Ella pidió luego a gritos
tan sabrosa medicina.
Trajéronla un gran brasero,
y al comenzar a embestilla,
como ya allí le faltaba
el sabor de prohibida
(que a nuestro ruin apetito
da sazón la culpa misma),
a cada bocado della
la hallaba más desabrida.
Ella pidió luego a gritos
tan sabrosa medicina.
Trajéronla un gran brasero,
y al comenzar a embestilla,
como ya allí le faltaba
el sabor de prohibida
(que a nuestro ruin apetito
da sazón la culpa misma),
a cada bocado della
la hallaba más desabrida.