Despues que los naturales se hartaron de cuentas, cascabeles y otros rescates y menudencias comenzaron á pedir oro y hierro por lo que traian á vender: no lo querian dar de otra manera; y ansi rescataron por hierro, y otras cosas menores, que no parava clavo, ni hierro, ni aro de pipas que pudiesen haver, hasta que el Governador mandó que ninguno fuese osado á rescatar con hierro cosa alguna, ni darlo á los naturales, y castigó algunos sobre ello, y comenzó la gente á darles por vino, gallinas, y pescados en los paños de manos, camisas y otras cosas de su vestir como gente muy inconsiderada y mandandoles que no lo hiciesen se daban á perros.
En este tiempo tuvo el Governador noticia de un poblezuelo que estava dentro de un estero de un Alcabucal y mal pais, fuerte, casi una legua del Real y que alli tenian los naturales muchas armas y municiones de guerras, é que los de aquel pueblo fueron los que mataron á traycion á Pedro de Arana, y enbió alli una noche al Maestre de Campo, y al Capitan Martin de Goyti; y aunque entraron con travajo por ser pedregal y mal pais baxo no podia llegar el Batel y Bateles, entraron en el pueblo y huyosele la gente toda, sino fuera quatro ú cinco Indios que tomaron: quemaron algunas casas é mucha cantidad de lanzas y arcos y flechas que tenian, y ansi se bolvieron; y los Principales de Zebú certificaron al Governador no ser aquéllos los que mataron á Pedro de Arana, sino de otro poblezuelo mas adelante, cerca de alli que se dice Ganiabu, que era verdad que el Parao en que vinieron á Matan pasó por alli, y despues se entendió que todos fueron en ello, y que los Indios de Zebú lo supieron y consintieron en ello, y con todo el Governador disimuló con ellos sin les dar á entender ellos fuesen culpados en el caso. El Tupas trató diversas veces con el Governador, se holgaria y querria que los de Matan fuesen nuestros amigos: el Governador siempre dixo que si, que se viniesen de paz, y reciviria, y los ternia por amigos, que los hiciese llamar y venir, y el decia, que si, y nunca vinieron, hasta que un dia el mismo Tupas dixo, que él queria ir allá en persona y traerlos y ansi fué en un Parao, y al cavo de tres dias volbió y dixo, que se habian huydo y despoblado su pueblo y casas los de Matan, y los de Gain, que se havian ido á otras Islas y pueblos comarcanos, que eran enemigos de los de Zebú, aunque á lo que despues pareció fué ficcion ó trato doble: el Governador desimuló luego con él, y le despidió con buenas palabras, diciendo, que no se le dava nada de ellos pues no querian su amistad: y el Tupas tornó á decir que él procuraria de saver donde havian ido y de los llamar y traer de paz: el Governador le rogó que lo hiciese ansi. Estos de Matan estuvieron siempre muy contumazes y rebeldes de no querer paz, antes se entendió les aconsejaban á los de Zebú como á los demas no la tuviesen con nosotros, diciendo, que ellos nos matarian, u á lo menos por hambre nos echarian de aqui, y ansi hacian todo el mas daño que podian donde quiera que llegaban, y una tarde casi á la noche se entraron por el Puerto de la parte de Levante quatro u cinco Paraos, los quales no queriendo llegar al Real pasavan desviados de las Naos como gentes estrañas y recatadas, y visto que eran estrangeras mandó el Governador al Maestre de Campo fuese en una Fragata á reconocer qué gente era, el qual fue, y como los de los Paraos vieron la Fragata dieron á huir haciendose á lo largo á la mar, y el les fué dando caza hasta que los alcanzó, y tomó un Parao dellos, y los dos se huyeron á Zebú á casa del Tupas, y no los quiso seguir el Maestre de Campo, y por haverse acogido alli, y los demás se huyeron por anochecer presto y hacer muy escuro: la Canoa que se tomó fué casi con veinte personas, y aunque lo negaron se sospechó eran de Matan: el Maestro de Campo