en comerse el asador.
—¿Le comieron? —No, señor:
Era caso de conciencia.
EL VIEJO Y LA MUERTE[7]
Entre montes por áspero camino,
tropezando con una y otra peña,
iba un Viejo cargado con su leña,
maldiciendo su mísero destino.
Al fin cayó, y viéndose de suerte
que apenas levantarse ya podía,