llamaba con colérica porfía
una, dos y tres veces a la Muerte.
Armada de guadaña en esqueleto
la Parca se le ofrece en aquel punto;
pero el Viejo, temiendo ser difunto,
lleno más de temor que de respeto,
trémulo la decía, y balbuciente:
—Yo... señora... os llamé desesperado;
pero... —Acaba: ¿qué quieres, desdichado?
—Que me carguéis la leña solamente.