en viniendo al Real traia la canoa que tomó por popa de la Fragata, y llegando junto al pueblo de Zebú dió lugar que se echasen á nado los presos y se fuesen á tierra, y no truxo mas de solo dos Indios dellos, y la canoa: y estos dixeron ser de un pueblo desta misma Isla. Otro dia por la mañana vinieron Sicatepan y Simaquio, Principales de Zebú, y dixeron al Governador que aquellos Paraos y los Indios que havian prendido eran de Diluan, un pueblo con quien ya estava hecha paz y amistad: el Governador les dixo, si eran amigos porque havian huydo del Maestre de Campo, que no les iva á hacer daño, sino á saver de a donde eran: ellos dieron dello sus escusas, aunque el Governador entendió que no trataban verdad, porque discreparon de lo que los dos Indios que estavan presos dixeron: disimuló con ellos diciendo, que mirasen bien si eran naturales de Diluan, y que no le engañasen, porque los Paraos no havian pasado por las Naos como amigos, sino desviandose dellas como gente recatada, y que Tupas y ellos mismos los de Zebú lo tenian avisado, y que si topasen algunas canoas que no fuesen cantando, ó se desviasen de las Naos, que les tirasen porque serian enemigos; y que ellos todos vendrian cantando y derechos á las Naos, y á hablar, y no pasarian de otra arte; pero pues que ellos decian que eran amigos, creia que seria ansi, y dos Indios que traxo el Maestre de Campo, tenia presos, y que los queria soltar y dexar libremente ir á su tierra, y los hizo traer ante ellos y les dixo, como les dava su libertad y que se fuesen mucho de norabuena, y les mandó dar su canoa, y ansi los llevaron el Sicatepan y Simaquio consigo, y á la sazon paresció que Tupas estava ausente de Zebú, y despues que vino dende á ciertos dias Tupas descuvrió al Governador como el Parao é Indios que tomó el Maestre de Campo, é los demás Paraos eran de Matan, é que Sicatepan é Simaquio havian llevado á los dos Indios que el Governador libertó sendos taydes de oro de rescate diciendo que ellos havian sido causa de su libertad, y que á él no le querian dar parte de aquel rescate porque se halló ausente: el Governador, lo echó en risa, y lo disimuló con él, y se entendió claramente que ellos con los de Matan con ellos se travan cada dia, y eran todos unos, aunque no dexan de aprovechar los unos á los otros ofreciendose ocasion para haver interese, como fué lo que arriva esta dicho, porque no tienen ley padre con hijo, ni hermano con hermano, ni se tratan verdad.
Luego que el Governador llegó á esta Isla propuso y procuró de hacer un fuerte, y ansi lo puso por la obra, y toda la gente cada dia por la mañana y tarde entendia en ellos, sin respetar ni reservar alguna persona por que el mismo Governador, Capitanes y Oficiales travajaban quanto podian, el qual fuerte se hacia de palizada de palmas para despues hinchir de fagina é terrapleno entre-medias, y por falta de no haver piedra ni tierra, sino arenal en la punta donde se hacia; y asimismo mandó hacer tres Fragatas sobre tres Paraos que se huvieron de los Indios, y en esto entendian los Carpinteros, y toda la gente repartida en estas obras, y en ello padecieron artos travajos, ansi por ser la tierra caliente y haver mal de comer, como porque todos los materiales se traian de lexos y á cuestas de hombros, y sin ayuda ninguna de los naturales, porque era por demás pedirselo, aunque se lo pagaran, de cuya causa sucedieron algunas enfermedades generalmente en todo el campo que fué pachugera[16] y romadizo, y despues camaras, y lo postrero lombrices y calenturas, que fué general en casi todo el campo; y con todas estas enfermedades fué Dios Nuestro Señor servido que no peligrasen dello; y aunque havia falta de comida la gente travajava en las obras dichas y hacian buen rostro á los travajos y fatigas que padecian por servir á Dios y á S. M.
