de suerte que cuando ella
la daba alcance, embutía
ceniza al sabor del hurto
como si fueran mellizas.
Llegó del caso a la muerte;
y el dotor que la asistía
para curarla fingió
que su muerte era precisa
si de ceniza un brasero
no comiese cada día.
de suerte que cuando ella
la daba alcance, embutía
ceniza al sabor del hurto
como si fueran mellizas.
Llegó del caso a la muerte;
y el dotor que la asistía
para curarla fingió
que su muerte era precisa
si de ceniza un brasero
no comiese cada día.