dijo: —Señor, yo no puedo;

quítenla allá, muera o viva.

Y desde allí le quedó

tanto horror a la codicia,

que de quince días antes,

pensando que ya venía,

lloraba en Carnestolendas

el miércoles de Ceniza.

(Yo por vos y vos por otro, jornada 1.ª, escena II.)

LA FRUTA PROHIBIDA