le dice: —¿Vuestras hierbas, ermitaño,
daros han todo un año tan buen día?
Mirad la gloria mía. ¡Este es banquete
y no el vuestro, pobrete! Al mejor plato
oyen que maulla un gato, habla una puerta.
—¡Ay! ¡Nuestra muerte es cierta! —el cortesano
al ratón aldeano triste exclama.
Turbado se derrama cada uno
por su hueco oportuno. El ratoncillo
agreste halló un portillo a dicha rara,