Dia 15. A las tres de la mañana marchó nuestra armada, y á distancia de legua y media dimos con un grande estero ó bañado muy pantanoso, que no se podia romper con los caballos: y llegando á un arroyo que pasamos á nado, corrimos mas de una legua, y reconociendo que los indios iban perdidos por una gran niebla que nos sobrevino esta mañana, volvimos á pasar dicho arroyo, caminando al SE, y habiendo salido el sol, atendiendo el Comandante que aquella partida que despachó la noche antes ya habria llegado á la accion, y que oyendo los tiros era natural pensasen los enemigos tenian á todo Buenos Aires sobre sí, y que con este motivo tirasen á huir, dispuso en aquel pronto desparramar en pelotones indios y cristianos. Y con efecto de esta suerte se logró el lance, pues conforme iban huyendo, iban cayendo en las manos de los nuestros; pues fué tal el susto, que yendo un indio enemigo de huida, se encontró con Francisco Almiron, soldado de la compañia de D. Juan Antonio Hernandez, y preguntándole en su idioma, ¿qué á donde iban? le respondió dicho indio, "voy de huida, porque nos han avanzado": á cuya respuesta le enristró la lanza, arrojándole muerto del caballo abajo. Ultimamente, se penetraron todas aquellas breñas, y no hallándose mas indios, se dió órden á que se uniese nuestra gente, porque los indios amigos acudieron al pillage de los animales, que en mi juicio pasaban de 4,000, entre yeguas y potros. Luego se dispuso el que contasen los cuerpos, y se hallaron 102: no se duda el que fuesen mas los muertos, pero como fué tanto el desparramo y los lugares tan escabrosos, no se pudo saber con exactitud esta diligencia. En esta refriega perdimos un hombre. A poco rato le trageron al Comandante dos indios que se tomaron vivos, y haciéndolos examinar por medio de los lenguaraces, declararon lo siguiente:

"Que el Flamenco se hallaba 5 ó 6 leguas distante de aquel parage, con cinco toldos; que este habia bajado á Buenos Aires trayendo una cautiva, y lo que volvió á sus toldos envió recado á los indios Teguelches (á dentro), que engordasen la caballada, que dejaba engañados á los cristianos, y que actualmente se hallaban seis españoles en los toldos de dicho Flamenco, y entre ellos Diego Ortubia, haciendo trato con yerba, tabaco y aguardiente. Que la tarde antes á este avance llegaron dos indios de chasque, enviados del cacique Guayquitipay, avisando á los ya muertos, que nuestra armada habia marchado al rio Muyelec, en seguimiento de ellos, y que no hallándolos, tirabamos hácia la costa del mar: que eramos pocos, que se uniesen y nos acabasen, y que de los dos chasques el uno habia muerto en la sorpresa. Que para que no entendiesen este enigma las cautivas que del cacique Lincon tenian dichos Teguelches, echaron la voz estos chasques que iban huyendo de dicho Guayquitipay, que los queria matar." Hasta aquí lo que declararon, y fueron pasados á cuchillo.

Asimismo se tomaron 11 indias cautivas con sus familias à dichos Teguelches; y el motivo de no haberse tomado mas, fué, porque como dichos indios no estaban de asiento, sino en el servicio de potrero, habian dejado sus familias al otro lado del Rio Colorado, y se tomaron tambien 5 de las 11 que habian cautivado al cacique Lincon, à quien se le entregaron. No se pasó este dia á sorprender al dicho Flamenco, por haberse huido 7 indios, y es natural fuesen à refugiarse á él, y con el aviso huyesen unos y otros; y por estar distante como 5 ó 6 leguas. Concluido lo dicho, nos retiramos á donde estaban nuestras caballadas, y despues de haber comido la gente, y mudado caballos, caminamos atravesando toda la cerrillada, hasta salir de la banda del E de ella: y siendo las cinco de la tarde paramos en una laguna muy grande.

Dia 16. Habiendo caminado de mañana, corriendo la sierra por la banda del E, y siguiendo el rumbo del NE, à mediodia llegamos à parar en un arroyo. Pasada la Sierra del Volcan, y habiendo comido de lo que se habia cazado, seguimos la marcha hasta las 6 de la tarde, y se acampó hasta el dia siguiente. Este campo tiene muchos arroyos, y en ellos hay pescados. Desde el Volcan corre un grande estero ó bañado, caminando retirado de dicha sierra como cuatro leguas al N: habiéndose hecho de jornada como 13 leguas.

Dia 17. Se rompió la marcha siguiendo el mismo rumbo: pasamos cuatro arroyos y paramos en el último, por ser el sol muy fuerte, y habernos llovido de mañana. De aquí se despacharon dos indios de Lepin, de chasques, con cartas del Comandante al teniente D. Francisco Macedo, que se hallaba en la Sierra del Cayrù, para que, siguiendo el arroyo de dicha sierra, se incorporase con nosotros. A cosa de las tres de la tarde caminamos; y á las seis, con corta diferencia, hicimos alto, acampando en la costa de un arroyo, en que se pescaron muchos bagres. Se caminarian este dia 12 leguas, poco mas ó menos.

