Las tradiciones que hay en Chile, de lo que declararon allí dos hombres que salieron de dicho pueblo, á los 30 años de fundado, acreditan que no es fábula, y se conforman con el derrotero de Silvestre Antonio de Roxas. Porque dicen, que habiéndose perdido el navío en la altura de 50 grados, salieron á tierra con lo que pudieron salvar y cargar; y caminaron seis ú ocho dias al nord-este, hasta un parage, donde se asentaron y poblaron, por haber sugetado allí, y rendídoseles mas de tres mil indios con sus familias.

Y suponiéndose, por via de argumento, que declinaron uno y medio grados del polo, quedaron en 48-1/2 de la equinoccial. Buenos Aires está en 34 grados, 36' y 39", la diferencia es 13 grados 53' y 21", que por ser el rumbo de nord-este al sud-oeste, con poca diferencia, viene como un tercio, y habria de distancia 31 grados, leguas poco mas ó menos. Si se atiende á las 48 leguas que Silvestre Antonio de Roxas pone desde el Payen hasta los Césares, caminando de norte á sur, con los 33 grados que refiere hay de Buenos Aires al Payen, no se diferencia mucho de lo que tendrá la mitad del camino, y de lo que aumenta el rumbo del poniente: porque lo demas que cae en las pampas, alejándose del sud-oeste, que es como quien endereza al mismo estrecho, queda del camino de dicho derrotero cerca de la mar, otro tanto cuanto hay por el cabo de San Antonio en la boca del Rio de la Plata.

Tambien se ignora si despues mudaron dichos dos hombres su poblacion mas al nordeste, porque entonces quedarian mas cerca de Buenos Aires de lo que estaban al principio.

Tambien se conforma la distancia que hay desde Mendoza hasta el cerro de Payen, con el viage que hizo al descubrimiento de dicho cerro, el año de 1701, D. Nicolas Francisco de Retoña; siendo corregidor de Mendoza; que los que fueron con él regulaban en menos de 150 leguas algunos, y otros en mas; estando cono está Mendoza al norte de los Césares, distaré 250 leguas de ellos.

En dicho año de 1701, entrando D. Juan de Mayorga á recoger ganado desde la Punta del sur, estando muy tierra adentro, se infiere llegaria hasta cerca de 100 leguas de los Césares. Aseguran en Mendoza, que fué á buscarle un indio de aquellas cercanias, trayéndole dos caballos ensillados á la gineta, y dijo eran de dos caballeros que habian salido de los Césares en busca de españoles, y que los indios de la faccion, de que era cacique, inadvertidamente los habian muerto.

Fuera de otras noticias confusas, que mal explicadas de unos en otros indios, han llegado en varios tiempos á Buenos Aires, este año de 1740, examiné con industria á un indio de los de la Cordillera de Chile, llamado Francisco, á quien los indios, que acá llamamos Césares, habian traido muy muchacho por esclavo. Preguntándole si era de las naciones Peguenches ó Puelches, ó de qué nacion; contestó, que lo sacaron de su tierra tan niño, que no se acuerda; sino que es muy tierra adentro, mas allá de los Peguenches y Puelches, haciendo la seña, como que es á la parte del sueste de los Puelches, y adentro de la Cordillera, que mira á Chiloé, aunque no sabe dar razon de dicho Chiloé.

Pero, preguntado si cerca de su tierra está la de los indios que llaman Césares; respondió, que estaban cerca de allí; pero mas cerca de Buenos Aires. Y preguntado, si en su tierra oyó decir que cerca de los indios Césares habia una poblacion de españoles; contestó, en propios términos, que era cierto que habia españoles, pero que estaban mas acá de los indios Césares, hácia la mar, y que la gente de aquellos parages, inmediatos á los Césares, tienen vacas y caballos, como los españoles de por acá. Añadió dicho indio, que los indios de aquellas partes no quieren que se oiga que hay tales españoles.

Esto indio lo conocí mucho, por haberme servido en el viage á Chile, á fines del año de 1738. Es de natural silencioso y sencillo, verídico en su proceder, y cuando diese tales respuestas de invencion suya, mal podria acaso acertar en circunstancias concordantes con la relacion del dicho Silvestre Antonio de Roxas; ni este, si fuese tan embustero, que hubiese en su fantasia fabricado su relacion tan adecuada á las tradiciones y á la razon que dá el dicho indio Francisco.

Se ha reparado en que Silvestre Antonio de Roxas no expresa en su informe qué modo de cristiandad, uso de sacramentos, y gobierno eclesiástico tienen los españoles Césares, ni qué república y leyes civiles observan; el vestuario y las armas que usan; obrages y otras circunstancias que calla; ni lo que discurren de los otros españoles de estas partes, de que talvez tendrán noticias tan dudosas y confusas como nosotros de ellos. Pero este reparo no me hace fuerza, considerando que dicho Roxas entraria por algun acaso á la tierra y ciudad de los Césares, como indio Peguenche, disimulado de los otros indios, y atendió solo á lo visible, sin detenerse en tales particularidades; y por la relacion tan sencilla que hace en su informe, se advierte que su cuidado se redujo á informar á Su Magestad ser cierto que habia tal ciudad de los Césares españoles.

Muchos, ó los mas creen imposible que sea cierta dicha relacion, arguyendo que de serlo hubieran salido dichos Césares en busca de otros españoles; pero se les responde que no es de maravillar esta omision en ellos, cuando la nuestra es mayor en no haberlos procurado buscar, sabiendo que hay distancia cierta hasta la costa del mar, que corre desde el estrecho de Magallanes hasta la Bahia de San Julian, en cuyo intermedio es preciso que estén, si no es fabulosa su existencia: y que es de persuadirse que los indios sus comarcanos les ponderarian que es imposible llegar por entre naciones bárbaras, y caminos inaccesibles, á abrir comunicaciones con los demas españoles de estos reynos: porque la política de los indios, aunque bárbaros, será engañarlos, para que no haya motivo de que los españoles los conquisten, y descubran las riquezas de que no quieren usar; lo que observan rigurosamente, solo por ocultarlas á los españoles: por conocer que ni dominacion, ni comercio han sido la epidemia de infinidad de indios que habitaban antes las tierras, que al presente tienen pobladas los españoles.