Dia 23. Estando la gente formada para marchar, dió órden el Comandante al Sargento Mayor, D. Pascual Martinez, que siguiese la marcha, y luego que se traslomase á distancia de media legua, hiciese alto: y quedándose el dicho Comandante con 12 hombres, el cacique Lepin y Lincon, habièndoles dado la órden á estos de lo que habian de egecutar, viendo ya que era hora, sacando un pañuelo blanco del bolsillo, que era la seña, acometieron á dichos indios y los mataron. Y llegando el Comandante con los dichos 12 hombres, donde lo esperaba la armada, mandó juntar á todos los demas caciques, manifestàndoles el hecho, y porque; y que esto mismo dijesen à sus indios, que mientras fuesen leales no se les castigaria: y todos respondieron que estaba bien hecho, que aquellos enemigos tenian menos. Y siguiendo nuestra marcha al N, paramos á la orilla de una laguna, como á las cinco y media de la tarde, habiéndose caminado este dia como 12 leguas.

Dia 24. Habiendo caminado de mañana con la pension del campo malo, por ser todo esteral y bañado con bastante agua, à las doce del dia paramos para que comiese la gente, y à las dos de la tarde comenzamos à seguir nuestra marcha, habiéndose levantado à estas horas una gran tormenta de truenos, relàmpagos y agua, que nos duró toda la tarde, y nos obligó à parar como à las cinco, buscando un albardon, porque todo el campo estaba anegado, por cuya causa nos mantuvimos à caballo. Se caminaron como 11 leguas habiéndose perdido la sierra de vista á mediodia.

Dia 25. Nos amaneciò lloviendo, pues nos duró el temporal 24 horas, en las que nos mantuvimos siempre á caballo, y nos hallamos todos metidos entre el agua: y habiéndose serenado como á las tres de la tarde, fué preciso hacer con el barro como unos altos para hacer fuego, para de este modo poder la gente chamuscar un poco de carne, que con algunas charcadas, aunque escasas, favorecidos del sebo de las reses, se pudo conseguir que tomasemos algun sustento.

Dia 26. Se marchò de mañana, y saliendo à un albardon aquí paramos, dando órden el Comandante se despachase una partida: y con efecto se despacharon cinco indios y siete españoles llevando uno de los indios presos que sirviese de vaqueano, y habiéndola perdido de vista continuó la marcha, comenzándonos à llover hasta la tarde. De la vanguardia divisaron un ginete que iba costeando un arroyo, al que corrieron mas de dos leguas, y habiéndolo tomado lo condujeron al Comandante, y preguntándole de que toldería era, respondiò que de la de Currel, que venia de potrear de las islas, que habia tres meses que faltaba de dichos toldos, y tres dias que los buscaba sin poder dar con ellos; que sus compañeros se habian quedado atras, y que alli cerca tenia sus caballos: y mandàndolos buscar, se hallaron, y nuestros indios dijeron lo conocian que no era indio de sospecha, y siendo ya tarde y estar todos mojados, buscamos un albardon para pasar la noche. En este intermedio llegò un indio de los de la partida, con la noticia que el indio preso habia reconocido donde nos hallabamos: que estabamos cerca; que por la mañana, en almorzando la gente y secàndose, caminàsemos à donde ellos estaban. Este dia se andarian como 9 leguas.

Dia 27. Muy de madrugada se levantò el Comandante, y puesto à caballo encargò generalmente á todos, que esa mañana asasen carne y llevasen fiambre, en la inteligencia que no se habia de hacer fuego hasta no sorprender al cacique Guayquitipay y los suyos. Con esta advertencia marchamos entre ocho ó nueve del dia, con grandìsimo trabajo, por la mucha agua y esteros que no se puede ponderar: y á las dos de la tarde llegamos donde nos esperaba la partida, la que nos dió notica de haber visto algunos animales vacunos, por cuya causa nos paramos hasta las cuatro de la tarde que seguimos. Habiendo salido à una loma, hicimos alto, despachando tres indios que fuesen con gran cuidado á bombear, y trajesen noticia cierta, en cuyo intermedio se dió órden de mudar caballo y estar prontos para lo que se ofreciese. Este dia se caminaría como 8 leguas.