Dia 18. Marchamos de mañana, y llegamos á hacer mediodia en frente de la Sierra del Tandil; y habiéndose comido, caminamos y llegamos à parar en una laguna á la oracion; no hallando leña para cenar la gente, de lo que se habia cazado. Se caminaria este dia como 14 leguas, antes mas que menos.

Dia 19. Caminamos de mañana, y llegamos despues de mediodia al Arroyo de la Tinta, cuyo arroyo es mediano: tendrà de ancho como 25 varas, nadan los caballos en partes; tiene bancos ò saltos de piedra, sus aguas son muy cristalinas y dulces, mantiene mucho pescado, especialmente truchas en abundancia. Aquí acampamos (habiendo marchado cosa de 10 leguas) por determinar el Comandante echar una partida á correr el campo, por ver si se daba con la toldería del cacique Guayquitipay; y entre las cuatro ó cinco de la tarde llegaron los dos indios que se habian despachado de chasque à D. Francisco Macedo, dándonos aviso de haberlos corrido dos indios armados, y que se habian escapado à uña de caballo, perdiendo lo que llevaban por delante. Luego que el dicho Comandante tuvo esta noticia, mandó llamar los caciques y les dijo, que por ningun pretesto caminaria à parte alguna interin no se juntaba con su gente y carretillas que tenia en el Cairú: y habiendo convenido dichos caciques, quedaron de acuerdo para egecutarlo así el dia siguiente.

Dia 20. A las cinco de la mañana, poco mas ó menos, se rompió la marcha enderezando à la sierra que llaman de Cuello, y sin parar en todo el dia se marchò largo hasta llegar á ella, atravesàndola toda por una abra ò quebrada que corre del E al O: è internados adentro hallamos cuatro indios de Lepin que el cacique Currel enviaba al capitan Lican, con la noticia que el cacique Guayquitipay, en el tiempo que estuvimos internados hácia el Rio Colorado, quiso sorprender las familias de Lincon y demas caciques, convidando para este fin dicho Currel, quien no solo se escusó sino que se separó del dicho Guayquitipay: y ¿qué haciamos que no iba mas à acabarlo? Que yendo à sus toldos nos guiaria à los del dicho Guayquitipay:—hasta aquí dichos chasques. Luego que paramos vino el cacique Lincon, y hablando con el Comandante le dijo, que un dia de camino habia à la Sierra del Cairú á donde estaba la gente y las carretillas, que no convenia el que pasasemos à dicha sierra, porque yendo sabria su gente y los demas la sorpresa que habiamos hecho à los Teguelches, y el avance que pretendiamos hacer á Guayquitipay, que no dudaba tendria este aviso: y así, que le daria un vaqueano, y que enviase la gente que quisiese, con órden que viniese el teniente Macedo con la que tenia el Cairú y carretillas. Y con efecto, habiéndose así egecutado, esta misma tarde despachó el Comandante al alferez D. Gerónimo Gonzalez con 25 hombres para el referido efecto.

Dia 21. Nos mantuvimos en el propio parage aguardando la gente y carretillas, habiendo tenido este dia una gran porcion de agua, truenos y viento, desde las once del dia hasta la oracion. La gente fué à caza y no halló sino algunos avestruces y huevos, aunque escasos, por cuyo motivo no lo pasaron muy bien.

Dia 22. A las nueve del dia llegó un indio, dando razon que venia la gente y carretillas, y que él se habia adelantado para dar esta noticia al cacique Lincon, que no habia habido novedad en la toldería, y que el cacique Alcaluan conducia dos indios presos por parecerle ser espia del cacique Guayquitipay, y que nos traia el mismo Alcaluan ganado para la manutencion. A la una de la tarde llegó la gente, carretillas, ganados è indios, pues vinieron 53 de refuerzo: asimismo vino el cacique Cadupani con sus tres hijos, y habièndoseles dado à la tropa las reces suficientes, yerba y tabaco, quedó contenta, y los dos indios presos se pusieron debajo de guardia, con ánimo de que nos sirviesen de vaqueanos. Esta misma tarde concurrieron los caciques à manifestar al Comandante todas las traiciones que dicho Cadupani y su hijo mayor habian usado, despues que este último se nos ocultó en el Rio de los Sauces para volver à sus toldos, y el primero se volvió del Rio Quequen sin avisar al dicho Comandante: y que en vista de ellas era de parecer se les quitase la vida à todos cuatro; à que respondiò el Comandante que de madrugada se haria esta diligencia.