Tupas y los Principales rogavan y persuadian al Governador, que fuesen á hacer guerra y entrada en los pueblos de enemigos suyos, y el los dilatava y detenia con esperanza de un dia para otro hasta acabar el fuerte y algunas fragatas, porque en los Bateles no se podia hacer nada de lo que se pretendia por ser tan pesados, y como los Principales veian el buen tratamiento que el Governador les hacia, que les dava tan largo todo lo que ellos le pedian, Tupas le dixo un dia que su muger é hijas querian venir á verle, porque tenian grande deseo de conocerle, y el dixo, que se holgaria de ello, y que quando y como el quisiese lo hiciese, y ansi dende á pocos dias las traxo, y el modo de venir fué que las mugeres venian por si aparte en procesion de dos en dos, y á la postre la más principal, y ansi vino la muger de Tupas puestos los brazos á los hombros de dos mugeres principales, y delante su procesion de mas de sesenta mujeres cantando en alta voz todas ellas, y las mas traian sombreros de palma en las cabezas, y algunas guirnaldas de diversas flores, y otras de oro, y otras, manillas en las piernas y orejas y brazos, y anillos de oro en las manos, en los dedos, y todas vestidas de naguas ú faldinetes y mantas de colores, y algunas de tafetan: Tupas y los Indios vinieron por si aparte, y el Governador les recivió muy bien, y les dió de comer y beber a todos, y despues dió á la muger de Tupas, y á dos nueras, y dos sobrinas suyas, lienzo de ruan á cada una ocho varas, y cuentas de Margaritas y sendos espejos, y peynes, y á todas las otras mugeres cuentas de christalinas, y abalorio, y cascabeles y otras cosas, y las despidió y embió muy contento, y se fueron por la misma orden que vinieron con su procesion y canto, y dende á pocos dias hicieron lo mismo las mugeres é hijos de Sicatepan, é de Simaquio Principales, y que vinieron por la misma orden, con quien se hizo como con las primeras, y se volvian todas tan contentas que decian el Governador era su padre, y cierto les hacia obras de padre, porque demás de lo que les dió de los rescates de S. M. de su propia hacienda les dió mas de cien varas de ruan de cofre, y mucha cantidad de margaritas y cuentas, y espejos, y otros rescates; y siempre despues que llegó á estas Islas procuró de dar todo contento á los naturales, y que no se les hiciese agravio ni daño, ni se les tomase cosa ninguna de su hacienda sin paga en todas las partes que llegó é tomó tierra, y principalmente en esta Isla de Zubu, donde pensava vivir y permanecer y hacer vida con ellos, y con esto los apaciguó, é aseguró mucho, y dende algunos dias que estavan mas seguros, Tupas embió al Governador una India, diciendo ser su sobrina para que le sirviese, y con ella vinieron otras tres criadas suyas della, á la qual recivió bien el Governador, y la vistió y hizo dotrinar las oraciones de la doctrina christiana, y ella las tomaba bien, y despues de sabida la doctrina dixo, que queria ser christiana, y ansi pidió que le Bautizasen; y aunque el Padre Prior lo dilató algunos dias dandole á entender que cosa era ser christiana y lo que havia de creer y guardar despues de Bautizada, viendo su perseverancia la Bautizó á ella, é á su ruego á un hijo suyo de tres años, y á un muchacho y á una muchacha que tenia de su servicio de edad de siete ó ocho años, y esta fué la primera que se Bautizó y tomó la fee Christiana en esta Isla, y llamose Isabel, á la qual dende á poco el Governador la casó con Maestre Andrea Calafate Griego, Cavo de obra, ayudandole para su casamiento le hizo gran fiesta en sus bodas, y se hallaron en ellas todos los Principales de Zebú, y mostraron gran contento dello; y despues acá á imitacion suya han venido algunas Indias diciendo quieren ser christianas y Bautizarse, á las quales se les muestra la doctrina y las oraciones para el efecto, y ansi mismo se han Bautizado siete ó ocho niños, que se han muerto, de Indias que en el real sirven á soldados, y estas son las almas que hasta ahora se han ganado para el cielo, y cierto se tiene entendido, que si hoviese lengua ó Interprete que les predicasen nuestra fée, facilmente se convertirian mucho numero dellos: Dios por quien es lo encamine como él se sirva.
