Viendo que obraba el remedio,
la daba el dotor gran prisa,
diciendo: —Señora, coma,
que eso le importa la vida.
Y ella, harta ya, entre los dedos
repasaba la ceniza,
y a fuer de tomar tabaco
con cada polvo escupía.
Porfiábala el dotor,
y ella, del todo rendida,