Dia 28. Llegaron los tres indios de madrugada, diciendo habian bombeado esa noche los toldos, pero que les parecia no eran los de Quayquitipay sino los de Currel: que eran sus parciales, que no se les debia hacer daño alguno. Con cuyo motivo se determinò mantenernos en el propio lugar por no ser sentidos, no permitiendo se hiciese fuego en lugar alguno, y que á la noche caminariamos y cercariamos los toldos á fin de que no se escapase alguno, y de ellos se sacarian vaqueanos para que nos condujesen à los toldos de Quayquitipay, para cuya empresa se despacharon dos partidas, y que estas estuviesen con bastante cuidado y nos aguardasen hasta que llegasemos. A las cuatro de la tarde llegó la partida de tres indios, que conducia un indio preso de nacion Teguelche, y siendo examinado por medio de intérpretes dijo: que Guayquitipay lo habia enviado á recoger el ganado que con el temporal se les habia desparramado: que los toldos del dicho Guayquitipay estaban inmediatos: que eran 25, y 15 del cacique Alequete, pero que estos estaban un poco distantes, y que el cacique Currel se habia separado. Con esta noticia mandó el Comandante nos pusiesemos en marcha siendo las seis de de la tarde, y à la oracion llegamos á un arroyo en el que se mudó caballos, y pasándolo á nado, se dejó à sus orillas las caballadas y carretillas al cuidado de 20 hombres, marchando nosotros el resto de la noche hasta ponernos inmediatos á dicha toldería, llevando al indio Teguelche con gran custodia. Luego que este dijo que estabamos muy cerca, despachó el Comandante dos indios del cacique Lincon, à satisfacerse si estaban ó nó los toldos, y viniendo con la noticia que era cierto, y que los indios estaban durmiendo, mandó dicho Comandante sacasen retirado al indio Teguelche y le quitasen la vida. En este rato de dia con el resto de la noche, se caminarian de 6 á 7 leguas.

Dia 29. Luego que nos dispusimos à marchar para hacer el cerco y sorprender la toldería dicha, al mandarlo poner en ejecucion el Comandante, se llegaron á él los caciques amigos y le suplicaron no diese órden de hacer fuego à nuestra gente, despues de cercados los toldos, hasta que ellos avisasen, porque querian sacar muchos parientes y amigos que estaban en dichos toldos. Y habiendo marchado ya que aclaraba, picando los caballos, teniendo la gente en órden y avistando los toldos, fuimos de improviso y los cercamos en forma de media luna, llevando al costado izquierdo, hácia la parte del N, los indios amigos, y al costado derecho nuestra gente de lanza, y en el centro las armas de fuego divididas en cinco mangas de á 10 cada una: mandada la primera por D. José Bagué, la segunda por D. Juan Antonio Hernandez, la tercera por D. Gerónimo Gonzalez, la cuarta por D. Domingo Lorenzo y la quinta por D. Felipe Guelves: pero fué tal el susto que dichos cercados recibieron, que totalmente no sabian lo que se hacian, pues solo el cacique se mostrò en esta ocacion guapo como un Bernardo. Finalmente muriò este, con todos los demas que los indios amigos dijeron no ser sus parciales. Este dia se hubieran muerto sobre 150 indios si no les hubieran servido de asilo los caciques amigos; pero quedó enteramente destrozada esta toldería y nuestros parciales llenos de despojos y de aquellas familias de los muertos, en que no quiso tener parte nuestro Comandante, ni ninguno de los nuestros á fin de no disgustar à dichos indios amigos. Luego que se concluyò, se dió órden á la gente se retirasen à descansar y comer, pues habia 24 horas que no comian, mandando al mismo tiempo dicho Comandante se trajesen las caballadas y carretillas que estaban distantes como cuatro leguas. Entre 11 y 12 del dia llegò un indio ladino, llamado José, de la parcialidad del cacique Lincon, herido, quejàndose al Comandante, que yèndose à pasear á unos toldos inmediatos lo hiriò un indio amigo del cacique muerto, con cuyo motivo mandó dicho Comandante un recado al cacique Lincon, pidiéndole 30 indios armados, los que inmediatamente estuvieron prontos, y haciendo montar 40 hombres de los nuestros, marchamos á aquellas horas en seguimiento de dichos indios, y yéndolos corriendo à distancia de una legua se nos cayó muerto repentinamente del caballo el alferez D. Gerónimo Gonzalez, y habièndole avisado al Comandante, volviò atras, y preguntando que habia sucedido, le respondieron—no es nada: y volviendo à alcanzar su gente, luego que se incorporò con nosotros, mandó se detuviese la que iba adelante pero sin dejar de correr. Y á poco trecho se alcanzaron tres indios y una china, y matándolos se les quitò la caballada, así à estos como à los demas que iban huyendo, de la que se aprovechó nuestra gente: con lo que nos retiramos á nuestro campamento, y unidos marchamos hasta aquel arroyo en donde la noche antes habiamos dejado las caballadas y carretillas, y en donde acampamos hasta el otro dia.