A cavo de mas de dos meses que la gente se ocupava en la obra, y fuerte y Fragatas como está dicho, Tupas y los Principales de Zebú vinieron al Governador y le pidieron favor é ayuda contra un pueblo enemigo suyo, diciendo, que ahora nuevamente los havian corrido ciertas canoas suyas, y les havian muerto tres hombres, é les decian que los de Zebú eran mugeres, pues havian consentido poblar en su pueblo á los Españoles, y que querian ir á vengarse dello, é saber si los Españoles les havian de ayudar, ó no. El Governador, por que no pareciese que faltava de su parte la condicion de la paz, les ofreció su ayuda, y ansi embió con ellos al Maese de Campo con cincuenta Españoles, y dieron en el pueblo de los enemigos y los destruyeron y mataron alguna gente, y los Indios amigos robaron todo el fardage del pueblo, y muchas canoas, que quedaron admirados y espantados de ver pelear á los Españoles, y de como subieron y entraron en el pueblo de los enemigos que estava en un risco y peñasco áspero y fuerte, y decian, que pensavan ellos que no osaran ni pudieran subir allá, y ansi dicen subieron con tanto travajo, peligro y riesgo de muchas guijas que se despeñavan de arriba: y verdaderamente la toma y entrada de este pueblo puso gran terror y espanto á los naturales de esta tierra. Venidos á repartir de la presa los Indios pedian que se partiese de por medio, el Governador, por ser la primera cosa que en su favor é ayuda se havia hecho, mandó dar todo á los Indios de Zebú, y no quiso tomar cosa ninguna dello, sino fué una canoa grande, para hacer una Fragata, con lo qual los Indios quedaron muy contentos, é con gran regocijo, é bien proveydos de canoas y otras muchas alajas, y dende en adelante cada dia importunavan al Governador, que fuese á otras entradas de otros pueblos enemigos suyos, y él disimulava con ellos por no tener acabado el fuerte, y les dixo, que antes que fuese á otra entrada ninguna, havia de proveer y bastecer el campo de comida, que le dixesen de donde y como lo podria haver, y ellos dixeron, que de la Isla de Panay que está quatro ó cinco jornadas se podian proveer, porque alli havia mucho arroz; y él los rogó que le fuesen por ello, que les daria con que lo comprar, é que traydo el arroz y bastecido el campo, entenderian en hacer guerra y entrada á sus enemigos; é un Principal que se dice Simaquio, á quien el Governador libertó é dió la muger é hijas se ofreció de ir por ello, y ansi se despachó y fué con dos Paraos, al qual le dió el Governador el oro para comprar el arroz, y un berso de hierro con dos camaras que pidió para su defensa del camino, y por otra parte despachó á otro Moro llamado Vapasilao que se ofreció de ir por arroz con otro berso, y recaudo para comprarlo; y despues que el fuerte estava cerrado de palizada aunque no lleno de tierra-pleno, mas de solos los caballeros en que ya estava puesta é asentada la artilleria, y se podia defender, y estavan ya acavadas dos Fragatas, constreñido por la falta de comida que havia en el campo, vino á conceder en el ruego de los Indios, de que fuesen á alguna entrada, y les dixo, que fuesen á donde huviese mucha comida, y ellos dixeron, que en esta misma Isla veinte leguas de Zebú, ó poco mas, estavan unos pueblos de enemigos suyos con quien tenian guerra, y que de allí se podrian proveer de mucha comida, y ansi embió al Maestre de Campo y al Capitan Martin de Goyti con cien hombres, con las dos Fragatas y Bateles, y con ellos mas de quinientos Indios de Zebú, y el mismo Tupas con otros Principales, y fueron á la parte que los Indios les llevaron, y los naturales se huyeron todos, que no osaron esperarles, ni pudieron haver á ninguno, pero en los pueblos hallaron gran cantidad de comida de millo y borona, puercos y gallinas, y algun arroz, de que se hincheron las Fragatas, y canoas de los Indios, y otra canoa que allí tomaron, y bolviendo con esta empresa que era de mucha cantidad de comida, lo que mas en el Campo se deseava y era necesario, les dió un temporal y tormenta que sozobraron muchas canoas y otras dieron al traves, y se ahogaron un soldado llamado Angulo y algunos Indios, y otros se escaparon á nado, alijando y echando á la mar la mayor parte de la comida que traian, y perdieronse seis ó siete cotas de malla y otros tantos arcabuzes, é de los que salieron á nado á la costa, mataron los naturales catorce ó quinze Indios de Zebú, é si el capitan Martin de Goyti que venia en la abanguardia no saltara en tierra é socorriera á los que salieron á la costa peresciera mucha gente que los mataran los naturales, y como el Maestre de Campo llegó con la retaguardia donde el Capitan Martin de Goyti, recogió la gente, por contentar á los Indios amigos, quisieron alguna satisfaccion del daño que los naturales les hicieron en la costa, y ansi entraron dos leguas por la tierra adentro y no hallaron nada, por que toda la gente les huyó, y á la vuelta en un alcabucal dexaron una emboscada donde cogieron un Indio, el qual les dixo que les llevaria á una ranchería de gente que estavan huydos, y fueron con él de noche á la ranchería donde hallaron y mataron mucha gente y prendieron quinze ó diez y seis Indias, é los de Zebú tomaron é robaron el pilaje de ropas, campanas que se hallaron en la ranchería, con que olvidaron el daño y perdida pasada, y volbieron contentos aunque con poca comida; y esta fué la segunda entrada que los Españoles hicieron en favor de los Indios de Zebú, y sonaron tanto que pusieron gran terror y espanto en todas estas Islas; y de los travajos que pasaron en esta jornada arriba dicha, luego que llegaron al campo adolecieron la mayor parte dellos que allá fueron, y estuvieron muchos dias enfermos de calenturas y modorra de que murió un Marinero dellos é otro perdió el juycio y estuvo loco muchos dias.
