le previene al descuido que esté alerta
a todo són de puerta. Por estrados
ricamente alfombrados, cañas juegan,
saltan, retozan, bregan y ya hambrientos
entran con pasos lentos la despensa,
adonde, sin ofensa de enemigos,
en dos quesos amigos le sepulta.
De aquí por senda oculta le endereza
a su mayor riqueza, que atesora
una alacena. Agora entre conservas