a una cabra infeliz que oía amante
balar detrás al hijo, que, inconstante,
marchar junto a la madre no quería.
—¡Necio! —al pastor un sabio le decía—;
al que llevas detrás, ponle delante;
échate el hijo al hombro, y al instante
la madre verás ir tras de la cría.
Tal consejo el pastor creyó sencillo;
cogió la cría y se marchó corriendo
llevando al animal sobre el hatillo.