Estando la gente en esta entrada vinieron al Real siete ó ocho moros en una canoa, que el Principal dellos se decia Magomat, que dixeron ser naturales de la Isla de Luzon, é que venia á pedir seguro al Governador para venir á este pueblo é tratar con un Parao que tenia cerca de esta Isla, é que si les tratasen bien harian que viniesen Juncos de Luzon con muchas mercadurias á tratar con los Españoles: El Governador les rescivió muy bien, y les dió seguro para que pudiesen venir á tratar é contratar con ellos, é asi les embió contentos dandoles bonetes de grana y otros rescates, y dende á tres dias volbieron con su Parao, en que traian hierro, cera, porcelanas baxas, mantas de la tierra y algun oro, y arroz, todo lo qual querian trocar á tostones, ó á plata, y dixeron que habian venido por estas Islas á tratar, y que la mayor parte de todo lo que traian havian ya vendido, y que en la Isla de Panay supieron de un Moro que fué á comprar arroz para los Españoles, como estavan en esta Isla de Zebu de paz, y que no hacian mal ni daño á nadie, y que tenian mucha plata y tostones, y que por esto havian venido á ver nuestra manera de contratacion, por que si sintiesen ganancia vendrian muchos Juncos de Luzon é traerian muchas cosas é mercaderias. El Governador les dixo é hizo mucho buen tratamiento y les mandó mostrar todos los rescates de Castilla, sedas, paños, lienzos, hierro, estaño, cobre é cuentas por todo lo demás, y ellos dixeron, que ninguna cosa dellas valia para su tierra, sino era plata, tostones y margaritas, é que por esto darian todo lo que truxesen, y tratando de les comprar oro á trueque de plata y margaritas, dixeron, que darian por seis pesos de plata uno de oro, y al respecto por las margaritas ni mas ni menos, y vinoseles á dar cinco por uno y no quisieron, diciendo que en Butuan otros de su tierra havian comprado á los Españoles seis de plata por uno de oro, y que si los diesen ellos mas varato los reñiria el Capitan de Luzon, y ansi no huvo efecto la compra del oro, y comenzaron á vender su arroz, gallinas, mantas y otras cosas de menudencias á trueque de tostones, é como en el campo havia falta de comida lo compravan tan caro que el Governador mandó, que nadie les comprase sin su licencia; é visto esto los Moros dixeron, que querian bolver á Panay donde estavan dos Juncos de su tierra é que traerian arroz é algunos bastimentos, y el Mahomat Principal dellos con otros dos compañeros, y las mercaderias se quedarian en el Real hasta que bolviesen, y el Governador les dió una casa dende descargaron el hierro y sus mercaderias, y con ellas quedó el Mahomat é otros tres compañeros. El Parao se fué con la demas gente, y quando se quisieron partir vinieron á decir, que darian el oro por la plata uno por cinco, y no quiso el Governador por que el oro era baxo, y les dixo que le diesen por las margaritas uno por cinco, y venido á pesarlas no quisieron tomarlas sino escogidas las mas menudas, y no de las gruesas, por que parece ellos las venden despues por cuenta y no por peso, y como de las menudas havia pocas, se les dixo que tomasen de las unas y de las otras, y estando ya concertados, y que querian pesar ya las Margaritas vino á esternudar uno de los mismos Moros y en el instante que acabó de esternudar dixo que no podian comprar, que así era costumbre entre ellos, y que si lo hiciesen pecarian en ello, y ansi se fueron sin tomar las margaritas. Un daño vino en el campo de la venida de estos Moros que contratavan con los naturales de Zebu, y les persuadieron que por lo que vendiesen á los Españoles les pidiesen todo tostones, é que los tomarian ellos, de suerte que los de Zebu ganasen en ello, y ansi lo hacian, que pescado ni gallinas, ni otra cosa, no querian dar sino les davan tostones, é todos venian á parar en su poder de los Moros, é por todo se disimulava por la falta grande que en el campo havia de comida y bastimentos y por otra parte aprovecharon mucho, por que por via de estos Moros y de otros amigos suyos se proveyó el campo de arroz y comida muchas veces como en adelante se dirá, y este Moro llamado Mahomat nos fué muy buen amigo, y persuadia á otros muchos de los naturales que lo fuesen.
