bajo la tierra me escondo.

Esto dijo el gusanillo;

y lo dijo con tal tono,

que el dañino animalejo

quedó aún más ciego de enojo:

fué a replicar, y no pudo;

sintió encendérsele el rostro,

y, murmurando entre dientes,

metióse dentro de un hoyo.

Así en el mundo sucede: