La lechera.
LA LECHERA
Llevaba en la cabeza
una lechera el cántaro al mercado
con aquella presteza,
aquel aire sencillo, aquel agrado,
que va diciendo a todo el que lo advierte:
—¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!
Porque no apetecía
La lechera.
Llevaba en la cabeza
una lechera el cántaro al mercado
con aquella presteza,
aquel aire sencillo, aquel agrado,
que va diciendo a todo el que lo advierte:
—¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!
Porque no apetecía