En fin del mes de Septiembre de 1565 años por la falta grande que havia en el campo, que no se comia ni se dava de racion sino un poco de millo sin otra cosa, determinó embiar el Governador al Maestre de Campo y al Capitan Martin de Goyti con cien hombres á buscar bastimentos y comprarlos con rescates que para ello llevasen, é informado de los naturales de Zebu donde se hallarian mejor, les dieron noticia que en una Isla que está enfrente de esta de Zebu á la parte del Poniente, donde dicen que hay Negros ácia un pueblo de Indios que se dice Tanay, donde havia mucho arroz y se podia rescatar, é ansi partieron para allá, llevando por guia ciertos Principales de Zebu, que les enseñasen el pueblo, que estará treinta leguas, poco más ó menos, de este fuerte; yendo para allá costeando esta costa las guias dixeron al Maestre de Campo, que allí junto donde estaban havia un pueblo de enemigos suyos que les hacian mucho daño á los de Zebu y le rogaron que saltase en tierra que tambien hallarian comida, y á su ruego desembarcaron y las guias los llevaron la tierra adentro casi dos leguas á dar en un pueblo donde la gente dél estaba alzada, y hallaron en el pueblo alguna borona, y puercos, y gallinas, y por ser larga la distancia del camino de alli á la mar, para acarrearlo á cuestas, aunque se detuvieron dos dias no se pudo traer sino poca comida. En este pueblo mataron los Indios un Lombardero Español llamado Villafuerte, que se desmandó de la compañia tras un puerco y dió en una emboscada de Indios de donde le alanzearon: desde allí el Maestre de Campo despachó á Don Pedro de Herrera su Alferez al Governador con el Batel y le embió la borona que allí se havia tomado, y él prosiguió su camino á Tanay, y llegado allí, tambien halló el pueblo despoblado é sin gente ninguna, que se havian huido e metido la tierra adentro como lo hacian en todas las partes que llegavan Españoles, y con algun arroz que pudo recoger por las casas, aunque era poco despachó al Real al Alferez general Andrés de Ibarra á dar noticia de lo que pasava al Governador, y él con la demás gente se quedó procurando de hablar á los naturales para los traer de paz á nuestra amistad, é ansi tomó algunos Indios en emboscadas que les puso y dandoles á entender que no les venia á hacer mal ni daño los tornó á soltar embiando á rogar á los Principales que viniesen á verse con él, y que les daria rehenes á toda seguridad para ello, é les pagaria todo el arroz que se les havia tomado, y todo lo mas que de su voluntad quisiesen vender, é no aprovechó, ni quisieron venir, ni los mensajeros tornaron con respuesta; y estuvo mas de quince dias en el pueblo esperandolos sin provecho ni efecto alguno. El Alferez general llegó al campo con un temporal recio de vendavales que duraron mas de ocho dias, y se tuvo en el campo pena, de que el Don Pedro de Herrera corriese riesgo con aquella tormenta, y ansi corrió harto travajo y peligro con aquella tormenta, aunque plugo á Dios llegó á salvamento á donde estava el Maestre de Campo. El Governador tornó á embiar el Alferez general con polvora, mecha y municion al Maestre de Campo, é tornó á arrivar con tormenta, é otra vez le tornó á proveer de comida y le embio. El Maestre de Campo visto lo poco que aprovechava su estada en aquel pueblo intentó á entrar la tierra adentro á buscar algun pueblo, y llegado á otro pueblo le halló despoblado y sin gente ninguna, é ansi bolvió á la mar é porque un Indio que prendieron les dió noticia, que tres leguas de allí en la misma costa en otro rio estava un pueblo que tenia mucha comida, fué allá y entró por el rio arriba de noche, y dió en un poblezuelo antes que amaneciese, y en la primera casa que toparon donde estavan dos Principales se les pusieron en resistencia, que nunca se quisieron dar ni rendirse, y se defendieron algun