Dia 30. Caminamos, y todos los indios con nosotros, pasando unos grandes esteros muy pantanosos; y á las cinco de la tarde, habiendo salido à un albardon y caminado todo el dia, paramos para hacer aquí noche, y habiendo concurrido todos los caciques amigos, se despidieron del Comandante y demas oficialidad, dicièndonos pretendian retirarse al otro dia de mañana para sus toldos. Lo que oido por el dicho Comandante, les hizo un razonamiento para que condujesen los rehenes ofrecidos en las paces, por el mes de Mayo cuando bajasen á nuestra frontera: lo que ofrecieron harian con gran gusto.

Dia 1.º de Diciembre. Caminamos al rumbo del N muy de mañana, y todos los caciques en vuelta de sus toldos, y llegando nuestra armada à las tres de la tarde al Rio Dulce, fué preciso pasar la gente à nado por estar muy crecido: en cuyo transporte se hubieron de ahogar 3 hombres, à no haberseles acudido inmediatamente à favorecerlos: los que se pudieron libertar, aunque con bastante trabajo. Se dispusieron de algunos cueros pelotas para pasar los cañoncitos, pertrechos y demas equipages, habiendo acaecido el haberse ido á fondo en medio de dicho rio una pelota con siete armas y ropa de la gente de la compañia del Salto, la que no se pudo sacar por ser ya de noche y estar la gente rendida de nadar, y se dejó para el dia venidero.

Dia 2. De mañana se hizo buscar la pelota, y se consiguió el hallaria y sacar todo lo que en ella habia, à excepcion de dos pistolas que no se pudieron hallar. Desde este parage determinó el Comandante despachar al capitan D. Juan Antonio Hernandez, de embajador con los pliegos al Señor Gobernador, de lo acaecido en la expedicion; quien se determinó à caminar con 6 hombres de su compañia. Y puesto en camino à las ocho del dia, tomó el rumbo del N, habiendo pasado dos arroyos à las tres de la tarde; y siguiendo la derrota hasta las doce de la noche, que se viò precisado á parar por haberle sobrevenido una gran tormenta de lluvia, truenos y relàmpagos, y tan oscura, que fué preciso el hacer un círculo para poder sugetar la caballada que llevaban por delante. Y habiéndose serenado á las tres de la mañana, se puso en marcha, llegando al aclarar el dia al Rio Salado, el que halló crecido y pasó el vado á caballo.