cabalian creyendo hallar comida, pues eran amigos, é tambien los halló alzados é huydos: é ansi se volbió sin traer nada, sino fué un poco de arroz que halló en Sugud de vuelta, con que tuvo que comer la gente que traia. En esta costa de Baybay á la ida el Capitan Martin de Goyti topó un Junco de Luzon que venia de Butuan é iva á su tierra, y á lo que se entendió llevaba harto oro, y lo llevó donde estava el Maese de Campo sin les tomar cosa alguna, y sin les hacer daño, é allí dixeron ser naturales de Luzon, y que eran amigos de los Españoles que venian con intento de pasar por Zebu á ver al Governador, y que ansi lo harian, aunque no lo cumplieron. Aunque no lo hicieron despues, ni vinieron á Zebú, el Maese de Campo por cumplir lo que el Governador le havia mandado de que no hiciese daño á ningun extrangero los dexó ir libres sin los tocar en cosa alguna: de esta ida de Baybay se siguió solo un efecto, que fué, que muchos naturales de Zebu y de toda esta comarca que havian dexado su tierra por no venir á nuestra amistad, y se havian acogido á aquella Provincia, como vieron que tampoco estavan seguros allí, muchos dellos procuraron volber á sus tierras, é algunos dellos vinieron al Governador á pedirle perdon é licencia para volber á sus casas é pueblos, la qual se les dió liberalmente, ecepto los de Matam y Gavi, que nunca han querido paz, ni venir á nuestra amistad, é se quedaron por allá, y malsinavan y persuadian todo lo posible para que no hiciesen paz ni tuviesen amistad con nosotros, por que nos persiguiesen, y casi todos generalmente amigos y enemigos eran á una en procurar de echarnos de aqui por hambre á ello, lo qual se vió claramente, por que los de Zebú y los otros pueblos de su comarca que estavan de paz no sembraron ni hicieron sementeras en sus tierras, é vinieron á tener ellos hambre por ponerla á los Españoles, y todos los que fueron á comprar arroz y comida con sus dineros, que les dieron para ello, como arriva queda dicho, faltaron, que ninguno traxo recaudo, que no lo hallavan á comprar, é con otras mentiras é cautelas, que sino fué los cinco cestos que dió Simaquio, y otra alguna cantidad que se halló en los Paraos que volbieron dellos, no se pudo otra cosa sacar, y se vino á entender, que los tres Paraos que traxo Simaquio, diciendo ser de Panay, fué cautela y mentira, sino que todos los siete Paraos que traxo eran del mismo Simaquio, y el arroz era del oro é dineros que el Governador dió para ello, y por quedarse con ello y venderselo como lo vendió, dixo, ser de Panay; y con todo disimuló con él sin decirle que havia fecho, ni darle á entender que se havia entendido su bellaqueria, porque el Governador siempre procuró de no quebrar con los de Zebú por ninguna via, sino conservarlos en su amistad, y ansi procuró de regalarlos y hacerles muchas buenas obras, como se las hizo, sin parar en las cautelas y mentiras que con él tratavan; y verdaderamente segun las astucias y maldades de los naturales, si Dios misericordiosamente no los proveyera, se vieran en mayores travajos y necesidades de las que se vieron, y ansi dos ó tres veces estando en harta necesidad y travajo, sin saber por donde, ni cómo, llegaron al campo ciertos Paraos de mercaderes Moros de Luzon cargados de arroz, con que se remedió y tuvo que comer el campo, á los quales el Governador hacia muy bien acogimiento, é se lo pagava á su contento, y de esta manera se sustentó el campo, que si hovieran de sustentarse haciendo guerra á los naturales, se tiene por cierto se perdieran ó perecieran, á lo menos tuvieran muy mayores travajos de los que tuvieron.