tanto por causa que llovia mucho y los arcabuzeros no prendian fuego ni hacian efecto, y ansi venian á brazos con los Indios y prendieron al uno y mataron al otro, y ellos hirieron á tres Españoles: prendieron siete ó ocho niños y niñas que havia en la casa, en este medio tiempo toda la mas gente del pueblo se huyó y pasó á la otra parte de un rio donde estava otro poblezuelo á vista dellos; y el Maestre de Campo habló al Indio Principal que tenia preso, que hiciese á los Indios que viniesen á paz que no les haria mal, ni queria mas de contratar con ellos é comprarles comida, é que les soltaria libremente, que viniesen de paz: el Indio les habló á los que estavan de la otra parte del rio, é le dixeron, que se vernian de paz, é luego pasaron cinco Indios dellos á donde estava el Maestre de Campo y hablaron con él y trataron y concertaron que darian quatrocientos sextos de arroz, é para recogerlo é traerlo les esperase tres dias, sin que los Españoles pasasen de la otra parte del rio donde ellos estaban; y el Maestre de Campo se lo prometió y ellos quedaron de cumplillo ansi, é se fueron, é fué cautela con que le engañaron, porque en estos tres dias alzaron é llevaron todo lo que havia en el pueblo sin dexar cosa ninguna, y al cavo de los tres dias no pareció ni quedó Indio, ni los pudieron ver, y aunque el Maestre de Campo y el Capitan Martin de Goyti entendieron la cautela y engaño que les hacian, mas quisieron dexarse engañar que no hacerles mal robandolos é matandolos, que lo pudieron muy bien hacer, porque se viese claramente que no les querian hacer mal ni daño, y por asegurarlos mas, y que el Principal preso entendiese que por culpa de los suyos no le soltavan, é ansi lo conoció él y dixo, que un Indio natural de Bohol que vivia entre ellos los havia engañado, diciéndoles, que no se confiasen de los Españoles ni tuviesen paz ni amistad con ellos, porque despues que los tuviesen de paz á todos juntos los tomarian, é matarian, é robarian sus haciendas, que ansi les havian fecho á ellos en la Isla de Bohol, los Españoles de Maluco, que vinieron allí tres años havia, y que por temor desto no osavan hacer paz, y se havian huydo. Visto esto, el Maestre de Campo determinó volberse con toda su gente y llegó al Real vispera de Todos Santos, é traxo preso al Indio Principal, al qual el Governador mandó soltar luego é le puso en su libertad, dandole á entender como no les queria hacer mal ni daño á los de su tierra, sino tenerlos por amigos y contratar con ellos, y pagarles los bastimentos que les quisiesen vender, y que si queria volber á su tierra le daria una canoa y comida con que se fuese, el qual mostró gran contento de su libertad, que entre ellos no se usa darla sino es dando por rescate toda su hacienda; y dixo, que por consejo de aquel Indio de Bohol no havian osado venir de paz, é que solo él no osaria volber á su tierra, porque en el camino le matarian enemigos suyos que tiene: el Governador dixo, pues que ansi era no tuviese pena que algun dia que los Españoles fuesen ácia allá, le llevarian y le dexarian en su tierra libre, y que entre tanto, que estuviese con él, é se holgase, é que le mandaria dar todo lo que menester hoviese; y el dixo que ansi lo haria, y se holgó dello; y para hacerle mejor tratamiento el Maestre de Campo le llevó á su casa y le hacia todo el regalo posible, y se andava por todo el Real entre los Españoles, y en Zebu entre los naturales, y se holgava mucho, y ansi estuvo muchos dias, hasta que trató con los Principales de Zebu, le llevasen casi hasta la mitad del camino de su tierra donde tenia un pueblo de amigos, y que desde allí le darian recaudo hasta su tierra, y ellos prometieron de llevarle hasta allí, y él pidió licencia al Governador y se la dió y se fué libremente muy contento con dadivas que el Governador le dió.
Estando el Maestre de Campo en esta jornada de Tanay arriba declarada, vino al campo el Parao de Mahomat, Moro, que fué á Panay por arroz como arriba esta dicho, é traeria obra de doscientos quintales de arroz por limpiar, que se partió la mitad á los soldados, y la otra mitad á los Indios de Zebu, que tambien padescian necesidad, en precios moderados, que los Moros ganaron bien é fueron contentos é partieron despues de vendido el arroz para su tierra, prometiendo volber otra vez y traer otras muchas cosas. Con estos Indios Moros embió el Governador a decir al Rey de Luzon, como estava é residia en estas partes é Islas en nombre de S. M. y el deseo que tenia de verle y darle la embaxada que de parte de S. M. traia, é que para esto le rogava le embiase una persona de confianza, ó tuviese por bien él embiase allá Españoles á tractar dello con el mismo Rey, y ellos se ofrecieron que lo harian ansi. Quando este Parao de los Moros vino con el arroz, truxo dos Junquillos pequeños de Venduro que es una Isla que está junto á Luzon, y los toparon por la mar, y diciendo el buen tratamiento que el Governador hacia á los Extrangeros se vinieron con ellos: estos traian hierro, estaño, porcelanas, mantas y algunas telillas y tafetanes de la China, y cosas de olores, y otras buxerias y no traian comida, antes llegaron faltos della, á los quales recivió el Governador con toda benignidad y los regaló y acarició, y procuró de darles todo contento; y aunque los naturales de Zebu le rogaron les tomasen las velas y los timones, por que no se fuesen sin que vendiesen todo lo que traian que es usanza entre ellos, nunca lo quiso hacer antes les dió á entender que cada y quando que quisiesen ir podian libremente para donde quisiesen, de que rescivieron gran contentamiento, y ansi al cavo de ocho dias el uno pidió licencia para ir á la Isla de Bohol y á otras comarcanas á vender sus mercadurias, y pidió al Governador le diese una poliza de seguro para que los Españoles no les hiciesen daño si por allí le topasen, y se le dió en forma, é se fué, é parte del hierro é mercadurias dexó en Zebu, con siete ó ocho Moros encomendandolos al Governador, y que á la vuelta volberia por aqui: el otro se quedó en Zebu vendiendo sus mercadurias, y los Moros de él cada dia venian al Real y contratavan con los Españoles con toda seguridad é familiaridad y compraron de los Indios de Zebu, gallinas, cabras y otras cosas de comida, y lo traian á vender á los Españoles, por la ganancia é interese que sentian, y por la nescesidad que de comida y bastimentos havia en el campo, se sufria aunque fueran más caros en el precio.
Otro dia de Todos los Santos, dia de los difuntos, casi á hora de Misa se encendió fuego en el Real en casa de un soldado, y por mucha y buena diligencia que se puso, se quemaron más de veinte casas, y entre ellas la casa donde dormian los religiosos y la ramada donde se decia Misa, y aunque se salvó la mayor parte de la hacienda, se quemó mucha, y se hurtó alguna ropa, y comida, y ansi esto como la apretura que se ofreció en los aposentos dió harto travajo: no se pudo averiguar si fué echadizo ó descuydo este fuego; los Indios de Zubu acudieron al fuego mucha gente á lo que dellos se vido y pareció era para ayudar, porque venian todos sin armas, pero no se les dió lugar ni consintió que entrasen en el Real, antes se pusieron centinelas, y guardias para que no les dexasen entrar en el Real: el Governador les agradeció la voluntad y ansi se volbieron á su pueblo. Remediados lo mejor que fué posible del daño del fuego, á los religiosos les dió una casa, la mejor y la más comoda á su proposito, y para decir Misa se aderezó de prestado una ramada en que el Governador solia comer, hasta que despues se hizo junto á la casa de los religiosos una Iglesia pajiza en que al presente se dice Misa; los soldados que se les quemaron las casas se repartieron en las de otros camaradas.